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La batalla más sanguinaria de la historia de la humanidad terminó con un partido de fútbol. Entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943 se desarrolló la Batalla de Stalingrado, entre el Ejército rojo de la Unión Soviética y la Wehrmacht (fuerzas armadas nazis). Más de dos millones de muertos dejó el enfrentamiento que selló el destino de la Segunda Guerra Mundial y decretó el principio del fin para la Alemania de Adolf Hitler.

La ciudad de Stalingrado (actual Volgogrado, subsede de la Copa del Mundo 2018) terminó destruida. Según una interesante nota del portal Grada Roja, la restauración de la ciudad fue una tarea ardua y constante. Además de reconstruir casi en su totalidad la infraestructura también sería necesario reconstruir la moral de sus pobladores. Ahí es cuando entra en escena el fútbol.

Belikov Stalingrado partido ruinasLos dos estadios más importantes de la ciudad estaban en ruinas, pero uno ubicado en el sur aún podía ser utilizado. El primer entrenamiento de los futbolistas no fue con pelota, sino con palas para rellenar los huecos que habían dejado las bombas en el campo de juego. Jugadores de Traktor y de Dínamo, el otro equipo de la ciudad, comenzaron a preparar el encuentro frente al gigante de la capital Spartak Moscú, que fue contactado por el mismísimo comisario del pueblo Vasily Snogov. “¿Saben lo que esto representa camaradas?”, les dijo en el Kremlin antes de emprender el viaje.

El 2 de mayo de 1943, solo tres meses después del final de la batalla, se disputó el encuentro. En un estadio con capacidad para tres mil personas, diez mil hinchas presenciaron uno de los partidos de fútbol más importantes de la historia de Rusia. Antes del comienzo del juego, Vasili Ermasov recibió la Orden de la Estrella Roja por su valioso aporte al deporte y la política soviética.

La pelota fue arrojada desde un avión caza y las reverencias entre los rivales continuaron hasta el pitazo inicial, Después, fue un duelo futbolístico sin amistades ni camaradería. Ambos equipos jugaron en serio y el combinado local, llamado Dínamo para la ocasión, logró una sorprendente victoria 1-0 gracias al gol de Alekxander Moiseyev. Al final del cotejo, los futbolistas se abrazaron y se tiraron en el piso. No tenían fuerzas ni para regresar al vestuario.

Hoy, Volgogrado es una ciudad moderna y logró dejar atrás los horrores de la Guerra. En su reconstrucción mucho tiene que ver el fútbol, por eso recibirá con especial placer la Copa del Mundo el próximo año.