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Pasiones Unidas (United Passions, 2014) confirma lo que siempre pensamos, a la FIFA lo único que le importa es el poder y la plata. La película sobre la historia de la multinacional de Zúrich, pensada para promocionar a la entidad y revertir su persistente mala imagen a nivel global, no sólo es mala sino que además hace lo contrario a lo que se propone. Todo un logro.

El film fue presentado en mayo en Cannes, poco antes del Mundial de Brasil. En público, FIFA dijo que se trata de una película “abierta, autocrítica y muy disfrutable”. Pero se ve que alguien la vio entera y decidieron cajonearlo todo lo posible, quizás para evitar un fracaso previsible. Hasta ahora se estrenó apenas en siete países -sólo en Ucrania antes de la Copa del Mundo- y en muchas naciones, como en Francia, pasó directo al DVD.

10367713_665534533526653_3697842530857121536_nLa película, que se puede ver online acá, costó 31 millones de dólares y recaudó apenas 200 mil billetes verdes -el tráiler en Youtube se vio más que el film-. La Federación financió casi 90% de la producción. Es decir, puso 27 millones, lo mismo que gastó en 2013 para programas de desarrollo en los países más pobres, para filmar una película que muestra que la FIFA es buena, que Blatter es su salvador, y que promociona el deporte en los países más pobres e incluye a las mujeres. Para tener una referencia de la magnitud del fiasco, Relatos Salvajes, la película argentina del año, costó poco más de 3 millones y en un par de meses recaudó casi 16 millones de dólares.

No queremos entrar demasiado en detalles, es tan mala que hay que verla, pero podemos explicar el fracaso de la película en unos pocos aspectos. El más importante es la historia. Intentar recopilar los mundiales de fútbol desde el punto de vista de los directivos del fútbol es un despropósito que se paga con salas vacías. El guión, que fue revisado y modificado por el propio Blatter, hace agua por todos lados. Hay repeticiones, contradicciones, baches, escenas incomprensibles y nada de acción. Sólo señores en traje que se reúnen para discutir sobre plata y poder, y muy de vez en cuando, vemos una pelota o una copa. Después están los efectos, que la mayor parte de las veces fallan. La sensación siempre es que un decorado de cartón está a punto de caerse sobre alguien. Y también las actuaciones. En general, mecanizadas y carentes de matices. Burocráticas para hacer de burócratas.

Pero más allá de todo esto, hay algunos aciertos involuntarios. Con algo de esquizofrenia, la película funciona a menudo como una confesión de los instintos más bajos de la lógica que impera en la FIFA desde sus inicios. El relato intercala un picado en un potrero cualquiera, el fútbol en estado puro, chicos y chicas corriendo atrás de una pelota, con la cronología de una Federación que nació, de forma manifiesta, para monopolizar las reglas del fútbol en todo el mundo.

Y siempre con los mismos métodos. Comenzamos al inicio del siglo XX, un grupo de europeos crea la FIFA y va a Inglaterra para sumar al proyecto a la Federación inglesa, que ya tenía varias décadas de existencia. La propuesta para los ingleses -los malos de la película todo el tiempo- es simple, queremos que se sumen, hasta les damos la presidencia. Pero si no aceptan los vamos a prohibir de todos los partidos y torneos internacionales. La extorsión, entonces no funciona, pero el método seguirá vigente.

 Con algo de esquizofrenia, la película funciona a menudo como una confesión de los instintos más bajos de la lógica que impera en la FIFA desde sus inicios.

El cuento avanza. Vamos a la París de los años 20’. La FIFA tiene a su tercer presidente, Jules Rimet, encarnado por el mercenario actor ruso de Gerard Depardieu -renunció a su ciudadanía francesa para pagar menos impuestos en Moscú-. Depardieu, el único actor que estuvo con Blatter en Cannes para presentar el film, representa al idealista francés que inventó los mundiales. En este retrato es el bonachón que salva a una FIFA pobre de su extinción apretando cualquier mano que le acerque una moneda.

Primero es Uruguay. Rimet se reúne con un embajador uruguayo que le ofrece el dinero para hacer la Copa. “¿Nos va a dar un porcentaje de cada ticket que se venda?”, pregunta primero el presidente. Las prioridades de FIFA siempre fueron las mismas. Está todo acordado, pero en otra escena vemos que hay una “votación” para elegir la sede. La formalidad ante todo.

10342906_666042833475823_1575550982524988941_nDespués es la Italia de Mussolini. En 1931, FIFA vuelve a estar al borde de la quiebra -¿culpa de judíos especuladores se menciona al pasar?- y con el dinero del Duce se arma el segundo Mundial. Rimet tiene su escena en contra del nazismo y del fascismo, pero nunca se explica porqué hicieron la Copa de 1934 con Mussolini. La preocupación unos años después es la guerra que se avecina. “No tenemos nada que temer -dice un directivo de FIFA-, ahora nuestra sede está en Zúrich”. Otro completa la frase: “Gracias a Dios, Suiza es neutral”. La bóveda está a salvo.

Después del Maracanazo, la única escena futbolística que la película recrea -todo lo demás es imagen de archivo-, termina la era Rimet y nos metemos en el mundo de Havelange, personificado por Sam Neill. El brasileño, cuenta la película, gana la presidencia negociando los votos de los países africanos con la promesa de darles más cupos en los próximos torneos. “Adoro la democracia”, le dice el directivo africano con el que interactúa. La rosca no era nueva, obvio, pero con Joao parece tomar otro vuelo. Primer momento Grondona de la noche.

Al ratito entra en escena el héroe, Sepp por supuesto. El director de la película, el francés Frederic Auburtin, se defendió de las críticas por la levedad del film diciendo que había insertado “partes irónicas”. Cuesta encontrarlas, salvo por la primera escena con Blatter en la que el suizo dice: “Me voy a meter en el fútbol, no más relojes”. Irónico recién ahora, hace unas semanas se supo que el presidente de FIFA y muchos directivos habían recibido relojes de 26 mil dólares durante el último Mundial y debieron devolverlos.

En el papel de Blatter nos encontramos con Tim Roth, el ensangrentado señor Naranja de Perros de la Calle, que ya venía de dar pena haciendo de Raniero en la película de Grace Kelly que promociona al Principado de Mónaco. Para Sepp, que opinó sobre todo en la producción, “en este caso el casting estuvo bien hecho”. Con Roth, agregó, “tenemos algo en común, digamos, cualidades”. El actor británico, quedó bastante defraudado con el film. “¿Dónde está toda la corrupción en el guión? ¿Dónde están las traiciones y los acuerdos? Intenté deslizar algo en ese sentido, lo más que pude”, se disculpó.

1017376_666152456798194_8811959814608842911_nLa llegada de Sepp a la historia coincide, otra vez, con un mal momento económico para la FIFA. En palabras de Havelange, Blatter fue elegido porque tenía la reputación de ser “bueno encontrando dinero”. Y Joao quiere mucho, no importa de dónde. Y como Blatter cumple subirá rápido a la cima. Primero mete a Coca-Cola en el mundo del fútbol y después profundiza los vínculos con Adidas. La escena clave es cuando se reúne con Horst Dassler, hijo de Adi el creador de la empresa de ropa deportiva, en una estación de servicio. Segundo momento Grondona.

Más tarde, cuando veamos a Blatter junto a Dassler en Etiopía, llevando el desarrollo FIFA a África en forma de ropa y pelotas Adidas y botellas de Coca-Cola, comprendemos que la empresa alemana es más que un patrocinador, es un socio preferente. Llama la atención que no se mencione a Mc Donalds y a Budweiser, que para la Copa de 2014 hizo cambiar la legislación brasileña, los otros grandes cómplices del negocio Mundial.

Después, se viene la Copa del Mundo de Argentina. Blatter ya es el segundo de Havelange. En otra escena gloriosa, Sepp entra en la oficina de Joao cuando el brasileño reafirma, por teléfono, que Sudáfrica sigue prohibida por su política de segregación racial. Cuando corta, el suizo pregunta por el Mundial ‘78. “Los sponsors están nerviosos”, arranca. “Hay violaciones a los Derechos Humanos, si son expuestos…”. Havelange lo interrumpe: “Ahora la prensa habla de la dictadura y los presos políticos pero cuando la pelota empiece a rodar eso va a cambiar”. Y concluye, antes de mezclar todo con el racismo y la paz mundial, “el fútbol da consuelo a todas las tragedias y pesares”. Gran aforismo, anoten. “Fútbol y política se mezclan siempre”, dice Havelange en otro pasaje. Hay fútbol si hay buenos negocios con la política si no, no.

En el último rato la película intenta, y fracasa como en todo, en tomar un tono de intriga. El tópico es la corrupción y Blatter aparece como el hombre bueno que está rodeado de impuros. El dinero desaparece y él pone plata de su bolsillo. Sin nombrarlo, pero sin demasiada sutileza, Havelange aparece como el corrupto y Sepp como el tipo con códigos que protege a la organización. Antes de la final del ’94, según el relato, el brasileño le dice a Blatter que quiere que lo reemplace. “Cuando deje el barco, no quiero que haya olas, quiero paz y vivir con honores”, le dice. Blatter cumple, salvo por todas las indirectas que tira en esta película.

10341841_666152453464861_7861618691315975887_nAhora vemos a Blatter asumir la presidencia y plantear una cruzada contra los hábitos corruptos del pasado. “Havelange presidió esta familia por 24 años. ¿Cometió errores? Quizás. Yo no tengo que juzgarlo. Pero les advierto a todos ustedes. Vamos a jugar según mis reglas ahora”, le dice a la mesa directiva de la FIFA, retratada poco menos que cómo un puñado de ladrones que encima lo amenazan con inculparlo para que renuncie.

Blatter vuelve a reunirse con su maestro. Están los dos solos en un ferry. Havelange, un poco preocupado porque el tipo que lo está cubriendo podría perder su puesto, le explica cómo dar vuelta la próxima elección para seguir en la presidencia de la FIFA. “Sepp, la gente indecisa es fácil de manejar. Hacé que te teman, hacelos creer que sabes todo de ellos. Puede que no te quieren, puede que te odien, pero van a hacer lo que les digas”, lo aconseja. Hablan otra vez de la familia. Podría ser una escena de El Padrino. Otro momento Grondona y nos preguntamos: ¿Por qué don Julio no está en esta película? ¿Cuánto aprendió de ellos y cuánto les enseño?

Al final, obvio, ganan los buenos. O, al menos, los que pagaron por este papelón. Sepp supera las presiones y las acusaciones, y es reelegido en 2002 por primera vez -en mayo de 2015 irá por su quinto mandato-. La música sube, Blatter sonríe triunfante frente a los flashes. Antes de los títulos, mientras contenemos las ganas de vomitar, volvemos al picado del principio. Al menos, apagamos la tele con ganas de jugar a la pelota.

NdE: Publicada el 17/10/2014