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El equilibrio y la armonía

Es indudable que hace ya un largo tiempo que en la humanidad se había sacrificado una parte de la cultura del hombre en beneficio de otro sector de su propia cultura. En mi concepto, el hombre no es mejor porque sepa mucho, ni porque sea muy fuerte, ni tampoco es completo aunque tenga un espíritu superior. El mejor hombre no es el sabio ni el físicamente poderoso, sino el poderoso espiritualmente; el hombre mejor es el que coordina en forma más completa estas tres conquistas del hombre sobre sí mismo. Vale decir que, como sostenían los griegos, la grandeza del hombre está en su equilibrio y no en ningún desequilibrio que el hombre pueda crear en su inteligencia, su alma, su cuerpo. “Todo en la medida y en perfecto equilibrio”, decían los griegos y esto sigue siendo una verdad entera como tantas de las verdades que ya ellos enumeraron hace miles de años.

Por eso, yo creo que en nuestro país es necesario que reaccionemos contra el desequilibrio en que hemos venido actuando los argentinos, al despreocuparnos del cuerpo para formar una inteligencia poderosa, que sucumbía en mitad de camino, porque la osamenta era demasiado débil para soportar, o, como aquellos hombres que trabajaron extraordinariamente su inteligencia sin cultivar su alma y, en consecuencia, dieron esa poderosa arma que es la inteligencia a un hombre indigno de utilizarla, porque la utilizó mal. Busquemos esa armonía, como los griegos, para hacer un hombre fuerte dentro del cual haya un alma buena con una poderosa inteligencia que ilumine a ambos. Esta es la orientación moderna de la enseñanza argentina; esto es lo que queremos nosotros  para la educación de nuestros hombres y de nuestras mujeres.

31Por esta razón hemos ido paulatinamente creando, en el Ministerio de Educación, la posibilidad de alcanzar esa armonía en la educación de nuestros hombres y mujeres. Los organismos creados hasta ahora para el cultivo, de la inteligencia, son buenos; quizás un poco ampulosos y demasiados grandes, porque anteriormente se dedicaron sólo a cultivar un aspecto en detrimento del otro, y el resultado era una gran inteligencia, que la mayor parte de las veces estaba sobre una armazón endeble. Creo que para seguir cultivando la inteligencia de los argentinos, sobra el sistema escolástico actual. Para educar al cuerpo necesitamos crear los organismos, y, después, en la práctica, veremos que los organismos creados para desarrollar  nuestra inteligencia y fortalecer nuestro cuerpo, sirven también para educar y desarrollar nuestra alma; veremos que es la educación física y en la educación intelectual donde vamos a cultivar el espíritu.

Yo no creo que sea un pueblo deportista ese que concurre a los hipódromos, en donde los deportistas son los caballos, ya que los demás son observadores. Tampoco considero deportistas a las doscientas mil personas que asisten en las canchas de fútbol para ver jugar a veintidós jugadores. A mí me gustaría que los veintidós estuvieran en las tribunas y los otros doscientos mil jugasen al fútbol. ¿Cuál es el programa nuestro? Quizás no sea racional, pero en cambio es práctico, porque en estas cuestiones de organización lo perfecto suele ser enemigo de lo bueno, ya que cuando uno quiere hacer las cosas perfectas no hace nada, y es lo peor que puede hacer. Tratemos de realizar algo práctico y que forme deportistas; algunos creen que con buenas reglamentaciones ya están hechos los deportistas, pero muchas veces las reglamentaciones son las que impiden hacerlos. Es mejor deportistas sin reglamentaciones, que reglamentaciones sin deportistas. Por lo tanto, conviene que nos olvidemos un poco de las reglamentaciones. Nosotros tenemos que terminar con todas esas cosas, y la única forma de lograrlo es haciendo deportistas que trabajen, actúen y triunfen a pesar de las reglamentaciones.

Para eso, hemos pensado realizar una acción integral, así como hemos hecho otras cosas persuadiendo a la gente, y dando una consigna general que todos seguimos y llenando todos los sectores que podamos alcanzar para impulsarlos a realizar el deporte, como asimismo posibilitar a algunas instituciones del estado o privadas para que se ocupen de facilitarles a los muchachos la práctica del deporte. Lo hacemos seguros de que si nosotros posibilitamos a los muchachos para que practiquen deportes, vamos a tener una gran cantidad de deportistas.

Publicado en “Perón, treinta años que conmovieron la política argentina” – fascículo#18.