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Hay una certeza deportiva: la culpa no es del maratonista sino de quien le da de correr. Asuntos sucios en la supuesta “mayor Maratón de Sudamérica”.

Es que ellas y ellos, profundos maratonistas de ayer y de hoy, iban desde muy temprano alegres con sus camisetas azules, el logo de Clarín, Adidas y del Banco Provincia sobre el pecho para llenarse de orgullo creyendo que un domingo a la mañana corrían la carrera más grande de Sudamérica. “Mirá que Clarín miente”, podrían haberles anticipado mientras iban por el kilómetro uno y desde la vereda los afiches rojos de la nueva campaña publicitaria del Grupo anuncia a los argentinos: “Lo que se hace, se sabe”.

No hay nada más emocionante que correr poco más de 42 kilómetros y llegar. Sobre todo cuando se llega a la meta en el lote de los últimos. Y se recibe el sincero reconocimiento de quienes alientan a la vera del camino y arrojan tanta agua como esperanza de que uno llegue. Aunque imagino que el etíope Siraj Anda, el vencedor de la Maratón Buenos Aires 2016, opina lo contrario.

maraton2Pero la Maratón de Buenos Aires tiene sus orejas largas. ¿La mayor maratón de Sudamérica? Basta seguir la Maratón Ciudad de Río de Janeiro para comprender que ni somos los más grandes ni somos los mejores.

La cita del domingo 9 de octubre y sus 11.724 atletas, según la página oficial, encubrió un negocio que maneja fondos públicos que Macri destina a sus amigos privados. No Mauricio. Jorge Macri. ¿O será también Mauricio?

Años atrás puso el pie en la organización de esta Maratón (y otras que se llevan adelante en el Gran Buenos Aires) una inocente y muy cándida Fundación Ñandú. Claro, quién sospecharía de semejante ave argentina, simpatía de niños y niñas en las pasturas de la patria.

Con el tiempo, los benefactores de la Fundación Ñandú comprendieron que estaban bastante grandes para cuestiones infantiles y se convirtieron en la Asociación Ñandú, ahora dirigida por Mario Petrucci, presidente de la Federación Argentina de Ajedrez y por un periodista político-deportivo que tiene alta capacidad de conducción ideológica en los diarios Clarín y Olé: Ricardo Roa.

Para el Gobierno de Rodríguez Larreta, y para las páginas deportivas de los grandes diarios, la Maratón de Buenos Aires pasó a ser un candoroso “evento cultural y deportivo”.

Si sacamos la cabeza del Ñandú de su agujero, y sepan disculpar las avestruces por el plagio, encontraremos algunos números tentadores: para inscribirse, correr y recibir una medalla y un kit de objetos insignificantes había que pagar 320 pesos si eras corredor nacional u 80 dólares si naciste en otras latitudes. Abonaron la tarifa 11.724 atletas, tres mil de ellos extranjeros. Más los auspicios (pagos) de unas cuantas empresas como Axion, Granix, Adidas, los medios de Clarín y una serie de municipios macristas, encabezados por el de Vicente López. En el mundo del atletismo se ve tanta solidaridad… ¿Qué hace el municipio de Vicente López o el de San Isidro bancando una carrera en Capital? ¿Y qué hay de los premios para los ganadores?

El oscuro y rebuscado Reglamento de la competencia dice: “La organización no entrega premios dinerarios. Los premios en dinero entregados por terceros, entidades afines al atletismo o de fomento del deporte, no son entregados por la organización, y la organización no tiene responsabilidad sobre los mismos y las condiciones en que sean entregados”.

Terminada la carrera preguntamos dónde andaban los vencedores y dónde armarían el podio. Ni unos ni otros. La respuesta fue por lo bajo: “Parece que la Asociación Ñandú les está dando unos cheques a escondidas”.

maratonpodioEl día en que la Defensoría del Pueblo de la Ciudad investigue y compare se encontrará que en la Maratón de Roma, supuesta hermana de la Maratón Buenos Aires, pasan otras cosas: por ejemplo, la página web romana anuncia para 2017 cuáles serán los premios que recibirán los vencedores. El ganador se llevará 1.500 euros, el segundo 1.200, el tercero 1.000 y el vigésimo 100 euros. En cambio aquí, en la Maratón de Buenos Aires, dicen que sólo habrá plata para los tres primeros/as. En una fiesta que no tiene fecha. El Reglamento, evita mencionar todo detalle. ¿Cuánta plata? Andá a preguntarle a Macri…

Muchas caras felices ayer al terminar la brillante obra de los cuerpos humanos. Algunos cerebros reflexionaban, entre Gatorade y agua mineral, “son unos caraduras, levantaron la carrera cuando aún quedaban maratonistas corriendo”, “transitamos por una calle empedrada, eso es una barbaridad”. Los atletas más comprometidos con la lucha de los hombres y mujeres del atletismo pegaban gritos por la oscuridad de los manejos del dinero.

Para los medios todo esto de las maratones se trata de cuestiones privadas y entonces el grupo ClarínOlé y la firma Adidas pueden hacer lo que quieren con su dinero y organizar las cosas a su gusto y bolsillo. Para ellos no hay nada malo en que tras los beneficios de la organización se oculte un periodista jerárquico del grupo como Ricardo Roa.

Para nosotros sí, porque primero se trata de uno de los personajes (Roa) que clama por transparencia y honestidad (al mismo tiempo que sugiere las políticas del gatillo fácil). Y segundo porque la Maratón recibe y tiene el apoyo de fondos públicos. Del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, de las municipalidades mencionadas y del generoso Grupo Bapro del no menos generoso Jorge Macri, entre otros. En el peor momento económico y de crisis de la provincia de Buenos Aires, tanto el grupo Provincia, Provincia ART, Provincia Net y Provincia Seguros (todos sponsors de la Maratón), recibieron la directiva de Jorge Macri y la gobernadora Vidal, de sostener con dineros del pueblo negocios privados. Plata fresca que va a las manos de quienes ni siquiera publican los premios que se pagan a los atletas.

¿Dónde hay un fiscal que investigue?

¿O será que andan por los agujeros del Ñandú?