Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInShare on TumblrPin on PinterestEmail this to someone

finalEl 13 de noviembre de 1991, Dinamarca quedó eliminada de la Eurocopa 1992. Sólo 223 días después de aquella triste tarde, la misma Selección que lloró la derrota, se coronó campeona de la Euro. No hace falta ser un genio de la cinematografía para darse cuenta de que esta extraordinaria historia tenía todos los condimentos para convertirse en una película. Lo que sí no es tan simple es hacer un filme del nivel de “Verano del 92”, del director danés Kasper Barfoed.

El título homenajea a “Verano del 42”, un drama de 1971 dirigido por Robert Mulligan. Sin embargo, la pieza danesa puede catalogarse como una comedia. Aunque también es mucho más que eso. Es la historia de un grupo de hombres que tuvo una segunda oportunidad y la supo aprovechar. Lograron corregir los errores, dejaron atrás los fantasmas del pasado y se convirtieron en leyendas para su pueblo. Todo lo que ocurrió en esos siete meses, lo bueno y lo malo, fue lo que los llevó a levantar uno de los trofeos más importante del fútbol mundial.

La historia es conocida por todo futbolero. Dinamarca, la misma Selección que había deslumbrado en la Copa del Mundo de México 1986 no logró clasificar ni para Italia 1990 ni para la Euro de Suecia 1992. Sin embargo, un golpe de suerte (y una guerra) la depositó en el torneo europeo y la obligó a interrumpir las vacaciones de sus jugadores y cuerpo técnico. La película, que se puede ver on demand, cuenta lo ocurrido entre el comienzo de las Eliminatorias para la Eurocopa y la final de la misma.

aficheEl protagonista es Richard Møller Nielsen, el entrenador del equipo. Interpretado de gran manera por Ulrich Thomsen, el personaje lucha contra la dirigencia, los futbolistas díscolos, el pasado reciente y, sobre todo, sus propias limitaciones. Tras ser entrenador de las Selecciones juveniles por más de diez años y ayudante de campo del histórico Sepp Piontek, Møller se hizo cargo del Seleccionado mayor justo antes de la clasificación para la Euro de Suecia 1992.

Con frialdad escandinava, el héroe de la historia comienza con un sueño imposible: dar la vuelta olímpica en Gotemburgo. La idea es tan utópica que ni siquiera es capaz de transmitirla a los dirigentes, que primero buscan a un extranjero para reemplazar al alemán Piontek y, ante la negativa de Horst Wohlers, deciden quedarse con el “malo conocido”.

Hasta los últimos dos partidos de la Euro, Thomsen encarna a un Møller frío, calculador y distante. Un DT incapaz de motivar a sus jugadores. “Juegan ante 40.000 espectadores y con la camiseta de su país. ¿Necesitan que yo les hable para motivarse?”, se pregunta ante la pobre actuación de sus estrellas, los hermanos Michael y Brian Laudrup. Ambos actores son muy parecidos físicamente a los ídolos daneses e incluso muestran buen manejo del balón en las escenas de entrenamiento y partido. Esto es fundamental para darle realismo a dichos momentos, algo que no siempre sucede en las películas sobre fútbol.

La película muestra los partidos con una mezcla de imágenes de la ficción y de la realidad, un recurso muy bien utilizado. Por ejemplo, la definición por penales de las semifinales contra Holanda es, realmente, espectacular.

Justo antes de dicha victoria, el entrenador decide cambiar su manera de relacionarse con los jugadores y esa metamorfosis es una de las principales razones del éxito. El DT aprende. Deja atrás su apatía y decide llevarlos a distraerse a un mini golf y a un McDonald’s. Además, pone en funcionamiento un plan que Dinamarca siguió durante muchos años: la posibilidad de que los futbolistas compartan las habitaciones con sus esposas o novias.

hijaLos momentos de humor son protagonizados por el propio Møller y su incapacidad para comunicarse con fluidez y por John Faxe Jensen, una especie de bufón del equipo. Es el mediocampista rústico que practica tiros libres como si fuera un amateur pero que cuando tiene su oportunidad en la final europea convierte un golazo impresionante. En tanto, el dramatismo se lo otorga la historia real de Kim Vilfort, quien tuvo que abandonar la concentración para acompañar a su pequeña hija en la lucha contra la leucemia. “Le prometí a mi hija que ganaríamos”, dice antes de la gran final.

La música acompaña muy bien y la épica está muy bien expresada, sin exageraciones. En los últimos dos encuentros se puede apreciar un gran cambio en la conducción, que termina de llevar a la gloria a un Seleccionado sólo regular. Antes de la semi, Møller le dice a Brian Laudrup: “Vi 7176 partidos en vivo en mi vida y no dudaría en afirmar que sos el mejor futbolista que vi. En esta semifinal quiero que juegues de la manera que mejor te sientas. Hoy tú te encargas de todo”. Aquel DT incapaz de motivar y apegado a la táctica antes que a cualquier otro aspecto del juego comprendió que debía darle libertad a su estrella para que todos sus planes cobren sentido.

Algo similar sucede antes de la gran final contra Alemania. “Ya me escucharon hablar de tácticas, estrategias, marcas, contraataques. Ustedes ya lo conocen. Por eso, hoy quiero decirles algo: olvidense de eso. Lo único que les pido hoy es que dejen que fluya. Y les prometo que mañana serán los campeones de Europa”. Contar el final no es un spoiler. Dinamarca, esa Selección que comenzó con dudas y con derrotas, dio uno de los batacazos más grandes de todos los tiempos. Y todo gracias a un entrenador que supo cuándo debía dejar volar a sus jugadores.