Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInShare on TumblrPin on PinterestEmail this to someone

El amateurismo argentino de principios de siglo XX, con equipos básicamente formados por inmigrantes británicos permitió fabricar algunas historias increíbles que vale la pena contar. Una de ellas es la de Winston Coe, lateral derecho con un solo brazo que durante tres partidos jugó como arquero en Barracas Athletic.

Nobleza obliga, nos enteramos de esta historia sab30-05_01a través de una publicación de la cuenta de Twitter @curiosodefutbol.

Todo sucede en 1906. Poco antes del comienzo del campeonato argentino de Primera División, el arquero José Buruca Laforia (el de la foto) pasó al club Alumni. El problema era que Barracas no contaba con otro arquero en el plantel. Frente a la emergencia, el club comenzó a probar jugadores de campo bajo los tres palos.

Cuando llegó el primer duelo, contra Estudiantes de Buenos Aires, se escuchó al entonces lateral derecho, Winston Coe, uno de los socios fundadores del club. Su característica física más distintiva: era manco. Su frase de ocasión resultó espectacular: “Si quieren les doy una mano, dos ya saben que no puedo”.

Cuando llegó el primer duelo, contra Estudiantes de Buenos Aires, se escuchó al entonces lateral derecho, Winston Coe, uno de los socios fundadores del club. Su característica física más distintiva: era manco. Su frase de ocasión resultó espectacular: “Si quieren les doy una mano, dos ya saben que no puedo”.

Así que allá fue el hombre y se dignó a ocupar el puesto más ingrato del fútbol otorgando una desventaja visible.

El partido empezó entre murmullos burlas y ovaciones de los hinchas que habían ido hasta el campo de juego. Y aunque Barracas perdió por 2-1, la gran figura del partido resultó el arquero de un solo brazo.

Al día siguiente, el diario La Prensa publicó: “Muchísimos shots atajó el manco Coe, por lo cual se hizo célebre, pues no es poca virtud desempeñar este puesto en que precisamente se hace uso de las manos, cuando no se posee una. Su modo de parar la pelota, la seguridad y la confianza con la que procede son dignas de elogio”.

Ante semejante actuación, el arquero-lateral de origen irlandés decidió mantenerse en el arco Jugó dos partidos más, ambos resultaron goleadas en contra. La primera fue un duro 11-0 ante Reformer, líder del torneo. La segunda, un 5-0 ante el poderoso Alumni donde había migrado el hombre que le cedió el puesto a Coe.

A pesar de los resultados, el manco se ganó el cariño de los aficionados y de la prensa que a pesar de las goleadas resaltaban: “el resultado hubiera sido catastrófico sin la presencia de Coe”.

La historia de Coe fue muy comentada en la época. Así lo recordaba una de sus tataranietas hace algunos años:

“Él era de origen irlandés. Era hijo del almirante John Halstead Coe, quien vino a Argentina con Guillermo Brown para luchar por la independencia del país. Sé esta historia porque me la solía contar mi abuelo. Y también escuché algo acerca de que tenía un problema en un brazo pero nunca imaginé que había sido arquero”.

Hay otra versión, publicada por el historiador Daniel Balmaceda, que indica que en realidad Coe llegó al arco recién en el duelo ante Reformer, y que lo hizo porque tres de sus compañeros -entre ellos el arquero Wolfredo Diggs- habían perdido el tren que debía llevarlos hasta Campana para disputar el match. En ese caso, serían apenas dos los partidos disputados, pero resultaría difícil de explicar el recorte posterior del diario La Prensa.

En definitiva, elegimos creer la primera versión. De cualquier forma, la aparición de un arquero manco sería una gran historia. Eso sí: no pudimos descubrir cómo perdió el brazo.