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Las pulsaciones ya recuperaron su ritmo normal. La vida sigue, aunque acompañada por una sonrisa. Al menos por un rato, los argentinos respiramos aliviados. Dentro de nueve meses vamos a poder disfrutar del Mundial de Rusia. Vamos a ser parte, otra vez, del sueño de jugar los siete partidos para, si las cosas van más o menos bien, alcanzar otra final y, en lo posible, ganarla. Ahí está puesto el sueño de todos. En la conquista de la tercera Copa del Mundo. Pero es un apenas un sueño, una ilusión; no más que eso. Y que además es compartida con las otras treinta y un selecciones que jugarán el torneo.

messi_hat_tricki.jpg_591029220Si la Argentina fuera un país lógico, los cañones deberían estar enfocados hacia ese objetivo. De hecho, la Selección fue animadora principalísima de los últimos tres torneos oficiales que disputó, con tres subcampeonatos que para muchos huelen a deshonra pero que en realidad, para los más razonables, tienen muchísimo de meritorio. ¿Qué hubiera sido mejor? ¿Queda afuera en cuartos de final o en semis? La verdad, no. Para perder finales, primero hay que alcanzarlas. Y ese viaje es lo realmente interesante. En la estupenda nota sobre la selección de Islandia que escribió Mariano Mancuso para esta misma revista, el entrenador Heimir Hallgrìmsson lo dice con elegancia: “El éxito es un viaje, no un destino”, y desde este humilde lugar compartimos el concepto.

Ahora bien. Decíamos líneas arriba que todo esto sería así si la Argentina fuera un lugar lógico. Pero no lo es. Somos tan engreídos que dos minutos después del triunfo ante Ecuador y de acomodar los testículos en el lugar habitual, los mismos que hasta hace una semana pedían la cabeza de Messi y compañía ya empezaron a especular sin ruborizarse con la posibilidad de que Argentina fuera campeón del mundo. ¡¿Pero será posible?! Antes de Ecuador eramos un desastre, después de Ecuador ya somos campeones. Y todo sin escalas. No aprendemos más. No nos conformamos con haber disfrutado la exhibición de Messi en un momento límite cuando ya estamos pidiendo (¿exigiendo?) que el equipo debe estar a la altura dentro de nueve meses y ganar el campeonato. Y todo con naturalidad, como si en verdad el asunto ya estuviera escrito y dado.

Decíamos que Argentina fue tres veces segunda en los últimos torneos oficiales que disputó. Por lo que es más que obvio que hay potencial para poder alcanzar el escalón más alto del podio. Pero para hacerlo hay que desprenderse de dos cuestiones: de la soberbia de pensar que somos los mejores y del miedo a perder. Y ojo que no hablo de los jugadores sino de todo el circo que los rodea. Hablo de los hinchas, de los periodistas, de los dirigentes.

No dije líneas arriba miedo al fracaso porque, repito, considero que ser segundo en un Mundial y en dos Copas Américas no se lo debe considerar de esa manera. Uno de los peores males que le han hecho a la deportividad en la Argentina es pensar que “del segundo nadie se acuerda” o que “el segundo es el primero de los perdedores”, dos frases que no recuerdo quien las dijo primero pero que fueron repetidas en innumerable cantidad de veces por hinchas, periodistas, deportistas y entrenadores. Y allí es cuando empieza a jugar el pecado de la soberbia. De pensar que sólo sirven los que ganan y que los que pierden son una manga de inútiles o fracasados.

Argentina-Ecuador57¿Cuántos hinchas, periodistas, deportistas o entrenadores llegaron a ser campeones de algo en su vida? En sus trabajos, en los torneos barriales, en un certamen de Truco, en sus carreras profesionales o en lo que fuera que hicieran; seguramente nadie se puede jactar de ser exitoso siempre. Pero igual se lo reclamamos a los jugadores, como si quisiéramos transferirles nuestras frustraciones cotidianas. Todos ganamos, perdemos y hasta algunas veces empatamos en la vida. Y si lo hacemos con dignidad, después de haber dado lo máximo; no hay nada que reprocharnos.  Cuando se practica un deporte se debe estar preparado no sólo para el triunfo sino que mucho más para la derrota.

Decímamos que por historia, por jugadores y por los antecedentes cercanos, Argentina es candidato a ganar el Mundial . Pero es nada más que eso: candidato. Mucho dependerá del trabajo que de aquí en más realice el entrenador y del recambio que se lleve a cabo. Y después, lo que ocurra, será cuestión de disfrutarlo. Sin olvidar que estamos hablando de un deporte en el que lo más importante es el viaje y no el triunfo.