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Nada de esto se sabía en la previa del partido. “Silenzio stampa”.
En la década del 80 el juego estrella de apuestas de la Lotería Nacional era el PRODE (Pronósticos Deportivos), que muy a menudo quedaba vacante y acumulaba récords en premios.

Cuando en las transmisiones deportivas se informaba los resultados de los partidos; el locutor anunciaba tanto el marcador del encuentro, así como el número de casillero en la boleta: “Boca Juniors 2 – Rosario Central 1, PRODE 5 Local; San Lorenzo 1 – Atlanta 1, PRODE 6 empate. Así hasta completar los 13 puntos incluidos en la tarjeta.

El interés de cada apostador por la jugada iba creciendo a medida que la cantidad de aciertos aumentaba y el número de partidos por jugarse decrecía. Entonces el primer objetivo era “pasar el sábado”, es decir, acertar los partidos del ascenso incluidos en la boleta (por lo general entre los casilleros 11 al 13). Con los partidos de Primera División, se definía la suerte de los apostadores que llegaron con “vida” al día domingo.

Por entonces, un último partido televisado desde el interior del país cerraba la fecha y también completaba el PRODE. Era la época en la que los dirigentes hacían valer los derechos de los clubes y solamente se transmitía un único partido en vivo (vía ATC). Con buen criterio afirmaban que le quitaba público a los estadios.

Este hecho ocurrió el 6 de mayo, por la 6ta fecha del Metropolitano de 1984.

En Alta Córdoba, en cancha de Instituto, hacía las veces de local el Racing cordobés recibiendo la visita de Ferro Carril Oeste dirigido por Carlos Timoteo Griguol. Aquel Ferro que era uno de los mejores equipos de la época con un plantel de lujo: Basigalup, Agonil, Cuper, Marchesini, Garré, Arregui, Brandoni, Fantaguzzi, el paraguayo Cañete, Noremberg, Márcico, Esteban “Gallego” Gonzalez y Gargini eran los destacados del equipo verdolaga.

Pero antes del inicio del partido, en el vestuario local, el equipo del barrio Nueva Italia contaba con información confidencial. Solo ellos estaban al tanto de una situación. Un dato que era desconocido para todos los que estaban a punto de presenciar el partido, incluso para la prensa.

Los jugadores de la academia cordobesa sabían que tenían una motivación adicional para buscar el triunfo ante el equipo de Caballito. Sólo el plantel lo sabía.

En la semana, el tentador pozo vacante los motivó a jugar una boleta común entre todo el plantel. Aquel plantel integrado por: Serrano; Del Mul, Noriega, Coloccini, Quiñones, Ozán, Gasparini, Argota, Numberto Rafael Bravo y Oyola, entre otros y bajo la dirección técnica de Pedro Marchetta.

Pero nunca imaginaron la situación que vivirían en la previa de su próximo partido.
Boleta en mano, antes de ingresar a la cancha constataron que su tarjeta: ¡Tenía los doce aciertos! Y solo faltaba un partido. El que ellos debían jugar en minutos nada más. Habían colocado “X” en el casillero local que decía Racing (Cba.). Tenían que vencer a Ferro sí o sí.
Pero el rival era difícil y el partido complicado.

Cuando finalizó el partido, nadie entendía la magnitud de los festejos alocados de los cordobeses. El mismo Mauro Viale en la transmisión del partido al ver saltar a los jugadores cuan Silvio Soldán al abrir el “cofre de la felicidad” se preguntaba: ¿Y esto? ¡Qué festejo, eh!

Probablemente esta historia habría tenido algunos párrafos más si se les hubiese ocurrido colocar empate o visitante en el propio partido a disputar. Nunca lo sabremos. La cuestión es que Racing salió a ganar el partido por los puntos y por el pozo. Ganar la millonaria apuesta, ahora, SOLO dependía de ellos.

Gasparini puso en ventaja a los cordobeses en el tanteador con un verdadero golazo, pero Cúper consiguió el transitorio empate a los 30 minutos de la parte inicial. En el complemento fue nuevamente Gasparini quien anotó el segundo de tiro libre a solo cinco minutos del final para sellar el definitivo 2 a 1 y darle a sus compañeros la alegría duplicada: los 2 puntos y la enorme bolsa de billetes que repartía el PRODE.

Cuando finalizó el partido, nadie entendía la magnitud de los festejos alocados de los cordobeses. El mismo Mauro Viale en la transmisión del partido al ver saltar a los jugadores cuan Silvio Soldán al abrir el “cofre de la felicidad” se preguntaba: ¿Y esto? ¡Qué festejo, eh!
Parecía que habían salido campeones, un festejo por demás exagerado para un equipo que quedaba segundo en la tabla de posiciones, cuando recién iban 6 fechas.

Pero semejante algarabía tenía una secreta explicación: ¡Habían ganado el PRODE!

El vestuario fue una fiesta y la misma se prolongó a un tercer tiempo con una GRAN cena para festejar a lo grande. Al fin y al cabo sus vidas cambiarían para siempre en las próximas horas. Estaban a punto de asegurar el futuro económico de sus familias.

Al Feliz Domingo le siguió un fatídico Lunes. En el concurso 561 del PRODE, 94 apuestas habían resultado ganadoras. El premio se dividiría entre todos ellos. Y peor aún, su parte la debían dividir entre TODOS los integrantes del plantel y cuerpo técnico.

Al Feliz Domingo le siguió un fatídico Lunes. En el concurso 561 del PRODE, 94 apuestas habían resultado ganadoras. El premio se dividiría entre todos ellos. Y peor aún, su parte la debían dividir entre TODOS los integrantes del plantel y cuerpo técnico.

Los sueños millonarios se desvanecieron. La repartija solo sirvió para saldar la “festichola” de la noche anterior y para algún que otro regalo familiar. No mucho más. A seguirla remando.

La ilusión había durado demasiado poco. Tan poco como tardó en ventilarse la noticia ni bien el equipo cordobés ingresó victorioso al vestuario.