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Durante los primeros meses de 1970, la Unión Soviética inició la construcción de una planta de energía atómica destinada a ser la más importante del mundo. La llamaron Vladimir Ilich Lenin, en honor al máximo referente en la historia política de la URSS. Sin embargo, popularmente es conocida como la planta de Chernobil, por la localidad referente en la región norte de la Ucrania actual, ubicada a 15 kilómetros. Al mismo tiempo que puso en marcha el ambicioso proyecto, el Partido Comunista, presidido por Leonid Brézhnev, ordenó la fundación de la ciudad de Prípiat para alojar a los trabajadores de la central nuclear y sus familias.

foto 2 constructorPocas ciudades de la Ucrania soviética gozaron de los lujos que complacían a los habitantes de Prípiat al iniciar la década del ’80, con el primer reactor en marcha desde 1977. Tenían escuelas primarias y secundarias, diferentes hospitales y guarderías, un Palacio de la Cultura, un hotel, un cine, piletas de natación cubiertas, canchas de básquet y de fútbol de salón, escuelas de música y arte, una sala de conciertos, una biblioteca y numerosas tiendas y cafés. Por último, antes incluso de erigir la entrada de material con el nombre de la ciudad del futuro, como les gustaba llamarla en la URSS, una parcela de tierra había sido seleccionada en el bosque para dar vida a un modesto estadio de fútbol.

Al calor de la energía nuclear nacía entonces el equipo de fútbol de Prípiat: FC Constructor. Su nombre nada tuvo de casual, pues existió desde un primer momento la intención de mostrar que la central nuclear venía acompañada de una estructura urbana moderna y vanguardista en el plano de la arquitectura y los servicios. Los trabajadores habían sido convencidos de que la peligrosidad a la que se enfrentaban cotidianamente no era tal, y se permitían ser felices proyectando un futuro allí.

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FC Constructor fue fundado a mediados de los ’70 en Prípiat, óblast (provincia) de Kiev. Creció a 150 kilómetros de uno de los emblemas soviéticos por excelencia en el arte del fútbol: el Dínamo de Kiev. La mayoría de los jugadores que formaron parte de su primer equipo habían practicado el deporte en Chistogalovka, un pequeño pueblo cercano al bosque en que se enclavó el primer estadio. Constructor estuvo íntimamente ligado a la planta de Chernobil; no sólo por su proximidad sino porque prácticamente la totalidad de los que se calzaron los botines tenían trabajos asociados directamente a los reactores nucleares.

En sus primeros años, el equipo no tuvo ambiciones reales en cuanto a la competencia deportiva. Pero eso cambió en 1981, cuando los líderes de la ciudad decidieron que era necesario participar a otro nivel.

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Vasili Trofimovich Kizima era el jefe de construcción de la planta nuclear y de la ciudad en general. No era experto en energía atómica, por lo que en esa materia su calidad de constructor debía someterse a los conocimientos del director de la planta, el ingeniero Viktor Petrovich Briujanov. Por Kizima pasaron las decisiones más importantes en materia de ingeniería civil y diseño arquitectónico de Prípiat. Contó Valentín Litvin, ex capitán del equipo de fútbol, en una nota brindada a la web Discover Chernobyl, que fue el propio Vasili Kizima quien ordenó cimentar las bases de un elenco más competitivo.

El equipo nació desde las palabras de un condecorado héroe socialista: “Tenemos gente en cuatro turnos de trabajo. Nadie se va a relajar en ninguna parte más que yendo a ver fútbol y bebiendo una botella de cerveza”.

Según el futbolista, las palabras del condecorado Héroe del Trabajo Socialista fueron: “Tenemos gente en cuatro turnos de trabajo. Nadie se va a relajar en ninguna parte más que yendo a ver fútbol y bebiendo una botella de cerveza”. El primer paso lo dieron en 1981, cuando contrataron a Anatoliy Shepel como entrenador. Con apenas 31 años y recién retirado del fútbol profesional, el ex goleador de Dínamo de Kiev y Dínamo de Moscú era el hombre indicado para convertir a FC Constructor en un equipo con aspiraciones serias. El nombre de Shepel no pasó desapercibido en la ciudad, pues el delantero había ganado en dos ocasiones la Liga Suprema de la URSS y una vez la Copa Soviética, llegando incluso a representar a la Selección, y se ponía al frente de un proyecto que tenía como objetivo transformar al equipo local en profesional.

“Para jugar a un nivel más alto, hubo jugadores que fueron registrados en la comunidad deportiva, y a los que se les pagaba un sueldo como trabajadores de la central, pero en realidad no trabajaban. Se les llamaba ‘campanillas de invierno’ (en honor a una planta de la zona que florece en invierno)”. Lo contó Litvin, haciendo referencia a los únicos futbolistas del equipo que no trabajaban produciendo energía, sino que llegaron como refuerzos en el invierno de 1981.

Desde ese año, FC Constructor empezó a participar en tres competiciones por temporada: los campeonatos amateur de la región de Kiev, la Copa de Kiev –con sistema eliminatorio- y el torneo de los colectivos de la cultura física –disputado por las unidades básicas en la estructura deportiva de la URSS-. Este último era el más importante, pues el ganador era nombrado campeón nacional, conseguía una plaza para jugar en la segunda división del campeonato Unión Soviética, y de esa manera el colectivo obtenía el carácter de Club Deportivo, convirtiéndose en profesional.

En su primera participación en el certamen de la provincia de Kiev, los de Shepel se quedaron con el título zonal. Superaron a conjuntos como los de las ciudades de Borodianka y Fastiv, que venían de ser los mejores. Y disputaron el campeonato de los colectivos ubicados en la zona 3. Sólo el ganador de cada zona tenía el derecho a jugar las finales por el boleto a segunda. Finalizaron en un noble quinto lugar, por detrás de aquellos a los que acababan de vencer en Kiev.

El segundo año del ex artillero del Dínamo de Moscú como entrenador tuvo un gusto agridulce. Si bien volvió a quedar primero en su región, no pudo salir del último lugar en el certamen más relevante. Así se despidió de Constructor. Aún sin él, los de Prípiat se consagraron tricampeones en la zona, pero no pudieron superar la sexta colocación en los torneos de unidades básicas de 1983 y 1984. La Copa de Kiev, como a lo largo de toda su historia, tampoco llegó a sus manos.

foto 1 constructorPero en 1985 un aire diferente pareció llegar a la ciudad del futuro. Comandados por Valentín Litvin, su joven capitán, encontraron su mejor forma e hicieron delirar a los seguidores, que llenaban las bajas gradas de madera del estadio del bosque, tal cual se ve en la foto durante un partido de ese año ante el equipo de la ciudad de Bila Tservka.

Por el campeonato de colectivos, Constructor goleó estrepitosamente al elenco de Znamianka anotándole 13 goles, un récord en este tipo de campeonatos, como consigna la web rusa Football Top. Los de Prípiat esperaban confiados la definición de la liguilla en la zona 3, siendo el conjunto con más cantidad de goles a favor y mayor diferencia de gol. A pesar de todo, no les alcanzó para superar en la tabla a Petrolero de Akhtyrka, con quienes empataron 1 a 1.

La excelente campaña de 1985 vino acompañada de una noticia deslumbrante para los habitantes de Prípiat: la construcción de un nuevo estadio. Con capacidad para 5.000 espectadores en una moderna grada de material, pista de atletismo asfaltada y un mejor acceso que el anterior, la inauguración se planificó para 1986.

El jefe de construcción de la localidad anunció hilarante la novedad, en medio de un desarrollo urbano e industrial que, a diferencia del resto de la Unión Soviética, no abandonaba la voracidad de los primeros años. Habiendo iniciado las obras para dar vida al reactor nuclear número 5, el ingeniero del Partido Comunista Vasili Kizima pronunció palabras que aún hacen eco en los foros de la web pripyat.com: “El nuevo estadio es tan importante para la ciudad como el nuevo reactor”. El nombre elegido para la arena futbolera fue Avanhard.

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El deporte en la Unión Soviética estaba estructurado en sociedades deportivas voluntarias. 9 de ellas atravesaban toda la URSS y representaban a diferentes sectores de trabajo o sindicatos. Entre éstas se encontraba la SKA, que agrupaba a los militares del Ejército Rojo y dio lugar, entre otras instituciones deportivas, al CSKA de Moscú (Club Deportivo del Ejército Rojo), y la sociedad deportiva Dínamo, cuyos miembros formaban parte de la policía soviética, que cobijó al poderoso FC Dínamo de Kiev. Más allá de estas 9 unidades comunes a la URSS, existían otras 30 propias de las Repúblicas Socialistas Soviéticas –dos por cada una de ellas, que totalizaban 15-. La Ucrania soviética, por ejemplo, contaba con la sociedad deportiva Avanhard.

Avanhard (del francés avant-garde) significa vanguardia. Bajo ese nombre se gestó en 1957 la sociedad deportiva que reuniría a los trabajadores de la construcción y la industria. A veinte años de su nacimiento ya contaba con más de dos millones de deportistas y atletas, habiendo sido algunos de ellos proveedores de medallas olímpicas en favor de la Unión Soviética. El FC Zorya Luhansk, que cayó ante el Feyenoord en la clasificación a la Europa League 2014-15, formaba parte de Avanhard, y su estadio lleva el mismo nombre. A FC Constructor, el representante de Prípiat en el fútbol, el nombre vanguardia le sentaba perfecto.

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Hacia 1986, los líderes soviéticos se deleitaban con la predisposición y los logros de los trabajadores de la planta nuclear de Chernobil. Prípiat había alcanzado los 43 mil habitantes, contra los 10 mil iniciales que habían llegado desde Kiev a principios de los ‘70. Con cuatro reactores en funcionamiento, uno más en construcción y un sexto planificado, la Unión Soviética le mostraba al mundo su poder en forma de energía atómica. No había más que palabras y muestras de agradecimiento a los que diariamente hacían funcionar la central. Buscaron premiarlos con obras para la distracción y el entretenimiento, una constante desde la fundación de la ciudad.

1 de mayo de 1986, Día Internacional del Trabajador. Ese era el día indicado para agasajar al pueblo. El Partido Comunista tenía preparada una celebración para inaugurar el moderno estadio Avanhard y, a escasos metros, un lindo parque de diversiones que incluía la característica atracción “vuelta al mundo”, un verdadero símbolo de la abundancia. La expectativa crecía y los niños tachaban los días en el calendario, al igual que los futbolistas y seguidores de FC Constructor. Pero lo que no formaba parte del inconsciente colectivo era la alarmante falta de seguridad en la planta nuclear. Tampoco los accidentes que sufrieron los trabajadores en los primeros meses post-inauguración, por la escasez de controles. No tuvo repercusión la veintena de cierres de emergencia que tuvieron que efectuar en la estación para evitar una catástrofe. Envolvieron en un manto de silencio las graves consecuencias del accidente de septiembre de 1982, cuando el primer reactor sufrió una ruptura que fue posteriormente subsanada en absoluta reserva. Mantuvieron en secreto el informe de 1984 que indicaba que los reactores nº 1 y 2 eran inseguros por filtraciones de radiación. En cambio, la gente seguía sonriendo y los hinchas de Constructor disfrutaban del triunfo de su equipo por los cuartos de final del certamen provincial de Kiev.

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El sábado 26 de abril de 1986 Prípiat amaneció con una temperatura más que agradable. Las madres llevaban a sus hijos a las plazas para jugar a la pelota y disfrutar en familia del momento más próspero de la ciudad, con un ojo puesto en el sábado, el día de los obsequios.

Dice Valentín Litvin sobre aquella mañana: “Eran las 9. Aún no había tráfico. Pero me encontré con muchos policías. Les pregunté qué había sucedido, por qué estaban allí, aunque ellos no sabían. Entonces crucé el puente y me dirigí al estadio. El viejo estadio era bonito, hermoso. En el camino vi que había un montón de gente con chicos, iban todos a dar un paseo. La carretera estaba regada, había sido rociada. Luego Anyukhina, el segundo entrenador, dijo que en el estadio había aterrizado un helicóptero. Llamaron de la base y dijeron que no jugáramos”.

foto 4 avanhardLa primavera había hecho florecer la potencia devastadora de la energía atómica. Una prueba de seguridad en el reactor número 4 de la planta terminó ocasionando una explosión en el núcleo de éste que le hizo volar el techo. Se produjo entonces un violento incendio que acompañó la salida de gases altamente contaminantes. La radioactividad comenzaba a ganar su batalla ante un manejo sumamente irresponsable de la energía. La falta de un edificio de contención de acero u hormigón para encerrar el reactor permitió que se desatara la catástrofe nuclear más grande en la historia de la humanidad.

“Durante el 26 de abril, Viktor Briujanov, el director de la planta, se dedicó a confundir a todos declarando que el nivel de radiación en la ciudad era normal”, declaró el presidente del Comité Ejecutivo Urbano del Partido Comunista en Prípiat, Vladimir Voloshko, según el libro La verdad sobre Chernobil, de Grigori Medvédev. Allí Vasili Kizima, el constructor de Prípiat, es descripto como “una persona intrépida y valiente”. Dice de él: “Dijo que había estado ya varias veces allí durante la mañana para comprobar si no se trataba de un espejismo. Pero resultaba que no era un espejismo. Incluso se pellizcó un par de veces. Dijo que del imbécil de Briujanov no esperaba otra cosa. Eso, según Kizima, debía suceder, tarde o temprano”. Víctor Briujanov fue condenado a diez años de cárcel junto a dos de sus colaboradores, acusados de errores técnicos y señalados por haber ocultado información tras el incidente. Para Mihail Gorbachov, el Secretario General del Partido Comunista en la URSS desde 1985, los castigos con nombre y apellido fueron el traje perfecto para vestir a la impunidad en la cúpula soviética.

El desastre se mantuvo bajo hermetismo por más de un día. En parte porque Briujanov no se atrevía a reconocer a los líderes de Kiev los altos niveles de radiación que ya emanaban tras la explosión. Pero también por la decisión de las autoridades de la URSS de no aceptar semejante desgracia. Como consecuencia, los pobladores de Prípiat fueron evacuados recién 36 horas después del accidente.

Las consecuencias son imposibles de medir con exactitud pero, según un informe de la Organización Mundial de la Salud, además de los 31 muertos en las primeras horas y los 15 niños que fallecieron a causa de cáncer de tiroides, el número total de víctimas de la radiación podría llegar incluso a 9 mil. Entre los enfermos se cuenta a Vasili Kizima, el ideador del nuevo estadio de FC Constructor, en el que jamás se jugará un partido de fútbol. Quien fuera diputado del Soviet Supremo y dos veces premiado con la Órden de Lenin –una de las condecoraciones más prestigiosas de la época-, ahora vive en Kiev, jubilado por discapacidad.

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foto 5 avanhardCon la ciudad del futuro convertida en una ciudad fantasma, las autoridades de la URSS eligieron rápidamente a un nuevo director de la central nuclear de Chernobil y anunciaron la fundación de Slavutich. A apenas 45 kilómetros de Prípiat, la nueva localidad se creó en tiempo récord, como era costumbre, y con el mismo fin que su antecesora. Ni siquiera el desastre más nocivo en materia radioactiva pudo impedir que muchos trabajadores de planta se mudaran con sus familias a esta ciudad entre los últimos meses de 1986 y los primeros de 1987.

Entre los primeros moradores de Slavutich había jugadores de FC Constructor. Así fue como el equipo se quitó la palabra Prípiat del nombre y acompañó el destino de los trabajadores que habían ocupado sus filas y festejado cada uno de sus goles en el pasado reciente. Constructor siguió adelante como si nada hubiese ocurrido, y hasta jugó el campeonato de colectivos de cultura física de 1987. Buscando el salto al profesionalismo -el objetivo que se habían trazado en su verdadera casa-, salieron terceros ese año, la mejor posición después del certamen de 1986.

En 1988, una humilde octava posición entre 12 equipos marcó la despedida de Constructor. El equipo se disolvió, aceptando que las cartas estaban echadas desde que la desgracia los condenó al exilio.

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Para muchos de los viejos habitantes de Prípiat, FC Constructor será siempre el objeto de un sueño trunco. Ya lejos en tiempo y espacio de las contaminadas tribunas del estadio del bosque, jugarán a inventar destinos distintos para una historia cercenada por la catástrofe. Imaginarán el primer disparo que se atreva a inflar la red en el nuevo Avanhard. O festejarán y se abrazarán por un triunfo ante el Dínamo de Kiev que nunca ha de ocurrir.

Pero cuando el universo de las fantasías se agote, entonces tendrán que pensar en Constructor como mucho más que un equipo de fútbol. Lo recordarán como un medio más para el sometimiento de su pueblo. Pan y circo en versión soviética.