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En 1953, meses después de la muerte de Stalin, muchas cosas eran posibles en la Unión Soviética. Muchas cosas menos una: Que la liga de fútbol la ganara un equipo de Georgia, la patria de Iosef, y un equipo vinculados a las fuerzas de seguridad, que habían estado en manos del también georgiano, Lavrenti Beria.

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“Dinamo Tiflis tenía la liga en la mano, pero el Kremlin se lo arrebató”, sentencia un reporte de Misha Vignanski para la agencia EFE. “La decisión de evitar que el Dinamo se proclamara campeón la tomó personalmente el líder del partido, Nikita Jruschov”, le dijo al periodista el historiador georgiano Demiko Loladze. Jruschov, añade el cable, “no podía permitir que un equipo de fútbol echara a perder su campaña contra ‘el culto a la personalidad de Stalin'”.

Murtaz_Khurcilava

La liga soviética de 1953 comenzó en abril, con un mes de retraso por la muerte del líder de la URSS a principios de marzo. Debían participar doce equipos pero solo once terminaron la competencia. Moskovskiy Voyennyi Okrug, alias MVO Moscú, que era manejado por Vasily, el hijo de Stalin, fue disuelto cuando se jugaba la séptima fecha. Su mecenas había sido encarcelado.

Dentro de las canchas, se esperaba, como siempre, una reñida pelea por el título entre los equipos de Moscú, que terminaría ganando Spartak, como había ocurrido en las últimas tres ediciones. Pero Dinamo Tiflis decidió romper con esa lógica. “Teníamos un gran equipo. Jugábamos un fútbol muy bonito, técnico y ofensivo”, recuerda Mijaíl Dzhodzhua, uno de sus delanteros.

Dinamo llegó a la última fecha, en septiembre se cumplirán 65 años, empatado en la cima con Spartak y con chances de ser campeón por primera vez. Visitaba, en Moscú, a Torpedo que marchaba tercero, ya sin opciones de campeonar. Los georgianos consiguieron una esforzada victoria, por 2-1, en un duelo que terminó con incidentes. Cientos de hinchas locales invadieron el campo de juego para protestar por el arbitraje, decían que les habían negado un penal legítimo y que uno de los goles de Dinamo había sido en offisde.

Si Spartak no vencía a Zenit los georgianos serían campeones. A lo sumo, se había asegurado jugar una final para desempatar el título. Por eso, tras la victoria ante Torpedo, los jugadores se fueron a un restaurant a festejar. “Prácticamente, estaban celebrando el título”, comentó Vladímir Barkaya, exjugador de Dinamo y de la selección soviética. Pero estaban descorchando antes de tiempo.

Mientras brindaban, se enteraron que el partido sería anulado. “Los jugadores del Dinamo comprendían que les estaban quitando la victoria y que colocarían al Spartak en primer lugar. No pudieron contener las lágrimas. Fue una decisión política del Kremlin. En el partido de revancha salió todo mal. Los jugadores ya no tenían ganas de jugar”, agrega Barkaya. Por el discutido arbitraje y los disturbios, la Federación resolvió que Torpedo y Dinamo repitieran su duelo. Esa vez, Dinamo cayó 1-4 y el título fue para Spartak, que había ganado.

campeon

Durante el juego, los hinchas moscovitas les gritaban “berievtsi” (beriatas), haciéndolos responsables del despiadado ministro georgiano. Beria era fanático del fútbol. Además de haber jugado, de joven, en Dinamo de Tiflis, desde su ministerio apoyaba a todos los Dinamos de la liga soviética, en especial el de Moscú. Pero para entonces, ya había perdido su influencia. Llevaba varios meses encarcelado y sería fusilado en diciembre de ese año. “Se vengaron contra los georgianos por Stalin y Beria”, agrega Lopadze. El árbitro, recuerda, el moscovita Nikolái Latishev, le dijo al técnico del Dinamo que nunca ganarían ese partido.

Recién en 1964, cuando Jruschov fue desplazado, Dinamo Tiflis logró ser campeón por primera vez. Como la justicia poética existe, los georgianos le ganaron la final a Torpedo, por 4-1, y celebraron un título que esperaron durante once años. Esa vez, no hubo muerte ni decisión política que pudiera evitarlo.