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Si bien las contradicciones, los cambios de planes y las idas y vueltas se convirtieron a lo largo de su carrera en la marca registrada del “estilo Maradona”, hoy resultan curiosas, por su candor, las sentidas declaraciones que Diego hiciera al periodista Guillermo Blanco en el avión que los traía de regreso a Buenos Aires tras la gira de Boca por Costa de Marfil en 1981. Transcribimos a continuación los párrafos más salientes de aquella charla en la que Diego hacía una balance de su vida y fantaseaba con un futuro ideal. Una auténtica utopía maradoniana, cuando el hombre tenía apenas veinte años:

Diego pasillo“Quiero dejar el fútbol, lo maduré durante la gira, lo hablé con papá, con Jorge (Cysterpiller), en la pieza con Miguel (Brindisi)… yo así no quiero seguir más. Quiero que la gente se olvide de Maradona, que los diarios no hablen más. Por lo que dicen alguno de esos periodistas, papá después tiene que soportar muchos insultos, a mí me gritan por la calle… No sé. El último invento fue eso del yate. Salieron a decir que me había comprado uno. Vino el Lalo, mi hermano, y me lo preguntó. Le contesté que no y me respondió: ¡Cómo que no, si acá dice hasta el nombre del tipo que lo va a cuidar! Agarré el diario y decía eso. Otra cosa que publican es que me van a meter preso los de impositiva.”

“El Mundial (1982) ya no me obsesiona. Yo quería el de 1978 y no lo tuve. A veces escucho que tengo que hacer 1.000 goles como Pelé, y no lo entiendo. ¿Eso me va a dar paz y tranquilidad? ¿Me va a permitir andar sin problemas por la calle?”

“Sinceramente, si con esto no perjudico a los que me rodean, quiero dejar. Abandonar no, porque el fútbol es parte de mi vida y los voy a seguir jugando hasta que me muera. ¿Sabés cuál es mi sueño en este momento? Jugar un partido con pibes, en un estadio lleno de pibes, con porteros que sean pibes. Ni periodistas ni grandes…nada: sólo pibes. También hacer picados con el Turquito, el Lalo y sus compañeros de colegio. Quiero subir a un colectivo, andar y andar sin apuro. Como cuando iba en el 49 desde Nueva Pompeya hasta Las Malvinas. No me importaría vender el BMW o el Mercedes para comprar un 125…Te juro: cambio todo por la tranquilidad de ellos (Diego señala a Pasucci y a Escudero que caminan por los pasillos del avión sin que nadie los acose). Cambio todo, la fama, los autos, todo por la tranquilidad.”

Por suerte -al menos para nosotros- a Diego no le fue dado cumplir esos sueños, ni lograr esa calma.