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Pocas veces se puede descifrar a un equipo tan rápido como anoche. Las limitaciones de Junior quedaron en evidencia apenas empezaron a moverse las fichas. “No tienen nada”, habrán pensado los hinchas de Boca. Porque, claro, todos estaban preocupados. Ni el más pesimista imaginaba que un equipo que tiene el objetivo de la Libertadores coloreado con marcador fluo en su agenda podía quedarse afuera en la primera ronda y antes de jugar el último partido. Así de angustiado llegaba Boca a Barranquilla, con la obligación de jugar una final muchísimo antes de la final soñada por su gente. Sin embargo, esa angustia tuvo que haber mermado apenas vieron en acción al rival.

¿Guillermo Barros Schelotto vio otro partido? ¿Consideró que ese rival inofensivo era peligroso? ¿Pensó que sin un 9 de área, con un wing como Pavón y medio delantero como Tevez era suficiente para ganar el partido? ¿Fue una suma de todo? Porque si no no se entiende que en determinado momento no haya modificado la estrategia. Es cierto que tantos volantes hicieron de Boca un conjunto equilibrado, pero… ¿y cómo se mete un gol? La respuesta es ni más ni menos que la realidad: se lo metió el propio Junior.

Ese gol fue un bálsamo para Boca, que desde hacía unos minutos se encontraba perdiendo y perdido por un penal inventado por el árbitro. Porque, por si no quedó claro, Junior tampoco sabía cómo había que hacer para meter un gol, sutilezas de Teo Gutiérrez mediantes. Entonces, si el cuadro colombiano podría haberse transformado en peligroso sólo por jugar con el resultado a favor, eso nunca pudo saberse. Porque enseguida Boca se encontró con el empate, sin necesidad de buscarlo demasiado.

Lo curioso fue que Guillermo no haya aprovechado semejante circunstancia a favor, que no haya evaluado oportuno aprovechar ese envión anímico con el ingreso de un centrodelantero que pedía el partido desde el minuto 0. Siempre y cuando el objetivo del entrenador fuera ganar el partido y encarrilar la clasificación.

Con el empate cerrado, las declaraciones de Guillermo dejaron claro que prefiere confiar en los demás antes que en su propio equipo. El técnico se mostró aliviado porque “teníamos la posibilidad de quedar eliminados y no lo hicimos. Y eso es positivo para Boca”. La verdad es que su lectura es la del entrenador de un equipo chico. ¿¡Conformarse por no quedar eliminado?! Pero lo que de verdad puede ser traicionero para Boca, fue el análisis de Guillermo sobre la última fecha: “Ellos tienen un partido difícil en Brasil y nosotros jugamos en casa contra Alianza Lima”. O sea: ¿el partido que le toca a Junior es difícil y el de Boca no? Mal asunto si el técnico deja todo librado a la lógica del fútbol. Y ni hablar si a Alianza Lima se le da por ganarle a un Palmeiras ya clasificado y llegar a la Bombonera con chances de clasificar con un triunfo. Porque ya sabemos lo que pasa últimamente con Boca cuando tiene un cruce decisivo. Y la muestra la dio anoche, cuando no se atrevió a liquidar a un adversario que se liquidaba solo.