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rojomiro4 -350¡Cuántas viejas se habrán persignado al leer el título de esta nota! Si un referee que dirige dos partidos es un suicida reincidente, ¿cuál habría de ser la clasificación para quien lleva cerca de 200 matches jugados y tiene cinco hijos? Es un caso único. Solamente aquellos hombres que no le tienen apego a la vida, que desean la muerte, pero no se animan a eliminarse, son los que se hacen árbitros con la esperanza de encontrar la mano de hincha capaz de terminar con una existencia que está como barrilete al que se le cortó el hilo. Lo sabemos nosotros; conocemos referees que antes de marchar para la cancha se despiden de los familiares; sabemos de quienes han tomado los santos sacramentos en vísperas de matches difíciles; nos consta de que algunos enjugaron una lágrima en el melancólico pañuelo del adiós que se agitó desde la esquina saludando a la familia que despedía al hijo que iba a lugar más peligroso que la guerra; sabemos que muchos de éstos han vuelto con la cédula de identidad en la mano para, que en sus respectivos domicilios los dejaran entrar; somos hasta amigos de algunos que al volver en camilla y con los pies “palante”, han dicho para conformidad de la viejita que lloraba,: “No importa, mamá: dentro de la desgracia tuve mucha suerte”. Lo que, equivale a decir: “dentro de la gravedad en que se halla, el enfermo ha experimentado una leve mejoría”. Pero tener cinco hijos, ser referee y no haber ligado nunca un bollo, eso no, eso va en contra de nuestra tradición futbolística, eso no te lo puedo creer, estimado Alberto Rojo Miró. Que en 200 partidos vos no hayas cobrado eso que no es viático ni sobre, pero que se da generosamente en las canchas, ¡eso no! Yo sé que no me has mentido; tengo la íntima seguridad de que es cierto; pero ¿cómo querés que crea una cosa que atenta contra nuestra historia de cascadores y botelleros? No; imposible. Respetad la tradición, o, por lo menos, tened la sinceridad de aquel otro arbitro, Destaillat, quien en un arrebato de sinceridad exclamó: “No me han pegado nunca, pero tampoco pierdo las esperanzas. Ya vendrá la biaba; todo es cuestión de tiempo”. Sed así. (¿Viste qué bien hablo en castellano? Esa sed no es de las que se apaga con cerveza).

* * *

Me la vi mal en Vélez Sársfield -me dijo-, cuando saqué a Coso de la cancha en el match contra Boca. Ya al finalizar el primer tiempo había habido en la casilla un intento de voltear la puerta para agredirme. Escuchaba los gritos de afuera y observaba el movimiento de aquella puerta que iba a saltar de un momento a otro. Comprendí que la situación era peligrosa y hasta dije: “Dejen entrar ; si hay que morir, que ocurra cuanto antes”. Pero luego fue peor, cuando la policía entró al field a pedirme el retorno del half. “No podemos darle garantías” — me dijeron. — “Paciencia: si me va a pasar algo, que me pase, pero ese hombre no vuelve”. Y me mantuve en la decisión. Coso no podía volver porque me había faltado el respeto. Confieso que siempre es lamentable para todo árbitro tener que recurrir a medidas extremas, pero la dignidad debe estar por encima de todo temor. Vélez perdió ese match en los primeros minutos, cuando tuvo varias chances para anotar tantos y no las aprovechó. Pasado este instante el team pareció descorazonarse, y luego, al encontrarse en pérdida, los ánimos se caldearon. Me correspondió a mí arbitrar el partido en que el Fortín dejaría de ser invicto, y, entiendo, que a cualquier colega que se hubiera hallado en esas circunstancias habría tenido que soportar el chubasco. Ya el año pasado el destino quiso que yo actuara cuando San Lorenzo venció a Vélez, por lo que sostengo que yo o Vélez Sársfield, uno de los dos tiene mala suerte, o la tenernos ambos.

—¿Y el lío con Gimnasia y San Lorenzo?…

—Las opiniones cambian mucho. Cuando San Lorenzo perdió en La Plata debí otorgarle un penal a favor del local. De cualquier manera creo que Gimnasia hubiera, ganado, pero se dio en decir que el triunfo se debía a mi decisión. Más tarde, en Avenida La Plata, ocurrió ese goal que yo sancioné y que determinó de parte de los platenses el quedarse inactivos. Sigo sosteniendo que el tanto se produjo, y que las fotografías aparecidas fueron tomadas antes de que Herrera hubiera entrado con la pelota. Mi situación, apostado junto al arco, me permitió apreciar debidamente la jugada.

—¿Y el penal anterior por foul de Fossa?

—En eso no tuve la misma suerte de colocación. Vi el foul y lo sancioné, pero creí que la jugada se había producido fuera del área. De haberla visto dentro, el penal se hubiera ejecutado. Y ese error, exclusivamente de distancia, seguido del tanto dudoso, originó la pacífica protesta. Desde luego que podrá ser ella lo antideportiva que se quiera, pero a nadie escapa que es más honesta que la de agredir e insultar. Recuerdo siempre la clase de Minella: “Juegue — le decía yo. — Jueguen… Us-ted como capitán debe hacer jugar”. Y el centre half, con mucha clase, me respondía: “Estamos encantados de su actuación… Usted cobre, que nadie le protestará… Nosotros movemos la pelota…” Me molestaba, pero nada podía decir al respecto porque el reglamento no prevee esas actitudes de los jugadores. En lo sucesivo los árbitros podrán retirarse y hacer perder los dos puntos al team que se niegue a jugar. Se ha resuelto así al margen de los reglamentos, por lo que convendrá que la F. I. F. A. estudie ese asunto y lo resuelva ya reglamentariamente. También me consta que los de Gimnasia habían pensado en otras actitudes. Una de ellas consistía en jugarse en contra. Si a un árbitro le toca actuar en un partido en que un team juegue, pero lo haga en su contra, ¿qué podrá hacer? Siempre el referee puede resolver casos no contemplados por los reglamentos, pero ello da derecho a protestas. Mejor será aprovechar la experiencia y ser previsor.

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—¿Y esta última recusación de San Lorenzo?

—Me han dado explicaciones acerca de la misma, pero particulares. Se me ha dicho que hubo la denuncia de un colega mío, cuyo nombre ignoro, en la que yo aparecería como interesado para hacerle perder a San Lorenzo un match contra Chacarita Juniors, por lo que Boca lograría para mí dos ascensos en la policía. Digo lo que me han dicho, aunque adelanto que hace seis meses que renuncié a mi puesto en la policía, por lo que mal Boca podría conseguirme los ascensos. Por otra parte, a veces dirigentes se ven en la obligación de adoptar resoluciones en las que no creen, pero con las que dan satisfacción a los socios. Por eso no me corresponde culpar a nadie. Y sé que si en estos momentos es difícil arbitrar, también lo es dirigir a un club. La prueba la tenemos en lo que ocurre: en cuanto un team perteneciente a un club grande hace algunas malas performances, de inmediato se pide la renuncia de la comisión. Los socios quieren ver a su favorito triunfante y no se resignan a la derrota ni analizan los motivos. Existe esa falta de colaboración similar a la de los jugadores para con el referee. Recuerdo un partido de hace muchos años entre Porteño y San Lorenzo en la cancha de Oeste. Perdía Porteño cuando Izaguirre tomó la pelota, y luego de gambetearse a varios adversarios cometió un hands voluntario. Terminó la jugada con un goal que hubiera sido magnífico y, como el árbitro no vio el hands, sancionó el goal. “No, señor  -dijo Izoguirre- ; fué hands”. Y paró la pelota en el lugar en que había sido. ¿Qué jugador de ahora se aviene a ese rasgo de sinceridad? Nadie. Y conste que aquél era un encuentro de cuyo resultado dependía, mucho el campeonato que podría conquistar Porteño. Hoy niegan todos hasta lo que saben, que es muy cierto. Además, si en la circunstancia en que citan un jugador de ahora acusara la existencia de una infracción no vista por el mismo juez, la hinchada lo trataría de vendido y lo mataría a la salida del field.

rojomiro2-350—¿Nunca diste un goal dudoso?

—Para mí, no. Y digo para mí, porque para los interesados todos los goals en contra son dudosos. Uno muy discutido fué aquel en La Plata en el match entre Gimnasia y River. Cayó lesionado Zoroza, Hubo un momento de confusión cuando Basílico, en un buen gesto, fue a atender al las-timado. También acudía Dañil a hacerlo en momentos en que Miguens le dio la pelota a Morgada y éste salió corriendo rumbo al arco en que anotó el tanto. Protestó, River, pero nada podía hacer. El reglamento no autoriza a parar el juego cuando cae un jugador lesionado y la pelota está en disputa en la cancha. Será lamentable en el caso que anoto, mas no tenía yo otro camino.

—¿Y del off-side, no sancionaste ninguno?

—Sigo diciendo que todos los goles que yo di fueron para mí legítimos. Puede haberse escapado alguno, pero prefiero detener un avance por un supuesto off-side antes de dar un goal en esas condiciones. Entiendo que es mejor. Hay hombres peligrosos en ese aspecto. Magán era uno de ellos y a quien el año pasado anulé cinco tantos por off-side. Ahora parece haberse  corregido. En la última fecha del campeonato de 1932 se encontraron San Lorenzo y River Plate saliendo empatados en un tanto. Al perder Independiente contra Racing, aquel empate dio derecho a River a disputar un partido contra los rojos de Avellaneda y en el cual conquistó el título. Se recordará que la del empate fue una tarde en la que estalló una fuerte tormenta antes de finalizar el primer tiempo. Entre la tierra que se levantó, apenas pude ver la banderita del linesman que se agitaba, anotando la posición off-side de Magán. Toqué el silbato, pero el winger no me oyó y siguió en su veloz carrera. ¿Cómo habría de oírme en medio de aquel caos? Largué el pito y salí corriendo detrás de Magán, gritándole: “Parate…, parate, parate, ¡ por favor!…” Y cobré el off-side. De no ver la señal del linesman, por aquel goal se pudo haber resuelto el campeonato a favor de Independiente. Y ya que cito el caso del linesman, creo que debiera hacerse una buena selección y crear un cuerpo de linesmen muy capaces.

—Con eso sólo no se arreglan las cosas.

—No se me oculta. No tenemos garantías y cada match que dirigimos implica correr un riesgo,

—¿Entonces?

—Se impone una depuración. Ha llegado el momento de hacerlo. Es preciso seleccionar los árbitros y creo firmemente en que deben volver elementos de la talla de Repossi, Nay Foino, Lorenzo Martínez, Destaillat, Galli, Miguel Barbera y otros que se hallan retirados y que son una garantía de honestidad y capacidad. En filas de la Asociación milita un muchacho, Solari, que es toda una promesa en el referato. El retorno de los que cité podría muy bien relegarme a divisiones inferiores. Lo lamentaría, pero tengo la sinceridad de darle mi puesto a quien sepa más que yo. Soy hincha de fútbol, verdadero hincha. He gustado siempre de este deporte, Fui jugador, dirigente y cronista. Tengo montones de recuerdos futbolísticos, y para que se, salve el fútbol no me importaría del sacrificio personal. Se impone la depuración que cito y hasta una nueva escuela más ajustada al reglamento. Estamos un poco fuera de él por costumbre, cosa que un solo referee no podría desarraigar. ¿Quién se anima a cobrarle a un arquero la infracción que significa el dar más de cuatro pasos con la pelota retenida? Nadie. El que lo haga en un partido difícil y de broncas, habrá firmado su partida de defunción. ¿Por qué se cobra off-side al hombre, que no ha entrado en juego y su posición no perjudica a ninguno del bando infractor? Porque público y jugadores reclaman el off-side. ¿Qué referee se atrevería a educar a toda esa gente con respecto a la apreciación reglamentaria  de la jugada? Nadie. ¿Por qué es menester esperar que la defensa del bando infractor se acomode antes de ejecutarse la pena en su contra si con ello se le beneficia? Porque es costumbre y un solo hombre no puede ir en contra de ella. En cambio, un núcleo de árbritos puede educar al público y a los jugadores, llevándolos al reglamento del cual se han salido. No habría que olvidar, tampoco, y a manera de asesores, a hombres como Jordán, Gondra y otros que son positivos valores.

—¿Con eso sólo ya estaría todo arreglado?

—Esa es una parte. Otra sería la de los dirigentes que vienen a presionar a los referees, molestándolos cuando están en la casilla. Déjenlos tranquilos y no les entorpezcan la misión. A mí me molesta cuando vienen a decirme: “Tenga cuidado con el juego de Fulano que siempre está en off-side… No descuide a Pietracupa que es muy brusco…” Para mí, particularmente, Pietracupa es una niña. Una vez le cobré dos fouls que no había cometido y lo hice de salida, para impresionarlo. Al finalizar el encuentro, me dijo: “Esos no eran fouls”, y tuve que darle la razón decirle que se los debía, que era una consecuencia de la fama que se le había dado, aunque a mí el público no me asusta ni me hace cambiar de criterio. Entro a una cancha a jugar el partido que tenga más espectadores como si fuera uno de quinta. Así actúo tranquilo.

—Sin embargo una vez en Platense… Sonrió Rojo Miró ante el recuerdo, que les contaré: Fue en 1929. Jugaban Chacarita y Platense en la cancha de este, último. El score resultó de dos a dos. Stochetti marcó un golazo que Rojo Miró sancionó, pero la pelota entró por el arco, y debido a la violencia que llevaba, se abrió camino entre la red y el travesaño, quedando colgada sobre la red.

— Referee…, que no fué goal… – gritaba Mapelli, tirándose un lance… – No fué gol… ¿No vé dónde quedó?

Rojo Miró estaba convencido que la pelota había entrado. Sin embargo, le vino un ataque de rabia. Y fue porque era amigo de Mapelli; andaban mucho juntos y le indignó el reclamo fuera de lugar. Ahí se explicó la pataleta del árbitro. Luego, Mapelli decía:

—Es amigo mío… ; pero… por si colaba…

* * *

Alberto Rojo Miró tiene 28 años. Los cumplió el 2 de diciembre. Es el árbitro más joven de los que actúan en primera. Tiene cinco hijos. Le han venido uno detrás de otro sin esperar mucho. Dice el padre “que Dios los mandaba”. ¡Vaya uno a saber! Y es bueno corno árbitro. De lo que tenemos, es lo mejorcito. Por lo menos, dio muestras de ser valiente y apechugar con lo que viniera. A su cargo estuvieron los matches más difíciles, y se ha, dado el caso de que los grandes teams hayan perdido matches que él arbitró. Sin embargo, tiene un team invicto. Adivinen. Es Atlanta. Nunca perdió haciendo de referee Rojo Miró. Y cuando me lo dijo le recordé el goal sancionado fuera de hora contra Gimnasia y Esgrima de La Plata.

—En mi reloj faltaban unos segundos.

—Te aseguro que ningún partido dura los noventa minutos justos, tomando el tiempo con un cronógrafo.

rojomiro1-350—Leí, precisamente, tus observaciones después de ese encuentro y entiendo que sería muy conveniente. Dos cronometristas oficiales llevando el tiempo como en basket-ball y dándole la orden al árbitro para comenzar y terminar los períodos. Nos beneficiaría a nosotros, habría un mayor control y nada costaría llevar esa idea a la práctica. Ese es otro de nuestros males. No se juega el tiempo estipulado. Hay referees que, cuando un match va empatado y es de los difíciles, lo dan por finalizado uno o dos minutos antes. Con los cronometristas se evitaría ese inconveniente. Pero no se hará, pierda usted cuidado, compañero. Los dirigentes llevan siempre la contra a las cosas buenas. Por eso, de un deporte tan lindo como el fútbol, de un espectáculo tan interesante, han hecho lo que todos sabemos.

Ahora Rojo Miró nos da la razón y haca algunas observaciones referentes a los árbitros, dirigentes y linesmen. ¿Cree usted que van a ser tenidas en cuenta? No, compañero; no se haga ilusiones.  Y aquí termina, muchachos, esta nota al mejor referee del momento. Está invicto. No le han pegado nunca. Pero…, aunque eso implique un atentado a nuestra tradición de cachiporreros, déjenlo seguir. Háganlo por los cinco pibes que ya serán hinchas y cascarán a otros árbitros. El mayorcito, cuando ve al padre en la cancha, le grita:

—¡Bombero!…

Artículo publicado en la revista El Gráfico#752Diciembre de 1933