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papa“Hay una semejanza bíblica entre el empresario y el pastor”, dijo el fanático anticomunista Karol Wojtyla, Papa de entonces, ante un auditorio extasiado. ¿Una homilía ante los feligreses de la plaza San Pedro? Frío. Fue en una charla ante unos siete mil empresarios argentinos, mayoría católica, en el estadio Luna Park, durante 1987.

Es que ahí mismo donde fatigaron la lona colosos como Monzón, Nicolino Locche y el Mono Gatica, entre cientos de boxeadores, y se libraron combates encarnizados ante el rugido de la popular, también tuvieron lugar escenas clave de la política. Algunas tan curiosas –por decirlo con elegancia– como la del Papa polaco, otras con discursos más felices. Desde la izquierda comunista hasta la derecha nazi (se juntaron en 1938 con su parafernalia de esvásticas), toda las organizaciones tuvieron alguna vez su bautismo en el Luna. También ha habido espacio, cómo no, para el gran espectáculo y las fiestas de la farándula.

peron gaticaPor el palacio de Corrientes y Bouchard pasaron todos y eso es lo que muestra, con lujo de detalle, datos reveladores, anécdotas jugosas y prosa seductora el libro Luna Park. El estadio del pueblo. El ring del poder, escrito por la dupla de periodistas Guido Carelli Lynch y Juan Manuel Bordón y editado por Sudamericana.

Para hacer un somero repaso: en el Luna Park velaron a Gardel (el estadio había inaugurado su sede definitiva apenas tres años antes) y a Justo Suárez (la secuencia de su sepelio es entre dolorosa y desopilante). Ahí mismo se casó Maradona y se conocieron Perón y Eva, se despidió Sui Generis y cantó Sinatra (mientras se fundía Palito), se vio boxeo del mejor, con sus clásicos inmortales y sus campeones del mundo, ciclismo, básquet, catch, patinaje sobre hielo, circos y espectáculos de todos los géneros y nacionalidades. Y los sucesivos actores del poder rondaron sus butacas, seguros de que hacia ese tinglado se dirigía con frecuencia el foco de atención. Se tendía una alfombra roja imaginaria.

palito sinatraPero los autores no se limitan a enumerar hitos históricos y  episodios resonantes. Se toman el tiempo para sintetizar la ardua saga del boxeo en la ciudad de Buenos Aires, desde la clandestinidad entre extranjeros buscavidas y dandis locales hasta el embrión del negocio, a partir de la emblemática figura de Luis Ángel Firpo.

En esa trama se insertan los creadores del Luna Park, Ismael Pace y Pepe Lectoure (el tío de Tito, a quien las nuevas generaciones identifican con el estadio). En el itinerario de ambos se subraya la perseverancia de los pioneros (capitalistas sin capital, que se inventaron a sí mismos). Pero no se omite cierta oscuridad para moverse en una especialidad tan singular como una empresa boxística.

construcciónLa lenta construcción del Luna, más allá de la organización de espectáculos deportivos, es un reflejo de ese espíritu emprendedor y está narrado con todos los pormenores y gran cantidad de buenas fotos. Sin embargo, lo más interesante, aunque no tan ejemplar, son las bambalinas de esa industria. Cómo la yunta de empresarios desarrolla un modelo tan ambicioso como casero e intuitivo, que exige manejar la tensión con el poder y también con esos tipos difíciles y sufridos que son los boxeadores.

La empresa familiar (bah, la familia), bien lo saben los biógrafos de la mafia, es un tema con derivaciones infinitas, a cual más atractiva. En este libro cumple el rol de contracara en penumbra de las grandes luces del show. Una dimensión que, por supuesto, no se saltea la comidilla sexual. Carelli Lynch y Bordón, por ejemplo, dan por seguro el secreto a voces instalado en el mundo del boxeo sobre la pareja que Tito Lectoure y su tía y socia en la gerencia de Luna, Ernestina Devecchi, viuda del fundador Pepe Lectoure, mantuvieron dentro del clóset hasta la muerte.