Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInShare on TumblrPin on PinterestEmail this to someone

(Nota de la Redacción: Los textos y los dibujos son originales de El Gráfico. Quisimos preservar la narración, realizada en junio de 1975, cuando la revista publicó un libro especial llamado “El maravilloso mundo del fútbol”. Además de los hechos en sí mismos, disfrutamos muchísimo habernos topado con aquellos dibujos que nos mostraban jugadas que, de otra manera, habrían quedado en el olvido. Porque, salvo el gol de Grillo a los ingleses, que ustedes podrán encontrar en youtube, el resto sólo lo conocemos por registro oral y escrito, pero nunca fílmico. Tal vez, por eso, son recuerdos mucho más hermosos, porque no están exentos de magia e, incluso, de fantasía.)

La apilada de Capote
escanear0002Roberto Cherro, ídolo boquense de la década del treinta, comenzó su carrera siendo casi un vicioso de la gambeta. La experiencia de los años le fue enseñando a usar su virtuosismo con más sobriedad y positivismo. Fue entonces que confesó: “Un día me di cuenta que no podía seguir así. Te apilás a uno, a dos, a tres, viene el cuarto y te barre…” Desde Roberto Cherro para aquí, a la sucesión de gambetas que se van enhebrando en la misma jugada individual se las llamó apiladas.

El término dio su título, en aquellos años, a una inolvidable sección escrita por Ricardo Lorenzo, Borocotó, en la última página de El Gráfico.

Y cuando la década del treinta moría, uno de los diablos más diablos que hayan pasado por Independiente dejó para el recuerdo esta apilada histórica. Fue el 12 de octubre de 1939. Su autor, Vicente De la Mata, la recordó así: “Me la tiró Bello con la mano desde el área penal de independiente y bajé a recibirla más atrás de la media cancha, casi como un defensor. Y de allí empecé a cortar campo en diagonal hacia la izquierda gambeteando contrarios. Me pasé a todos los que encontré en el camino. Primero a Moreno y Minella. Creo que los pasé dos veces a cada uno. Después, Vassini. Se me cruzó Santamaría desde el otro lado y lo hice seguir de largo. Llegando al área me salió Cuello. Fue el último que pasé. La tiré larga hacia la izquierda y la escanear0003alcancé casi sobre la raya de fondo. Con el esfuerzo realizado ya no daba más… Levanté la cabeza. Dos veces, como deben hacerlo los verdaderos jugadores de fútbol. Vi que Sirne me tapaba el primer palo, dejándome sin ángulo para tirar. Por el centro lo vi llegar a Erico. Sirne también lo vio y pensó en el pase atrás. Se abrió un poco del palo y entonces le pegué de zurda, metiéndola abajo, entre su pierna y el poste. Fue uno de esos goles que no se pueden explicar, con mucho de inconsciencia y mucho de suerte… Si me la atajaba Sirne o alguno me la pellizcaba en el camino, quedaba como el gran “morfón”. Pero no pasó y quedé como el autor del gol histórico…”

Y quedó para siempre así, como la “apilada” más diabla. Como el gol inolvidable de Capote De la Mata, pieza importante en una delantera con ansias de red.

El mítico gol de Grillo
Ernesto Grillo fue uno de los diablos más electrizantes del infierno rojo. Y conquistó este gol memorable vistiendo la casaca argentina la tarde del 14 de mayo de 1953, cuando la línea delantera de Independiente fue íntegra al seleccionado.

Ese día, en River, frente a los ingleses, se alistaron en bloque Micheli-Cecconato-Lacasia-Grillo – Cruz. Y tras el gol de apertura, logrado por el centrodelantero inglés Taylor, empató Grillo con esta jugada que los periodistas británicos calificaron de “imposible”.

Lacasia le cruzó el pase a la izquierda y Grillo arrancó con gambeta imparable. Así dejó en el camino a Wright, Garret y Barlow. Casi sobre el cuerpo del último defensor eludido, Grillo amagó el centro atrás y, descolocando al arquero Ditchburn, pateó de zurda. La metió entre arquero y palo, sin que pudiera evitar el gol un último intento de Barrass casi sobre la raya del arco.

escanear0006Después vinieron dos goles más, para redondear el 3 a 1 de nuestra primera victoria ante los inventores del fútbol. Pero ese impacto de Grillo quedó como la clásica demostración del estilo argentino, hecho de habilidad, inspiración y sorpresa.

La joya de Mamucho
escanear0009Esta espléndida conquista de un exquisito de la década del 40, el talentoso Rinaldo Martino, goleador de San Lorenzo de Almagro, definió el Sudamericano de 1945. Jugaron la final en Santiago de Chile los tradicionales rivales rioplatenses.

Era uno de esos partidos decisivos que gana el que hace un gol. Y Argentina lo hizo a través de esta inspirada pieza personal de Mamucho Martino.

Perucca se la entregó en la mitad del campo y desde allí arrancó Martino. Como el mismo Rinaldo lo reconoció años más tarde. Ferrara fue importante jugando sin la pelota: “Lo usé a Ferraro para amagar el pase a la derecha y seguir, casi sin quebrar la línea de avance…”

escanear0008Y así, amagando y abriendo rivales, pasó entre toda la defensa uruguaya.

Atrás quedaron Sarro, Obdulio Varela, Prado y Tejera. La última gambeta ante Tejera fue muy larga y Martino alcanzó la pelota casi sobre la línea de fondo. Allí la frenó y miró al arquero Roque Máspoli. También lo vio a Ferraro llegando por el medio, marcado por Schubert Gambetta.

“Máspoli amagó pensando en el pase atrás y se abrió un poco. Entonces la levanté suavemente. Cuando Máspoli quiso volver, la pelota había pasado sobre su cabeza, casi tocando el travesaño, y fue a meterse allá, contra el otro ángulo alto…”

Un silencio de asombro. Una explosión. Un campeonato definido. Así. Y frente a una defensa integrada por varios de los hombres que cinco años más tarde iban a consagrarse campeones mundiales en el Maracaná. Por eso, Rinaldo Martino fue paseado en andas por todo el campo del estadio Nacional de Santiago. Por eso quedó en la historia como “El goleador de América”.

 

El taquito de Sanfilippo
Fue el terror del área durante diez años. Cuatro temporadas consecutivas (58/61), el máximo goleador del fútbol argentino, caso único que define por sí solo su dimensión de hombre gol difícil de igualar.

Como Artime, lo suyo fue sorpresa. Todos sabían que el gol de San Lorenzo, más tarde de Boca, iba a surgir de los pies de José Francisco Sanfilippo. Todos lo marcaban a él, a ese pequeño y astuto delantero que rondaba el área con el aire distraído con que el zorro se pasea delante del gallinero.

Apenas alguno se descuidaba, ahí estaba el petiso Sanfilippo para cobrar el cheque en la ventanilla del arco.

escanear0010A su olfato le sumó una fabulosa repentización para resolver en forma inesperada. Así lo hizo frente a Boca, a los 20 segundos del partido jugado en Boedo el 12 de octubre de 1962.

Se la tiraron larga desde media cancha, hacia el área boquense. Con Roma saliendo a reventar y la pelota cayéndole retrasada, el Nene apeló al recurso sorpresivo: la enganchó de taco para hacerla pasar sobre el arquero de Boca rumbo a la red.

Lo notable fue que antes del partido, cuando los dos capitanes discutían para ver cuál de los equipos entraba último al campo, Sanfilippo le dijo a Roma: “Está bien. Salimos primero nosotros. Pero empieza el partido y te hago un gol…” Cumplió. Y de taquito.