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La teoría futbolera que señala que los futbolistas de pies pequeños tienen mayor precisión y potencia al impactar la pelota parece confirmarse en el caso de Roberto Carlos.

El lateral brasileño usaba botines 38 y medio, más chicos que los que utilizaron Pelé y Maradona que calzaban 39. Si ese detalle tiene que ver o no con el efecto que logró imprimirle a la pelota en aquel  famoso gol de tiro libre que le marcó a Francia, jugando para Brasil en un amistoso jugado en Paris en la antesala del Mundial 98, no lo sabemos.

Pero lo cierto es que la parábola que describió el balón en su largo recorrido de 35 metros pareció desafiar las leyes de la física.  Después de tomar una larguísima carrera, Roberto Carlos impactó la pelota con la cara externa de su zurda con una potencia inusitada.  Pareció apuntarle al banderín del corner, pero después de pasar por la izquierda de la barrera la pelota comenzó a cerrarse buscando el arco. Atónito, Fabien Barthez recién la vio cuando pegaba en el palo -detalle que embelleció notablemente la conquista- y se desviaba hacia la red…

“Mucha gente me pregunta cómo fui capaz de hacer el famoso gol contra Francia en el 97. No hay secreto, no tuve dudas, miré donde tenía que rematar y después no cambié de opinión. Creo que Dios también me ayudó, el viento empujó el balón, yo tenía tiempo de ver cómo iba la situación. Ese día todo fue como yo quería”.