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Hace poco más de dos meses, Brasil estaba afuera hasta de la zona de repechaje en las Eliminatorias, eliminado en primera ronda de la Copa América Centenario, a un partido de despedirse en la fase de grupos de los Juegos Olímpicos y sin director técnico. Hoy, es el líder indiscutido de la clasificación sudamericana para Rusia 2018 y una de las Selecciones más sólidas del mundo. Aunque hay varias razones de esta metamorfosis tan pronunciada, el principal responsable tiene nombre y apellido: Adenor Leonardo Bacchi. Tite.

negro350Antes de regresar a Corinthians a principios de 2015, Tite se tomó dos años sabáticos para profundizar su formación e incorporar nuevos conceptos. Viajó a España para ver a Carlo Ancelotti trabajar en Real Madrid e ideó un método, que lejos de ser revolucionario, tiene la simpleza de su propia personalidad. Se trata de los “tres discursos”. Primero, les dice a los jugadores qué es lo que quiere de ellos, luego traslada esa búsqueda al campo de juego en los entrenamientos y finalmente subraya la idea con videos. “Alguna de las tres veces, les queda en la cabeza”, afirma. Y es muy fácil darse cuenta de que tiene razón.

Tite es claro, contundente. No da vueltas, no tiene un lenguaje florido ni demasiadas palabras. Es un técnico de hechos, de acción. Por eso, donde se apoya todo su método es en el segundo paso, el del trabajo en el campo de juego. Lo realizado con Corinthians en el último año y medio le sirvió para evolucionar como DT y para trasladar a la Selección nacional elementos fundamentales en la formación de un equipo. Porque Tite llegó a la Verdeamarela para armar un equipo, no solo para gestionar individualidades. Y lo hizo después de tres prácticas.

Antes de implementar los “tres discursos”, es necesario tener una idea clara. Y Tite la tiene. Su plan de juego se apoya en tres variantes: el equilibrio defensivo, la presión y, sobre todo, la capacidad de avanzar con la posesión por intermedio de triangulaciones. En este último punto se puede resumir el secreto de la resurrección del Seleccionado brasileño. Apenas llegó, Tite les hizo entender a los jugadores que era imprescindible tener una movilidad superior a la de sus rivales en el centro de la cancha para contar con la superioridad numérica que les permita a Neymar, Douglas Costa, Willian o Gabriel Jesús desnivelar en la zona ofensiva. En el primer partido, Brasil goleó 3-0 a Ecuador en Quito. Ni la altura pudo contra este concepto.

Como Edgardo Bauza, Tite habla mucho de “equilibrio”. Pero le da un sentido global al término, no sólo táctico. “El equilibrio es lo primero que se debe tener. No sólo futbolístico, lo emocional es muy importante. Es necesario tener cualidades para absorber la presión”, dijo cuando dirigía a Corinthians y esas mismas palabras se pueden trasladar a su experiencia en el Scratch. Porque cuanto Tite llegó, el plantel brasileño estaba deshecho desde lo anímico. El 7-1 aún dolía y lo que pasó después no ayudó a olvidarlo, todo lo contrario. Por eso, su búsqueda de equilibrar el equipo fue fundamental.

tite“Buscaremos equilibrio en defensa, protegernos bien. El ataque debe tener mucho criterio. El equipo puede funcionar con trabajo. Todo proceso toma tiempo en volverse sólido. Ahora dependemos de como el equipo se pueda sentir para adaptarse más rápidamente. La idea es construir el juego con marca compacta y lateralizar para abrir espacios”, dijo antes de su debut en Ecuador. Hoy, cuatro partidos (y victorias) más tarde, es posible afirmar que cada uno de esos objetivos se cumplió. Brasil es una Selección renovada en todos los aspectos.

El sistema táctico que utiliza es un 4-1-4-1, con Renato Augusto como jugador clave del mediocampo. El hombre de 28 años que juega en Beijing Guoan de China es el símbolo de esta nueva era. Brilló en los Juegos Olímpicos y Tite le dio un papel clave en su idea. Es el jugador que hace posible las triangulaciones, porque siempre se muestra como opción de pase, tanto para los defensores como para los volantes ofensivos. Paulinho y Fernandinho son sus socios en la contención y también en el comienzo de las jugadas, mientras que Philippe Coutinho, Neymar, Willian o Costa se mueven más adelante, con el juvenil Gabriel Jesus o Firmino como centrodelantero.

Tite convenció a todos con una velocidad que nadie se esperaba. Es cierto que su nombre suena desde hace mucho tiempo para hacerse cargo del Seleccionado y que él rechazó la oferta en algunas oportunidades por diferencias con la CBF, sin embargo, su capacidad para revolucionar al Scratch fue mucho más fuerte de lo esperado. Hoy, es amado por sus jugadores. Dani Alves, por ejemplo, afirmó: “Tite me recuerda a Guardiola”.

Sin embargo, su estilo es mucho más cercano a Carlo Ancelotti, a quien tiene como referente. En 2013 y 2014, Tite siguió el camino de Guardiola, Klopp, Tuchel y el propio Ancelotti: se tomó un año sabático para incorporar conocimientos y para estudiar. A principios de 2014, viajó a Madrid, para reunirse con quien en ese momento era entrenador del Real. Allí, asistió a entrenamientos y se reunió a charlar en algunas oportunidades. Esos contactos le sirvieron para ser “más directo” con sus dirigidos y “más preciso” en la preparación de los partidos. Además, generó un cambio casi sacrílego para el fútbol brasileño: dejó de realizar el clásico fútbol reducido en las prácticas y comenzó a organizar movimientos específicos con pelota.

Tite tuvo una discreta carrera como mediocampista defensivo, que comenzó a los 17 años en Caxias, el club de su pueblo, en el estado de Rio Grande do Sul. Luego, pasó por Esportivo de Bento Gonçalves, Portuguesa y finalmente Guarani, donde se coronó subcampeón nacional en 1986. Tuvo que retirarse de forma prematura a los 28 años, debido a varias lesiones en la rodilla. Debutó como técnico un año después, en Grêmio Atlético Guarany, y en 1991 regresó a Caxias. Su primer título llegó en 1993, cuando ascendió a la Serie A del campeonato gaúcho a Veranópolis.

gremio-350Luego de ganar un título estadual con Caxias, dio el salto a un club grande en 2001, cuando Gremio decidió confiar en un entrenador nacido cerca de Porto Alegre, joven y de estilo moderno. Allí, ganó otro torneo gaúcho y una Copa Brasil. Luego de una temporada en Sao Caetano, tuvo su primera experiencia en Corinthians, donde regresó en 2010, tras dirigir a Mineiro, Palmeiras, Al-Ain y Al-Wahada de Emiratos Árabes e Inter (ganó otro gaúcho, una Sudamericana y una Suruga Bank). El ciclo 2010-2013 fue el más exitoso de la historia del Timao, con un Paulistao, un Brasileirao, una Libertadores, una Recopa y el último Mundial de clubes que ganó el fútbol sudamericano. Tras su par de años sabáticos, retornó en 2015 para ganar otro título nacional.

Su paso por un club tan singular como Corinthians le sirvió para incorporar algunos conceptos novedosos que pueden parecer un simple dato de color pero también sirven para describir la manera de trabajar de un director técnico. En 2015 y como una especie de homenaje a la Democracia Corinthiana, permitió que los jugadores votaran a mano alzada el horario de entrenamiento. Antes, en 2010, había puesto en funcionamiento un software de última generación para utilizar en los videos que le proyectaba al plantel.

“El colectivo potencia al individuo y no al revés”, es una de sus frases de cabecera. En la Selección ese es un dilema que deberá afrontar siempre, ya que cuenta con uno de los mejores futbolistas del mundo, que desequilibra desde su talento individual. La función de Neymar está clara: juega libre pero debe ser uno más en el circuito ofensivo. Hasta ahora, el crack de Barcelona lo ha hecho a la perfección. Atrás quedaron las críticas del DT por el egoísmo de Ney cuando jugaba en Santos, aunque después de esta fecha de Eliminatorias afirmó que espera que el diez “se enfade menos y defienda más”. Con Tite no hay privilegios de cartel.

A pesar del profesionalismo y las buenas intenciones de Tite, lejos está la Selección brasileña de volver a las fuentes. Después de la muerte de Telé Santana, el fútbol de ese país ha tenido entrenadores que buscaron alejarse de esa forma de entender el juego. Carlos Parreira, Luiz Felipe Scolari y Dunga no se parecen en nada al gran Telé y han sumado más fracasos que éxitos. Tite tampoco está cerca del “jogo bonito”, pero no cuenta con el histrionismo ni la chapa mediática de sus antecesores. Sólo con su trabajo y formación. Eso lo pone un paso adelante.

“En el fútbol brasileño un técnico no tiene que matar un león al día. Tiene que enfrentarse con todos los leones de la selva cada día”, afirmó alguna vez Santana. Hasta ahora, Tite supo cómo matar a los leones sin recibir ni un rasguño. Tiene las herramientas para enterrar el mal momento de Brasil y devolverle la gloria perdida.