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Guadalajara, Estadio Jalisco, 19 de enero.  Primer partido del Clausura 2008, Chivas de Guadalajara recibía a Pumas. Los once jugadores rojiblancos salieron al campo para dar comienzo a una nueva ilusión. Sin embargo, las cámaras se detuvieron en un jugador, en Salvador “Chava” Reyes. Era viejo. Llamativamente viejo. Duplicaba en edad a cualquier compañero, incluso al más veterano: superaba los 70 años. Era un homenaje pero era por los puntos.

formadoReyes saltó al terreno de juego con poco pelo, el bigotito de siempre ya canoso y el 57 en su espalda, aquel número que dio inicio a la gloriosa historia de Chivas. Se sacó la foto con los demás jugadores y armó la fila para cantar el himno mexicano. Pitido inicial. En el centro del campo, Chava recibió un pase del 21 y así, con 71 años y 4 meses, se convirtió en el futbolista más añejo en disputar un partido oficial de fútbol.

Durante 50 segundos y después de tocar tres veces la pelota, salió sustituido mientras la hinchada lo ovacionaba. En su lugar, entró Omar Bravo, 9 del equipo rojiblanco, quien siete años después, en el 2015, lograría arrebatarle el título de máximo goleador histórico del club. El jugador contó que Reyes lo alimentó a batir su récord. “Para eso está”, le dijo.

Chava –un apodo común en México, que se le pone a cualquiera bautizado Salvador- murió como máximo anotador de Chivas. No pudo ver aquel partido en el que Bravo superó sus 122 goles porque en el 2012 falleció a causa de un cáncer de colon. Fue velado -cómo no- en el estadio del Chivas.

En Guadalajara se lo reconoce como una leyenda. Nació en la ciudad y su relación con el club se forjó incluso antes del debut. Su padre, Luis Reyes, defendió los colores durante cinco años, entre 1943 y 1948. Durante ese tiempo, Chava fue alcanzapelotas y mascota del equipo. Interesado en el deporte que practicaba su padre, siguió sus pasos: “Mi padre delantero y yo, pues, delantero”. Lo más interesante es que este vínculo entre Chivas y la generación Reyes se repitió años después cuando Salvador Reyes hijo fue mascota rojiblanca, en un comienzo, y jugador de Guadalajara años después, entre 1995 y 1996. Tres generaciones. Tres futbolistas. Tres hombres de Chivas. Tres Reyes.

Un gol mítico de su autoría dejó atrás la etapa de eternos subcampeonatos que le costaron al equipo el mote de “ya merito” (“ya casi”) para escribir la gloriosa historia que llevaría a una nueva etiqueta para el equipo: “Campeonísimo”. Consiguió proclamarse campeón ocho veces y obtuvo cuatro títulos de Liga consecutivos, logro que ningún otro equipo mexicano pudo igualar.

Aquel tanto, el más importante de Chivas de Guadalajara no está televisado. Solo quedan los recuerdos de quienes estuvieron presentes aquella noche y los mitos que se crearon con el tiempo. Año 1957, 3 de enero. Último partido del campeonato. El equipo rojiblanco recibía en el Parque de Oblatos a Irapuato con la obligación de ganar para salir campeón por primera vez en su historia. Llegaban con la obligación de ganar, pero sobre todo con la obligación de quitarse de encima el apodo que se habían ganado durante los últimos años.

color 350Un gol mítico de su autoría dejó atrás la etapa de eternos subcampeonatos que le costaron al equipo el mote de “ya merito” (“ya casi”) para escribir la gloriosa historia que llevaría a una nueva etiqueta para el equipo: “Campeonísimo”.

El pasado reciente era condenatorio: en el ‘51, el equipo rojiblanco se enfrentó con su clásico estatal, el Atlas. A Chivas le bastaba un empate para salir campeón, pero gracias a un penal en la segunda parte, los rojinegros se consagraron por primera y única vez en la Liga. Esa sería la primera frustración. Durante los siguientes cinco torneos, llegaron líderes a los últimos encuentros. Pero el campeonato siempre se les escapó causa de un bajón en la recta final. “Ya merito ganas, ya merito ganas”, les gritaban en aquellos años.

Quienes estuvieron presentes en ese enfrentamiento recuerdan que el encuentro comenzó la noche del 3 de enero y finalizó en la madrugada del 4. El partido se mantuvo cero a cero durante 85 minutos. Llegó un centro al área. Entre varios jugadores, la pelota quedó bollando. Luego de varios rechazos fallidos -esos que provocan que los espectadores se paren de sus asientos- Chava Reyes encontró la redonda en sus pies, dentro del área chica. La mandó a guardar. No fue un gol lindo, pero ese tanto agónico cicatrizó la historia.  Luego del gol, todos los jugadores se fueron encima del Chava dentro de la portería. Sabían que a falta de pocos minutos, ese tanto los proclamaba campeones. La Liga se festejó dentro de la línea de cal.

Durante fines de los cincuenta y sesenta, Chivas fue el club que revolucionó el torneo mexicano. Consiguió proclamarse campeón ocho veces y obtuvo cuatro títulos de Liga consecutivos, logro que ningún otro equipo mexicano pudo igualar.

Durante aquellos años, con esta leyenda en cancha, nació otra: el clásico nacional, Chivas-América. En 1959, el equipo de la capital fue comprado por  Emilio Azcárraga Milmo heredero propietario de Telesistema Mexicano. Con el objetivo de arraigar el equipo en la sociedad mexicana, buscó su promoción en la rivalidad contra otro equipo y qué mejor que el Guadalajara el cual atravesaba su mejor época. Ese año, América visitó consecutivamente a los tres equipos de la ciudad de Jalisco. En los tres encuentros, el resultado fue 2-0 a favor del equipo de la capital. El 5 de agosto de 1959, tras vencer a Chivas, el entrenador de América, Fernando Marcos, declaró: “América no viene a Guadalajara a ganar, eso es rutina. Nosotros venimos para cambiarle el número de su teléfono de larga distancia. Así es que ya lo saben mis amigos: cada vez que quieran llamar a Guadalajara marquen dos cero, dos cero, dos cero o el 20-20-20. Cortesía del América”.

Reyes respondió con goles: le hizo 14 al equipo amarillo durante su carrera. “No me puedo acordar de tantos, porque fui quien le metió más goles al América. Hay una anécdota de que Zague grande nos hizo diez, y Zague chico nos metió otros diez, suman veinte. Pero los Reyes, o sea, mi papá, les anotó seis y yo catorce. Sumamos veinte, así que estamos empatados”, contó pícaro en una entrevista.

350selecionSu historia no se enmarca únicamente en Guadalajara. Su calidad lo llevó a ser no solo máximo goleador de Chivas, sino también jugador de la selección mexicana. “Me pidió de refuerzo el León para jugar un partido amistoso contra FK Austria Viena. Estuve ocho días entrenando con León y le ganamos 4-1. El entrenador del FK preguntó por mí, si yo era jugador de la selección. Al día siguiente, me convocaron”, contó Chava sobre su debut. El delantero jugó tres mundiales – Suecia 58, Chile 62 e Inglaterra 66 – en los cuales, sorpresivamente, no pudo marcar. Su principal momento con la selección fue el 29 de octubre de 1961. México y Paraguay debían enfrentarse en un repechaje para acceder al mundial de Chile. La selección sudamericana llegaba favorita, pero un gol de Reyes clasificó al Tricolor: Peniche, tras una pared con Ortiz, habilitó a Chava quien con un puntazo marcó el 1-0 definitivo. Si bien su participación en los mundiales no fue lo que se esperaba, en la selección dejó su huella: 20 goles en 76 partidos.

En 1967, después de quince copas ganadas con Guadalajara, Chava se retiró de su equipo. En los años siguientes, jugó en Los Ángeles Toros en Estados Unidos para luego volver a México como delantero de Santos Laguna, San Luis de Potosí y Atletas Campesinos de Querétaro. En 1972 se retiró oficialmente del fútbol…durante 36 años.

En 2008, ante la incredulidad de muchos, recibió un homenaje en vida. Un récord Guinness. Y una satisfacción: pisar de nuevo la cancha para que los flashes se enfoquen en él, pateando una pelota en un partido oficial. Con su edad a cuestas, el público coreando su apellido y el amor intacto por la camiseta de siempre.

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