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Es de esos tipos que hacen de la conversación un arte. Claudio Borghi (“Picasso”, según Platini) no desprecia a nadie. Dialoga al paso, a medida que alguien le propone el ida y vuelta. Le gusta decir, al Bichi. Y también escuchar. Siempre que quede algo en el atado: “Fumo mucho, es verdad. Sólo hay dos momentos en que paro: cuando me ducho y cuando duermo”.

Claudio Borghi

-¿Cuando jugabas también fumabas?
-El árbitro no me dejaba… No, en serio, en el entretiempo arreglaba con el utilero para un par de pitadas. Mi viejo decía que había tres cigarros que se justifican: después de hacer el amor, después de comer y después de cagar, los demás son de vicioso. Pero después de un gran esfuerzo para cualquier persona sirve prenderse un cigarro. Por eso como entrenador entiendo la necesidad de fumar que tienen algunos jugadores después del partido en el vestuario, una vez que llegan a su lugar. Aunque no lo veo tanto hoy: la juventud en general fuma cada vez menos, y hay cada vez más futbolistas jóvenes.

-¿Qué harías si te enteraras que un jugador tuyo fuma marihuana?
-No lo castigaría. Trataría de entenderlo. La marihuana no es una droga que me preocupe demasiado, como sí me sucede con el paco. Yo no sé cuántos pibes pueden fumar marihuana pura hoy en día, cien por ciento hoja. Imagino que muy pocos. Tienen que tener en su casa o mucha plata. Igual no quisiera aislar a los jugadores de fútbol del resto de la sociedad. Tenemos ladrones, drogadictos y borrachos como en cualquier lado. Lo que nos pasa es que nos exigen demasiado.

-¿Por ser referentes?
-Sí, aunque eso de los referentes no me gusta. Un día, viendo un partido de inferiores, un señor me dijo “qué lástima, Claudio, que mi hijo lo vea fumar”. Me dio mucha vergüenza, pero el problema es que él también estaba fumando… Nadie te prepara para ser referente.

Su padre murió cuando él tenía 10 años. Ante semejante ausencia, el Bichi, encima, tuvo que salir a trabajar. A la edad de los juegos. Aunque luego se la rebuscaría para jugar bastante a la edad del trabajo. “Me quedaron pocas imágenes de mi viejo, apenas un par: una patada en el culo que me dio cuando rompí un vidrio de una vecina con la gomera y un día que nos llevó al circo. Su muerte fue muy dura para todos en mi familia. El único que laburaba era él. Por eso me da bronca cuando la gente opina que yo podría haber llegado a más. Yo podría estar preso o trabajando en una fábrica. Algunos de los que decían que era un irresponsable de chico, hoy llevan una vida más dura que la mía, habiendo malgastado y con menos recursos”.

-¿Llegaste a robar?
-No. Pero alguna vez tendré que llevarle un vino, otra cosa no puedo regalar, al político este que ganó en provincia de Buenos Aires, el colorado, ¿cómo se llama?… De Narváez, ése. A su viejo, el dueño de Casa Tía, no le robé, pero sí intercambiaba mis zapatillas viejas por otras que me llevaba del supermercado. En otro almacén entrábamos, nos sacábamos el hambre y nos íbamos. A los 9, 10 años ya andaba por la calle.

-¿Sos un técnico de dar privilegios?
-Algunos se los ganan. Yo tengo dos hijos y no los trato igual, reconozco que tengo más debilidad por uno, sólo trato que el otro no se dé cuenta. Y hay tipos de los que me enamoro. Llego a un club, veo a un negrito que quizás no merezca estar en Primera, pero igual le doy la chance. En Chile me enamoré de Chupete (Humberto) Suazo. Tenía la coraza de los que fueron maltratados. Cuando lo llevamos a Colo Colo, un técnico me dijo que me estaba equivocando, que era un hijo de puta que me iba a volver loco. Se equivocó. Lo único que necesitaba Suazo era cariño. Yo no lo acariciaba, pero en vez de decirle “gordo boludo, bajá”, le decía “vení, gordo, bajá un poquito”. Es bueno averiguar de la vida, los orígenes. La gente juzga a los futbolistas por lo que conoce, lo que se sabe desde los 20 años, sin saber de dónde vienen o, por ejemplo, si el viejo chupaba. Suazo venía de una infancia muy dura, con carencias y la pérdida de su padre. No sabía expresarlo, y ante la menor agresión respondía con otra. Por eso no se puede ser igual con todos.

-Te sentías personificado.
-Yo también jugaba para salir de las carencias. Es difícil divertirse así. Si hubiese tomado el fútbol como un hobby, quizás habría sido menos problemático para mí. Que un técnico me sacara, o no llegar a Primera, era un problema. Era no cobrar, no morfar. La gente que nos ve de afuera se pregunta cómo no nos divertimos jugando al fútbol. Cuesta divertirse con 50 mil personas puteándote; prefiero ir a pescar. Nuestro fútbol es diferente al que se juega un rato entre amigos. Los preconceptos me joden. El público toma los pocos ejemplos muy exitosos. Hablan de Cristiano Ronaldo, pero no reparan en los miles de jugadores en todo el mundo que ganan muy poco dinero.

El preconcepto con el que cargó siempre fue: “pudo haber sido Maradona, pero terminó siendo Borghi”. Antes le dolía, hoy le molesta: “Son injustos conmigo y con Maradona. Éramos diferentes. ¿Para qué comparar? Lo sufrimos yo, Caniggia y ahora Messi”.

Después del retiro trabajó recomendando jugadores. También como representante. No de los mejores, por cierto: “Eran pocos los futbolistas que me gustaban y los currículums eran todos parecidos, tenía que mentir mucho. Hasta que una vez, un técnico amigo me preguntó si pondría en mi equipo a un futbolista que le había ofrecido: `La verdad que no´, le contesté… No quiero decir que todos los representantes sean mentirosos, pero tienen que vender”.

-¿Cómo hacés para estar cerca de los jugadores y a la vez mantener la distancia?
-Trabajo mucho con el respeto y el compromiso. No me considero un jugador, pero no me olvido de que lo fui. Trato de ponerme en el lugar de ellos, de entender lo que viven. No quiero que me tengan miedo sino confianza. Está claro que mi trabajo es tomar decisiones: que juegue o no, que siga en el club o se vaya, pero todo desde una perspectiva de persona. No me gusta el entrenador autoritario o el que manda en cana. A mí alguien me puede decir que llegó tarde a un entrenamiento por un problema con el hijo, la madre o lo que sea y lo entenderé, pero el día que me entere de que mintió, no juega nunca más. Hasta ahora nunca me salió mal. No es que esté loco. Tampoco era un rebelde cuando jugaba. Fui y soy un idealista.

PITADAS

“Los mejores técnicos que tuve fueron Menotti y Telé Santana. Tenían la capacidad de convencer a la gente de que se puede hacer las cosas bien. Nunca se enojaban, y pensar que ahora todos los entrenadores viven enojados…”.

“El mejor con el que jugué fue Diego, que no creo que haya sido extraordinariamente bueno en muchos aspectos, pero sí tenía dos cualidades únicas: la sensibilidad en el pie y la velocidad
mental. A su lado parecíamos todos boludos. Después, Van Basten, de una técnica impresionante pese a la altura: yo le llegaba al hombro. Y tercero Rijkaard, un tipo que me tapa la boca: siempre digo que los polifuncionales juegan mal en todos los puestos, y ese negro jugaba bien en cualquier lado”.

“Siempre, la clave del fútbol estuvo en el número mil doscientos cincuenta y nueve. El 1, el 2, el 5 y el 9. La columna. Para mí el jugador más importante es el volante central, el que logra que el
equipo no se parta. En el medio es donde se ganan los partidos. El ideal sería lograr uno que combine recuperación y contención: Batista. Hoy los mejores son Gago, un cinco tan cinco que si lo ponés a la derecha lo cagás, y Mascherano, un viejo reencarnado en un pibe”.

“Antiguamente la selección brasileña no representaba al fútbol de su país, donde se ataca pero también se defiende y se mete. Hoy cambió. Y creo que Brasil es la única Selección que todavía gana con la camiseta”. 

“No me gusta discutir de fútbol porque no se llega a nada. Como en la religión. Además hoy estamos medio complicados, hablamos mucho de sistemas tácticos sin sentido, porque en sólo dos momentos se respetan las alineaciones: cuando empieza el partido y cuando empieza el segundo tiempo. Gran complicación aportan ustedes, los periodistas”.

“Atacar es mucho más difícil que defender. Por algo la estadística marca que muchos de aquellos que cabecean en su área no dominan el área rival; o sea, es más fácil despejarla a cualquier lado que darle sentido a la pelota. Lo de la pelota parada también es para analizar. Hay técnicos que son muy elogiados por esta acción, pero por más que la puedan planificar, necesitan de un buen ejecutante que la lleve a cabo. El pizarrón de un entrenador nunca perdió un partido”.

“Cambiaría dos reglas del fútbol: tiraría el córner desde la unión del área grande y la línea de fondo, y sacaría el lateral con los pies. Así el defensor que la tira afuera dejaría de ser ovacionado”.

“Se supone que el fútbol más táctico del mundo es el italiano. Sin embargo, les cabecean en el área chica. Si fueran tan perfectos en lo táctico, no sucedería. Es que alguno siempre puede
dormirse. Todos los equipos tienen dos o tres boludos”.