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A don Franco Baresi hay que tratarlo de usted. Y más ahora, que a sus 57 primaveras, se ha empoderado. Aparece en Casa Milan, la flamante y futurista sede administrativa del club, con vaqueros, camisa blanca, americana, zapatos a la moda, cinturón de marca carísima y anteojos de sol. Tan sólo se desprende de ese look como de estrella de Hollywood cuando se sienta a charlar. Entonces le aparece una sonrisa de medio lado entre socarrona e infantil que nos devuelve al chico aplicado del pequeño pueblo lombardo de Travagliato. Porque habla poco de lo personal y mucho de lo que le gusta, de fútbol. Aunque él no elige ese término, sino que recurre una y otra vez al trabajo, la sociedad, la constancia o el empeño. Valores inoculados en el hombre milanés, que no sólo capitaneó una familia, sino que formó un equipo.

¿Por qué ya no existe la posición de líbero en el fútbol actual?

Ha cambiado el modo de jugar. Antes se formaba un esquema con un líbero y marcadores, mientras que ahora se juega en zona. Aunque es cierto que yo también he jugado en zona. Nosotros revolucionamos el modo de jugar durante los primeros años de Sacchi. En Italia cambió completamente la mentalidad.

¿Fue usted un revolucionario?

Nils Liedholm [entrenador sueco del AC Milan entre 1987-1989] ya me puso ahí. Cuando comencé a jugar en esta posición me encantaba. Estaba muy metido en el juego, siempre implicado. Mis características se multiplicaban con este tipo de fútbol. Me gustaba aquel estilo ofensivo.

Al principio, aquel equipo tuvo años complicados.

Sí, conocimos lo que era la Serie B, la sociedad no era fuerte. Pero después llegó el presidente Berlusconi y cambió radicalmente la forma de pensar, la organización, la cultura, la filosofía… El Milan comenzó a ser un equipo importante por su sistema de juego. Entramos en la Liga de Campeones, tuvimos las posibilidades económicas de comprar a los mejores jugadores. Pero lo importante es que el juego del Milan lo recuerdan todos porque consiguió transmitir emociones no sólo a los tiffosi rossonieri, sino a todo el que ama el fútbol.

¿Qué era aquel Milan?

Cultura. Era una filosofía, se transmitía la mentalidad del trabajo, el sentido de pertenencia, la fidelidad a la sociedad.

Así fue modelado usted.

Fui afortunado. Habiendo vivido tantas situaciones infelices durante mi juventud, tuve la posibilidad de estar durante 20 años transmitiendo a todos los que pasaban por allí cuáles eran los valores importantes.

¿Es el mejor equipo que ha visto?

En la historia del fútbol hay ciclos, es muy difícil hacer comparaciones. Nosotros tuvimos un periodo muy importante primero con Sacchi y después con Capello. Fueron siete u ocho años en los que fuimos cinco veces campeones de Liga y llegamos a cinco finales de Copa de Europa. Fue una cosa increíble. Ahora es el turno de Barcelona, Real Madrid y Bayern. Pero una continuidad como la del Milan en los últimos 20 años, muy pocos la han tenido

¿Cómo eran los holandeses?

Extraordinarios. Eran unos fuera de serie. Trajeron una mentalidad ofensiva, que para el fútbol italiano de aquella época era muy importante. Todo el mundo tiene un gran recuerdo de ellos como grandes campeones y grandes profesionales. Fuera del campo, Van Basten era tranquilo. Rijkaard también. El más inquieto era Gullit, era el que tenía una mayor personalidad. Era el más divertido, el que siempre animaba al resto.

Digamos que Gullit era el que se salía de la disciplina.

Era el que más se divertía. Los otros estaban únicamente pendientes de la familia y el trabajo. Pero los tres demostraron que eran grandes futbolistas.

Se dice que Van Basten tuvo algún problema con el carácter de Sacchi.

Sí, al principio le decía que ya estaba bien, que no podíamos trabajar a ese ritmo. Van Basten le decía que si no le bastaba con ganar y Sacchi le respondía que debíamos hacer siempre algo más, jugar un fútbol emocionante.

¿Era difícil trabajar con Sacchi?

Era un tipo curioso de conocer. Al principio todos dudábamos de que nos fuera a meter en la cabeza todas sus ideas. Hasta que conseguimos conectar con su mentalidad. Nos hizo comprender la importancia del entrenador, con su atención maníaca de la organización y el trabajo diario. Después nos dimos cuenta de que era la única forma de vencer y convencer.

Era un poco obsesivo.

Pero tenía razón. Estaba las 24 horas del día con la cabeza en el fútbol. Su obsesión era que los jóvenes aprendieran. En el Milan fue un revolucionario, ofreció un estilo nuevo que después lo han adquirido otros equipos.

¿Cómo era ese trabajo para usted?

Para mí lo importante era descubrir la pasión, divertirme. Si te divierte lo que haces, no te puede pesar el trabajo. Es la mentalidad que se le inculca a los campeones.

¿Y es fácil de esta forma separar la vida privada y el trabajo?

Yo creo que lo conseguí. Sabía que tenía una gran oportunidad de triunfar. Por eso me concentré tanto en el trabajo, intentando siempre no torturar a la familia. Ellos también me dieron un apoyo para continuar.

¿Cómo se fajaba uno con Maradona?

Uno contra uno era imposible, pero nosotros basábamos nuestra defensa en la organización. El colectivo era superior a su calidad individual.

Siempre el grupo…

Sí, con la presión o el fuera de juego. El trabajo de Sacchi era fundamental.

¿Qué prefería, jugadores rápidos y habilidosos o un atacante potente?

Lo pasaba peor con los delanteros fuertes. Con los otros sufría menos, porque yo era rápido, atento, siempre me anticipaba a la jugada. Pero sufría más con los que no me dejaban anticipar y te creaban problemas con su cuerpo para defender el balón. Careca en eso era extraordinario. También Platini era difícil de marcar porque realmente no era un atacante, era un jugador distinto, muy inteligente.

Usted también basaba su juego en la inteligencia.

Mi primera virtud era pensar antes que los demás. Luego dirigir al equipo. Y saber siempre el reparto de nuestros jugadores, saber cómo era nuestra organización y donde estaba el adversario.

Su imagen siempre se vincula con el Milan, pero no tanto con la selección italiana. ¿Le queda un recuerdo algo amargo con la Nazionale?

Bueno, he jugado tres mundiales y 82 partidos. Creo que allí siempre fui competitivo.

Si Sacchi era un revolucionario, Cruyff también lo era, ¿no?

Sí, Cruyff jugaba siempre con muchos riesgos, pero a la gente le gustaba. Tú tienes que ofrecer algo a la gente. Cruyff quería que lo recordaran, siempre con la mentalidad ofensiva que también tenía como jugador.

Aunque en la final del 94 el Barça no fue rival…

[Risas] Ellos eran fortísimos en el centro del campo y en ataque, pero sabíamos que en defensa sufría. Éramos más organizados que ellos y ganamos ese partido gracias a la velocidad.

Tampoco el Real Madrid de la Quinta del Buitre guarda un grato recuerdo de ustedes.

[Vuelve a reír] Recuerdo bien aquellos partidos, había una rivalidad fuerte. En el 88 para nosotros era la primera vez que jugábamos Copa de Europa, después de haber ganado el Scudetto. Sacchi nos mandó que estudiáramos al Real Madrid, cómo se posicionaba en el campo, qué hacía. Ellos jugaban de una forma muy poco organizada, eran muy soft. Nosotros les planteábamos un partido fuerte y ahí éramos mucho más equipo que ellos.

¿Y qué opina del Atletico de Simeone?

Es otro tipo de fútbol. Ha hecho resultados, pero a mí no me gusta porque es demasiado defensivo. Es organizadísimo. Pero si uno va a ver al Atletico de Madrid no puede decir que va a ver a un equipo que le va a divertir como el Barcelona.

bareAhora se habla constantemente de tridentes y de grandes estrellas. ¿La concepción del fútbol es ahora más individual que antes?

Creo que en el fútbol lo importante es saber mezclar lo individual con lo colectivo. Combinar esa habilidad, pero siempre teniendo presente el bloque. Ese el secreto. De otra forma, puedes ganar una vez, pero no vas a tener continuidad. El conjunto es lo que convierte a tus individualidades en mejores jugadores. Es lo que tiene el Barcelona y es lo que teníamos nosotros. Si ves a Messi en otro equipo que no le da este juego, no es lo mismo. En la selección ha rendido muchas veces a la mitad, porque no se ve envuelto en el juego, no se divierte.

¿Si jugara entonces aquel Milan ahora mismo seguiría siendo dominante?

En lo que más ha cambiado el fútbol es externamente. Se nota más el físico y la alimentación es distinta. Pero no se puede decir que Maradona no podría jugar ahora o que Messi no hubiera podido jugar hace 20 años. Los grandes campeones lo son siempre. Los equipos se organizan de forma acorde a su tiempo, pero los grandes talentos se adaptarían. Para mí, entre el gran Milan y el gran Barcelona, el gran Milan vencería.

Se dice que la historia de Italia en los últimos 30 años es la historia de Berlusconi. Y la historia de Berlusconi es la historia del Milan.

Cuando uno piensa en el Milan piensa en Berlusconi. Ha sido el presidente que más ha hecho de todos y el que ha dado esta filosofía al fútbol italiano. Es un personaje increíble. Cuando habla te da confianza, transmite entusiasmo. Está lleno de energía y lo transmite a su modo a todo el que tiene a su alrededor.

¿Cómo se comportaba con los jugadores?

Nada más comprar el equipo se dirigió a nosotros y nos dijo que en dos años íbamos a llegar a lo más alto del mundo. Nos quedamos todos mirándonos y pensábamos que estaba yendo un poco lejos. Al poco tiempo nos convertimos en el equipo más importante del mundo, un equipo que maravilló por cómo jugaba. Venía mucho a Milanello antes de los partidos. Él tenía una gran relación conmigo, me quería mucho por mi papel en el equipo. Cuando se metió en política tenía menos tiempo para el fútbol, pero su figura siempre ha sido fundamental.


*Publicado originalmente en la Revista Líbero.