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Érase una vez una época en la que la Selección Argentina jugaba Copas anuales contra sus rivales continentales más encumbrados. Aquellos partidos tenían la relevancia que hoy pueden tener las Eliminatorias o una Copa América. Podían ser a un único juego o ida y vuelta, pero los equipos se preparaban a conciencia y los resultados podían definir el futuro inmediato de los Seleccionados. Se trata de la Copa Roca, la Lipton, la Carlos Dittborn y la Rosa Chevallier Boutell. Nombres de otros tiempos que forman parte de la historia grande de nuestro fútbol.

liptonLa Copa Lipton fue la primera competencia regular de la historia de Sudamérica. El adversario era Uruguay y fue el ámbito en el que creció y se desarrolló la rivalidad rioplatense, la segunda más antigua del mundo después de Inglaterra-Escocia. La primera edición fue en 1905, con futbolistas de ascendencia inglesa en su mayoría, y terminó 0-0 en Buenos Aires. Aquel fue el tercer enfrentamiento entre estos dos conjuntos y la Celeste se quedó con el trofeo por haber sido el visitante. Se jugó en 29 ocasiones y convivió con la Copa Newton, entre los mismos combinados.

Se llamó Lipton en honor al magnate británico Thomas Lipton, quien donó un trofeo -el más antiguo que hoy tiene la AFA en sus vitrinas- confeccionado por los orfebres ingleses Flokington, de Regent Street. Nació con el objetivo de que las ganancias sean donadas a la caridad. Argentina ganó el título en 18 oportunidades y Uruguay lo hizo once veces. La última vez que se disputó fue en 1992, cuando igualaron 0-0 en el Centenario de Montevideo. La postmodernidad y el aumento de la cantidad de compromisos hizo que estos mini torneos se dejaran de disputar.

La década de oro de esta competencia fue la del diez, ya que sin duda representaba el momento más importante del año para ambos equipos. No tenían rivales de peso en el continente y jugar en Europa era una utopía, por eso ambas Selecciones se preparaban con todo para llegar en plenitud al 15 de agosto, fecha en la que se jugó de forma estricta hasta 1917. Durante los años veinte también fue trascendente y fue perdiendo importancia tras el nacimiento de los Mundiales, los conflictos entre la AFA y la AUF y la inclusión de otras Asociaciones en los torneos sudamericanos.

celesteOcho ediciones se jugaron en la década del diez, con cinco triunfos uruguayos y tres argentinos. La Copa Lipton de 1910 quedó en el recuerdo porque marcó el nacimiento de “la Celeste”. Sí, aquel 15 de agosto el combinado charrúa estrenó la camiseta que se convertiría en leyenda tiempo después. Fue triunfo 3-1 para los locales en el estadio de Belvedere en Montevideo. Tres años después Argentina se vengó con una de las goleadas más grandes de este certamen: ganó 4-0 en Avellaneda.

Hasta aquella accidentada final del Mundial 1930, argentinos y uruguayos se enfrentaban tres o cuatro veces por año. De ese modo crecieron hasta convertirse en las máximas potencias del mundo. Sólo se veían las caras entre sí y con algún rival más que podía ser Brasil o Paraguay. Era tanta la rivalidad que alcanzaba para mantener una disciplina de trabajo seria y constante.
Por eso la Copa Lipton y la Copa Newton fueron tan trascendentes, porque sirvieron para forjar una identidad y una manera de sentir el fútbol.

La primera Copa Roca se jugó en 1914, meses después del estallido de la Primera Guerra Mundial. Brasil sorprendió y le ganó a Argentina por 1-0 con gol de Rubens Sales en el estadio de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires. Ese año la Albiceleste no iba a jugar la Copa Lipton y un Seleccionado brasileño en crecimiento podía ser un rival interesante. La flamante competencia se llamó así en homenaje al presidente Julio Argentino Roca, quien presenció aquel primer duelo. Aunque seguramente en aquellos días era difícil pensar que este choque se transformaría en el clásico más interesante del mundo, despertó gran expectativa entre los hinchas de ambos países.

Brasil - Argentina -1939La Copa Roca es la más rica en anécdotas y resultados históricos: dos 5-1 y un 6-1 de Argentina a Brasil, un 6-2 y un 5-2 de Brasil a Argentina, varios empates emotivos y un promedio de más de cuatro goles por partido en las 12 ediciones disputadas. No se disputó todos los años y nunca tuvo una fecha fija, pero con el correr del tiempo se convirtió en un compromiso clave para ambos Seleccionados. De hecho, durante la década del cuarenta fue, junto con el Sudamericano, la competencia más trascendente de la región. El hecho de no tener Mundiales potenció el choque entre dos de los tres grandes del continente.

En enero de 1939, Brasil venía de ser la sensación de la Copa del Mundo de Francia y era el gran favorito para quedarse con la tercera Copa Roca. Sin embargo, Argentina brilló en el estadio Sao Januario de Río de Janeiro y lo goleó por 5-1. Herminio Masantonio (2), José Manuel Moreno (2) y Enrique García convirtieron los goles del visitante, que contaba con una generación muy talentosa pero sin participaciones mundialistas por decisión de la AFA. En la revancha ganó Brasil 3-2 en el mismo estadio y la edición 39/40 se cerró con un 3-0 de la Albiceleste en Sao Paulo.

En 1940 se produjo la máxima goleada de la historia del clásico: un 6-1 de Argentina a Brasil en la vieja cancha de San Lorenzo. Guillermo Stábile recién llegaba a la dirección técnica y este fue su primer gran triunfo. La delantera del conjunto ganador estaba formada por Carlos Peucelle (River), Antonio Sastre (Independiente), Herminio Masantonio, Emilio Baldonedo (ambos de Huracán) y Enrique García (Racing). Un verdadero cuadrazo. La revancha llegó cinco años más tarde, cuando la Verdeamarela (todavía blanca) goleó 6-2 en Río de Janeiro.

para paraguayLa Copa Rosa Chevallier Boutell fue donada por un deportista inglés en homenaje a su esposa. La primera edición fue en 1923 y significó la que aún hoy sigue siendo una de las máximas hazañas del fútbol paraguayo. La Albirroja venció 2-0 a Argentina en el estadio de Sportivo Barracas y se quedó con el trofeo. Aquella fue una de las dos veces que festejó, contra 12 títulos argentinos (compartieron la corona en la segunda edición, en 1925).

Esta competencia tuvo trascendencia sobre todo en las décadas del veinte y del cuarenta. Hay varias goleadas de Argentina para destacar, sobre todo un 8-1 en 1964, pero ha sido muy importante para el desarrollo del fútbol paraguayo. En julio de 1945, la Albirroja goleó 5-1 en otro de los momentos dorados de su historia. En el equipo de Stábile jugaban Ángel Labruna, René Potoni, Rinaldo Martino, Vicente De la Mata y Tucho Méndez, entre otros. Aquel día Paraguay le ganó a la que todos veían como la mejor Selección del planeta -sentencia incomprobable por la guerra en Europa-.

Carlos Dittborn fue el presidente del Comité Organizador de Chile de la Copa Mundial de Fútbol de 1962. La primera edición de la Copa creada en su homenaje se disputó meses después del final del torneo que ganó Brasil. Es decir que no tuvo la importancia en el desarrollo del juego y en el crecimiento del profesionalismo como las tres mencionadas antes pero sí despertó interés en ambos países. En el primer juego válido por la Copa Dittborn, Chile y Argentina empataron 1-1 en Santiago de Chile. En la revancha jugada en Buenos Aires, Argentina ganó 1-0 y levantó el trofeo.

cop chileLa supremacía de Argentina es casi absoluta: ganó ocho de las nueve ediciones y sólo perdió dos encuentros. Uno de ellos es el de 1973, un momento inolvidable para la Roja. Salvador Allende todavía estaba en el poder y la Selección chilena tenía un plantel muy rico, con Carlos Caszely como figura. En el juego de ida había hecho un gran papel en Buenos Aires pese a la derrota 5-4. La expectativa antes de la revancha era muy grande y el conjunto local no decepcionó: ganó 3-1 en el estadio Nacional y se quedó con la Copa, uno de los trofeos más importantes que descansan en la Asociación chilena.

Cuatro copas sin fecha fija ni con una organización muy cuidada. Algunos años se jugaban, otros no. Sólo en 1945 coincidieron tres de ellas. A pesar de eso, tienen una relevancia muy grande en el desarrollo del fútbol argentino. Porque sirvieron para salir a la cancha, competir y forjar un estilo. Y en definitiva, ¿qué hay más importante que eso?