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Contra Real Madrid no se puede jugar. Sobre todo si sos menos. Tenés que refugiarte y rezar que no te emboquen. ¿Querés salirle de igual a igual? Te comen. Y más si sos visitante. Y más si juega con los titulares, si en cancha está Cristiano Ronaldo más la troupe habitual: Isco, Modric, Kroos, Casemiro, Ramos, Marcelo y Bale. Con el arquero de siempre: Navas.

Supongamos que se da el milagro, y aguantaste el cero hasta el último instante del partido. Rezongaste por los cuatro que agregó el árbitro, pero tenés la pelota en ese minuto final del descuento. ¿Qué hacer? Sacarla de punta, obvio. Que me vengan a buscar. Saque fuerte si quiere empatar.

Pero aparece el Betis, dirigido por un hombre apodado Quique y de apellido Setién. Y llega 0-0 al final, y sale de contra, a toda velocidad. La jugada pinta para tirarla hacia adelante y armar un tres contra dos fallido que termina en lateral para los locales. Pero no. Uno decide frenar. Hace la pausa, pasa hacia atrás. Y empieza esta obra de arte con tres corazoncitos verdes.



Por las dudas, aclaramos: Real Madrid es el de blanco. El otro, el de verde, que le pega un tremendo baile al posible mejor equipo del mundo en la actualidad, es el Betis. Un equipo cuyo único jugador más o menos conocido es Tello, ex Barcelona. En el minuto 94 de un 0-0 en el Bernabéu, no se desespera. No se siente menos. No se vuelve loco. No la revolea. Toca. Y toca. Y toca. Y toca. No solo se defiende con la pelota. Ataca. Decide atacar. Decide buscar variantes para atacar. Aunque lo aprietan los perros de presa blancos, busca espacios y los va generando.

Screen Shot 2017-09-21 at 2.41.25 PMY consigue un gol extraordinario por su gestación, más que por su definición. Un gol que no es espectacular por lo que sucede al final, sino por la acumulación de contenido. Un gol que no es por nocaut, sino por puntos. Un típico gol de Barcelona o Real Madrid. Un gol que se cae del árbol porque fue madurando. Los muchachos se pasaron la pelota tantas veces, y se mostraron tantas veces para recibir en corto, que los defensores del Madrid -cansados de correr- solo esperaban otro pase en corto. Por eso un jugador puede romper la linea defensiva en la anteúltima jugada: porque sus marcadores se corren hacia la línea de un presunto pase que no llega. El amague es efectivo por todo lo anterior. Genera una corrida hacia adelante que deriva en un nuevo pase hacia la derecha. Y allí hay dos jugadores juntos… que vuelven a separarse para armar una opción de pase extra. Y para terminar de redondear la cosa, ese pase tampoco llega. Llega un centro y un muchacho que -frente a una defensa groggy- cabecea al gol. Al 1-0. A la victoria.

Acá lo tienen (incompleto) desde otro ángulo.

Lo que más nos gusto es que la prensa deportiva de España rescató la propuesta maravillosa de Quique Setién y los suyos. La verdad, es que al Betis un poco lo habían peloteado. E incluso habían sufrido una pelota en el palo después de un taco que podría haber sido tranquilamente un golazo para el otro equipo. El Betis se defendió casi todo el partido y apostó a la contra. Se salvo de algunas. Y en el final lo embocó al Madrid para dejarlo sin nada. La propuesta no fue gran cosa, y lo que se rescata en realidad -de manera canalla, como es habitual en el periodismo deportivo- es el resultado.

A nosotros nos gustó otra cosa. Porque aunque Betis haya jugado a defenderse en este partido, ese último gol no podría haber sido posible sin la idea madre. En algún momento estos jugadores ensayan este estilo y deciden pasarse la pelota. Celebramos que hayan decidido hacerlo en el último minuto de un partido que no perdían ni ganaban por goleada, ante un rival que se presupone superior.

Eso habla de ellos, de su DT y de las cosas del fútbol que todavía podemos luchar por cambiar.