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Para el caso Tevez tengo dos licencias que me permiten hablar. El carnet de periodista y el carnet de socio de Boca. Pero voy a sacarme esas credenciales del cuello, como cuando el subcampeón se retira la medalla, mirando a cámara, con cara seria.

Contaré los hechos según mi visión:

Tevez es un crack. La estaba rompiendo en Europa y por fin había encontrado la tranquilidad en un continente que le era hostil. Un continente que a cualquiera le sería hostil pero quizás a él más que a ningún otro. Por su origen, por su personalidad.

image1Tevez había ganado todo ese año en que decide volver. Hasta acá la historia que más o menos todo conocemos. El ídolo que en un momento muy alto de su carrera vuelve a su país, resigna plata y prestigio por volver. Le regala al club que lo vio nacer unos años de una versión intacta.

En fin, vuelve. Y acá ya es todo terreno de especulaciones. ¿Por qué? Porque está cerca, vive en nuestra misma tierra. Porque a diferencia de antes, que solo escuchábamos hablar de él cuando metía un gol, erraba un penal o salía la lista de convocados para la Selección, ahora, podemos conjeturar, juzgar y comentar absolutamente todo sobre su vida.

Decía que hasta su llegada a Argentina la historia es más o menos clara. Nos pondríamos de acuerdo la mayoría en la visión que tenemos de Carlitos y su paso por clubes y ciudades del extranjero. El motivo de la vuelta a casa es en el caso Tevez el primer interrogante a debatir.

Mi visión siempre fue que volvió porque estaba triste en Europa, se sentía solo, alejado. No es fácil el exilio aunque sea un auto exilio con contrato millonario. Quizás, desde allá veía a algún jugador de Argentinos Juniors o de All Boys y lo envidiaba, juzgaba mejor a quien ganaba menos pero estaba cerca de su familia y sus amigos.

Triste en Turín, llega a Buenos Aires y La Bombonera se le llena, no hay un lugar libre. Es una fiesta solo para él, solo para agradecerle la gentileza y el coraje de abandonar tanta plata por una hinchada, por un club, por dos colores. Y la gente le agradece y él está en el medio del campo de juego, con una chica muy linda que cuando puede le hace una pregunta y con Ari Paluch que lo abraza, se le tira encima y le hace preguntas que solo pueden contestarse con demagogia. Cada vez más demagogia.

Ese día, el de la presentación, me pareció todo muy exagerado. Temí que cualquier cosa que no saliera según las expectativas generara algo como el recibimiento pero al revés. Un montón de gente murmurando en vez de cantando. Y no murmurando en la cancha sino en los bares, las oficinas, los subtes, que es peor. Imaginé también su foto en la pantalla de Intrusos, rumores de engaño, cámaras que lo filman todo.

Juega sus primeros partidos y la rompe. Es una verdadera emoción verlo ahí, de nuevo en ese pasto con esa tribuna, vestido de azul y oro. Párrafo aparte, Carlitos llega para salvar a Boca de lo que hubiera sido una etapa muy oscura, incluso peor que la de ahora.
Sin hacer demasiado esfuerzo pero sacándole ventaja al resto, gana dos copas y le salva el pellejo al presidente Angelici, permitiéndole seguir con sus negocios particulares y sus actividades políticas.

Boca queda afuera de la Copa Libertadores.

Llegamos al día de hoy (ayer, anteayer) y no se habla de otra cosa que de la decisión de Carlitos. Tres opciones: me quedo, me voy a China, me retiro.

Se fue.

aEl problema es que cualquiera de las tres opciones que hubiera elegido habría sido incorrecta. Ninguna de las tres podría hacer feliz a Tevez, ninguna de las tres sacaría la mueca de tristeza y presión que se le forma en la cara desde hace muchos meses.

En la última entrevista que dio a TyC Sports se centró en dos motivos por los cuales pensaba en irse: la prensa sanguinaria, que solo piensa en facturar, en el puntito de rating; y el fanatismo extremo de la gente que no le permite ir al supermercado, al dentista con la hija o a cenar si Boca pierde “porque siempre hay un boludo”.

Ambas razones son ciertas, pero no suficientes. Es verdad que el periodismo deportivo (hablo del mainstream) es sanguinario y fomenta la violencia que después critica. Fogonea el viernes y se indigna el lunes, con una capacidad de amoldarse a las situaciones admirable. También es verdad lo del fanatismo.

Pero Carlitos se quiere ir. Y no se quiere ir ni por la prensa amarilla, ni por el fanatismo extremo que sufre como nadie, ni por guita. Tiene que querer irse porque no encontró lo que vino a buscar. Debe querer irse porque lo que le faltaba (o le sobraba) en Italia le sigue faltando o sobrando acá. Y de ahí la indecisión: si me quedo, sigo triste. Si me voy a China, probablemente me siga faltando o sobrando. Ante la disyuntiva, aparece otra opción, la terminal, la más dolorosa: dejar el futbol, dejar la vida tal como la conoce desde la infancia. Abandonar. Darse por vencido. No tomar ninguna decisión.

Está mal que lo más importante lo diga recién ahora porque dudo que alguien haya llegado hasta esta parte del texto, sin embargo, lo digo: Es cierto que Carlitos tiene que buscar lo que le falta o dejar lo que le sobra para estar mejor, sonriendo, dando saltos, gritando goles. Y también es cierto que eso que tiene que salir a buscar o que tiene que dejar es algo muy grande. Tan grande como para arruinarte todos los días. Pero quizás no sea el país lo que tenga que dejar, ni el futbol. Tampoco sea China lo que tenga que ir a buscar. Me da la sensación de que es otra cosa, que no sé qué es y que él tampoco sabe todavía.

El punto es que Carlitos no tiene salida. El factor plata, aunque sea importante no me resulta decisivo. Entiendo que algunos lo reduzcan a “se va por la guita”, pero yo prefiero ver en Tevez el lado humano. Y ahí encuentro un tipo confundido, aturdido, que sabe que algo tiene que cambiar para que su vida lo satisfaga de una vez.

El llamado “mundo Boca” es un factor crucial que habría que agregar al listado. Sea como sea y aunque no creo que Tevez haya vuelto por amor a Boca sino por lo que expliqué más arriba, son poquísimos los jugadores de futbol que me generan algo parecido a lo que me genera él. Por la calidad cuando juega, por la sensatez cuando declara y por la indecisión cuando sabe que algo tiene que cambiar para estar mejor, pero no entiende bien qué.

Maestro, ojalá encuentres eso que te hace mal y si descubriste que eso es Boca, andate sin dudarlo. Como dijiste el otro día: no le debes nada a nadie.

Gracias por todo.