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germany-euro-2004El 19 de junio de 2004 en el Estadio do Bessa XXI de Oporto, Alemania empató sin goles frente a Letonia por el grupo D de la Eurocopa. Cuatro días después, perdió contra República Checa y quedó eliminada en primera fase de un torneo continental por segunda oportunidad consecutiva, ya que en 2000 también se había retirado sin triunfos. Para acentuar más el fracaso, un par de meses antes de aquel ignominioso empate, había perdido 5-1 frente a una Rumania que lejos estaba de ser la de los años noventa. Estos resultados fueron los que provocaron un sisma total en el fútbol alemán.

Hoy, los elogios hacia la organización de las Selecciones alemanas se reiteran hasta el cansancio. Se pone como ejemplo en cada discusión de café, se enaltece en desmedro de todas los demás proyectos del planeta, se cantan loas por los dirigentes, los formadores, los entrenadores y los futbolistas de la nación campeona del mundo y de la Copa Confederaciones. Todo esto sucede con los resultados sobre la mesa. Los mismos que hoy se deshacen en alabanzas seguramente habrían puestos piedras en el camino de la reconstrucción cuando el equipo no levantaba trofeos. Allí está el verdadero secreto del éxito. En la paciencia.

43247Según cuenta Juan Pablo Varsky en su columna del diario La Nación, Dietrich Weise fue quien puso en movimiento la maquinaria revolucionaria un par de años antes que aquellos resultados “trágicos”. El entrenador afirmó que el problema del fútbol alemán no era la falta de talento, sino la forma de encontrar el material y pulirlo. Entonces, propuso crear un sistema de centros de desarrollo regionales, para allí no solo descubrir a los mejores jugadores de cada pueblo, sino acompañarlos y formarlos. El presupuesto tardó en aparecer, pero cuando lo hizo se formó una red impresionante.

Hoy, hay 365 centros en todo el país. A lo largo y a lo ancho. No hay rincón de la geografía alemana que no esté cubierto. Allí trabajan más de mil entrenadores profesionales durante once de los doce meses del año. A medida que los chicos crecen se intensifica el trabajo: 12 horas semanales hasta los 13 años y luego 18. No hace falta decir que la gran mayoría de los futbolistas que hoy brilla en la Bundesliga surgieron de estos centros.

La Federación y el estado nacional destinan buena parte de sus presupuestos al sistema de formación, que cuesta algo así como 715 millones de euros al año. Un porcentaje de los ingresos de derechos de TV y de venta de entradas son destinados por los clubes a los centros. Es, en definitiva, un dinero que se invierte, porque en la actualidad todos los equipos del país se nutren del talento allí forjado. De hecho, los 36 clubes de primera y segunda división están obligados a tener su propio centro.

Desde hace más de diez años, los expertos de las Selecciones nacionales se reúnen con los entrenadores de los clubes para fijar una política global, en la que se privilegie el modo de ver el fútbol que representa a toda la nación. Cada club recibe hasta los ejercicios que debe realizar para que haya un estilo homogéneo y luego sea más fácil formar cada uno de los seleccionados.

59395902Además del extraordinario trabajo en los juveniles, hubo un cambio de estilo que acompañó la nueva época. Jürgen Klinsmann llegó desde Estados Unidos en 2004 y trajo consigo su espíritu libre. Su visión moderna y renovadora fue clave para dejar atrás el ya vetusto juego directo, estructurado y de mentalidad defensiva. Para eso, se nutrió de, entre otros, los consejos de César Luis Menotti.

Ese cambio de paradigma fue desde arriba hacia abajo. Desde la mayor hacia los juveniles. Porque en la actualidad todas las Selecciones alemanas juegan del mismo modo. Pero Klinsmann no trabajó solo. Ralf Rangnick, un ex estudiante de astrofísica, trabajó a su lado y es quizás el máximo responsable de la revolución táctica. Además, Oliver Bierhoff hizo un valioso aporte en cuanto a la organización estructural. En definitiva, fue un trabajo de equipo.

Cuando días antes de la Copa Confederaciones, el director técnico Joachim Löw dio a conocer la lista de convocados, muchos no entendieron qué sucedía. Casi todos los titulares que juegan las Eliminatorias estaban afuera. El ex ayudante de Klinsmann se había decidido por un plantel joven y con mayoría de futbolistas de la Bundesliga. Algunos hasta se animaron a bajar a Alemania de la lista de candidatos. Menos de un mes después, Alemania es campeón y Löw tiene 23 jugadores más en carpeta para la Copa del Mundo.

krosDurante el campeonato disputado en Rusia se viralizó un tuit de la cuenta oficial de la Bundesliga en la que fanfarroneaba por la cantidad de jugadores alemanes de primer nivel que estaban en condiciones de jugar en el seleccionado. Afirmaban que podrían formar cuatro equipos capaces de ganarle a cualquiera. El primero era el que se presume mundialista, cuyos integrantes en su mayoría se tomaron vacaciones en el verano europeo: Neuer; Kimmich, Hummels, Boateng, Hector; Kroos, Khedira; Müller, Ôzil, Reus y Gómez. Solo los laterales vieron acción en la Copa Confederaciones.

En el segundo, figuran algunos de los que vencieron a Chile en la final de San Petersburgo pero también varios que tampoco estuvieron en Rusia: Ter Stegen; Henrichs, Höwedes, Mustafi, Schmelzer; Gündogan, Weigl; Sane, Götze, Draxler; Werner. El tercero y el cuarto tienen elementos de la Confederaciones, del sub 21 y hasta algunos campeones del mundo como Andre Schürrle.

Es cierto que cualquier potencia está en condiciones de armar cuatro, cinco o seis equipos que a primera vista pueden parecer capaces de competir. Sin embargo, la diferencia con los alemanes es que ellos ya lo demostraron. En junio, ganaron dos títulos de gran prestigio: la mencionada Copa Confederaciones y el Europeo sub 21 en Polonia, que para los europeos tiene tanta o más relevancia que el “ensayo general del Mundial”.

Desde el Mundial 2006, Alemania disputó siete torneos internacionales y jamás bajó de las semifinales. Además, ganó dos Europeos sub 21, un sub 19 y una medalla de plata olímpica. No hay ningún otro país que ni siquiera se acerque a estos logros en la última década. Aunque parezca que la principal razón de este éxito rotundo es el trabajo colectivo y la organización seria, en realidad el secreto es la paciencia. Nadie dudó de los métodos cuando perdieron contra Italia en semis de un Mundial del que fueron anfitriones, ni cuando cayeron en la final de la Euro contra España. Tampoco después de la caída en Sudáfrica 2010. Sabían que la victoria llegaría. Tuvieron la sabiduría para esperar el momento justo. Y hoy cosechan la siembra más próspera del mundo.