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Villa Fiorito, el barrio donde nació Maradona. Un pibe jugando al fútbol. Antes de Maradona (AM), Villa Fiorito era un lugar cualquiera; después de Maradona (PM), el barrio adquirió una extraordinaria energía simbólica. Pero quiero decir, cuanto antes, que esta foto me incomoda.

Ese cuerpo tiene armonía futbolística. Las caderas, caídas, nos cuentan que están acostumbradas a pegar amagues; las piernas chuecas nos dicen que tienen facilidad para cambiar de dirección; la astucia hay que suponérsela porque de lo contrario no hubiera sobrevivido a los “picados” de Villa Fiorito… Pero… ¿Dónde demonios está la pelota?

¿Qué le habrá pasado a este pibe? ¿Habrá gastado mucho en las zapatillas y no le alcanzó el dinero para la pelota? ¿Lo hicieron posar y le dio vergüenza pedirla porque no se siente a la altura del mito? ¿Los compañeros no se la pasan y se siente humillado? Lo que esta claro es que la tristeza viene de ahí ¿A quién se le ocurre sacarle una foto a un jugador de Villa Fiorito y olvidarse de la pelota? No me jodan…

¿Qué le habrá pasado a este pibe? ¿Habrá gastado mucho en las zapatillas y no le alcanzó el dinero para la pelota? ¿Lo hicieron posar y le dio vergüenza pedirla porque no se siente a la altura del mito? ¿Los compañeros no se la pasan y se siente humillado? Lo que esta claro es que la tristeza viene de ahí ¿A quién se le ocurre sacarle una foto a un jugador de Villa Fiorito y olvidarse de la pelota? No me jodan…

Maradona era un hombre a una pelota pegado. La simbiosis era tan perfecta que así como los animales terminan pareciéndose a sus dueños, todas las pelotas del mundo terminaron pareciéndose a Maradona. Es justo.

Pero este futbolista no tiene la pelota en los pies. Ese defecto de composición sólo se explica porque la fotógrafa es alemana. No es un defecto de fotógrafa, es un defecto de alemana. Un jugador alemán sin balón es intimidante, le basta con su sola presencia para que nos parezca temible; un jugador argentino sin pelota no es nadie. Se siente desvalido. Para un argentino y un alemán, ese maravilloso objeto de disputa no significa lo mismo ni conceptual ni etimológicamente. A ustedes no se les habrá escapado que cuando lo vinculo al ,le llamo balón y cuando lo vinculo al fútbol sudamericano le llamo pelota. La cosa cambia: masculino o femenino; prosaico o poético; adulto o infantil…

El futbolista argentino empieza jugando a la pelota. Lo de jugar al fútbol llega más tarde y es peor, menos lindo. De hecho, Maradona no necesitaba de un equipo para ser el mejor del mundo, necesitaba de una pelota. Esa relación amorosa entre la pelota y el jugador fue lo que instaló a Maradona en la memoria colectiva de los argentinos con una fuerza mitológica con la que solo pueden competir Gardel, el “Che” o Evita. Carrera desigual, porque Diego corre con la desventaja de estar vivo.

Quizás sea eso lo que explica la tristeza que se dibuja en el rostro del chico. Parte con una desventaja. Es muy consciente de que vive en el barrio donde nació y creció Maradona, y no puede con esa responsabilidad. ¿O ustedes se creen que es fácil jugar al fútbol donde creció el genio? Este pibe sabe que es heredero de una leyenda y que no puede permitirse la indignidad de jugar al fútbol de cualquier manera porque le pueden estar observando. Es más, no se le ve sorprendido porque estaba esperando al fotógrafo, temía este momento. Y, a pesar de eso, la alemana lo sorprendió desarmado.


*Publicado originalmente en la Revista Líbero.