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1 – CONDICIONES

Algo que a mí me sobra. Nadie puede enseñar los secretos del arco. Gente de más experiencia puede ayudar a perfeccionar las condiciones naturales, pero esas condiciones ya deben venir con el individuo. Por ejemplo: Marín es un arquero atlético, con reflejos, con potencia física, con manos seguras, pero aprendió muchísimo de Amadeo, Cuando yo vine de Carlos Tejedor sabía todo. Pero no puedo negar que de Amadeo aprendí a pegarle a la pelota, de Cesarini a no salir corriendo frente al delantero que entra, sino salir y pararme para obligarlo a denunciar su intención, y de José Varacka a no tener vergüenza de tirarme al suelo.

con niño3502 – REGULARIDAD

Algo que a mí me falta. Lo reconozco. Ando fenómeno ocho o diez fechas y de pronto pego un bajón. Y si en ese bajón uno regala dos o tres goles, todo lo que hizo anteriormente ya no se tiene en cuenta. El jugador no es una máquina, pero debe tener un nivel de rendimiento. Este año, por ejemplo, empecé muy bien. El público de Gimnasia, que me recibió mal por lo del año pasado, se me volvió a brindar como antes. Pero en los últimos partidos del Metro ya no fui el del comienzo.

3 – SWING

Esa es mi mejor virtud. Atraer al público, impactarlo, llegarle al corazón, entusiasmarlo, trasmitirle que uno entra a la cancha para dar un espectáculo y ser fiel a esa idea. Bonavena o Cassius Clay tienen eso que no se adquiere, que viene con uno. Hace poco fui con Gimnasia a Comodoro Rivadavia. Vinieron tres o cuatro pelotas. No hice nada espectacular. Dos o tres veces que entró un delantero solo le salí al encuentre gritando como si fuera Tarzán. Y el delantero me dejó la pelota. Con eso fue suficiente para que el público se enloqueciera conmigo…

4 – FE

Si yo no tuviera fe ya me habría ido al campo definitivamente. Jugar al arco me aburre. Jugar de centre forward, que es mi sueño, no me dejan. Quisiera no terminar mis días en Gimnasia, que es un club que quiero, pero que no me da el marco que necesito para mostrar todo lo que yo puedo hacer. Boca amaga con llevarme, pero no se decide nunca. Pero igual quiero seguir aquí. No me interesa irme al extranjero. Porque mi sueño es jugar un mundial. Eso es algo único. Yo estuve en el de Inglaterra, y aunque no jugué, de afuera no más sentía la piel de gallina. Y estoy seguro de que voy a ser el arquero del mundial del 74. Para el del 78, aquí, yo tendré 33 años. Voy a estar hecho un pibe. Amadeo era un fenómeno a los 40. Y en el caso del arquero, la edad no tiene importancia, porque el fútbol nace y muere aquí, en la cabeza… Pero ése es otro punto…

5 – HACER TODO FÁCIL

Esto vale para todos los puestos. ¿Vieron a Daniel Onega? ¿Vieren a Madurga? Es claro que hacer todo fácil es muy difícil. Sólo para los que saben un vagón. Porque todo es fácil cuando uno lo pensó antes y se anticipó a la jugada. Por ejemplo: creo que Sánchez anduvo bien en la selección, con personalidad, con reflejos, sin miedo, pero no me gusta su estilo. Generalmente debe intervenir siempre en situaciones difíciles. Y son difíciles porque no las simplificó estando antes en la jugada, resolviéndolas con cuatro o cinco pasos al frente en el momento justo. Lo he dicho otras veces y lo repito: volar es muy lindo, muy lucido. Pero cuando uno vuela seguido es porque no estaba viviendo el partido con todos los sentidos puestos en la jugada…

6 – SER UNO MISMO

No tenerle miedo al qué dirán. No cambiar la personalidad porque un partido nos salió mal o nos hicieron un gol tonto. En los goles siempre hay algo de qué reprocharse. Si uno hiciera todo perfecto todos los partidos saldrían cero a cero. Si mi estilo es jugar adelantado, el temor de que me tiren por arriba no me puede obligar a jugar en la raya. Alguna vez me marcaron el gol pateándome bombeado. Pero, ¿cuántos goles habré salvado por jugar fuera del arco?

7 – ATAJAR

Y de esto conozco bastante, más de lo que muchos imaginan. Es claro; como me ven siempre resolviendo situaciones sin necesidad de volar o de tirarme al suelo, todos creen que no sé hacerlo. Pero velando y tirándome al suelo quiero saber cuántos tienen más reflejos y más agilidad que yo. Lo que pasa es que no me gusta engañar a la gente. No me tiro por tirarme sino por necesidad. Pero cuando es necesario, lo hago a la par de cualquiera. Este año, contra Huracán y Colón de Santa Fe, anduve una barbaridad. Tapando, cortando, volando. Hice la completa. Pero centra Independiente también hice un gran partido sin necesidad de tirarme al suelo.

8 – APRENDER SIEMPRE

Corregir defectos sobre la misma marcha del partido. Tratar de que nunca me marquen dos goles iguales. Y no sólo dentro de una misma tarde sino desde que comienza la carrera de arquero hasta que uno se retire. Cuando a un arquero le hacen dos goles iguales significa que hay una lección sin aprender.

9 – SER MEDIDO POR GENTE QUE SABE

Y en esto tuve las dos experiencias: buena y mala. Porque ya no depende de uno mismo sino del que mira y juzga. Y no siempre se mira con los mismos ojos. Un ejemplo: el primer gol de Brasil, el que marcó Tostao cabeceando en el área chica argentina. Si ese gol me lo hacen a mí o se lo hubieran hecho a Carrizo, nos mataban. ¿Por qué? Porque nosotros somos de salir, de jugar adelantados, de no esperar la jugada sino de resolverla antes. En cambio a Sánchez se le admite porque es arquero de raya del gol. Personalmente, yo no admito que un delantero cabecee sin problemas desde ahí: pelota de área chica es pelota del arquero.

10 – SUERTE

Algo que a veces me ayudó y a veces me dio vuelta la cara. Contra San Lorenzo, en La Plata, yo me hice los dos goles. Pero atajé muchas pelotas difíciles y al final saqué un penal. Prácticamente Heredia me lo tiró al sitio que yo le indiqué. Esa noche salí ovacionado. Pero hay partidos en que llegan dos pelotas, las dos son pelotas de gol, las tengo que ir a buscar adentro, y aunque yo sé positivamente que no tuve ninguna culpa, queda como una mala actuación. Enfrentar a un tipo como Artime es otro caso en el que juega la suerte. Porque frente a un fenómeno como Luis uno está siempre para perder. Es como si llamara a la pelota con el cerebro para que la pelota llegue justo donde está él. La recibe, un puntazo y a otra cosa. Al mismo tiempo, Artime es la gran prueba de que la suerte existe, pero uno tiene que ayudarla siempre.

*Publicado en la revista El Gráfico#2705 – Agosto 1971