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Hace cuatro años, la sensación era que cualquier buen jugador que aparecía en el mundo con cierta proyección internacional había nacido en Bélgica. Hazard, De Bruyne, Fellaini, Witsel, Curtois, Mertens y Lukaku encabezaban una generación que daba para especular con un futuro brillante. Hoy son todos cracks, y Bélgica es una selección seria. Pero por algún motivo no pudo traducir la cantidad de nombres en un brillo especial. No jugó un gran Mundial en Brasil 2014, tampoco tuvo una Euro memorable (eliminado por Gales, en cuartos) y sobre todo no encontró una identidad particular que diera placer a los suyos.

mbappe-GEn los últimos cuatro años, en cambio, cada nombre que apareció para sorprender en la escena grande del fútbol mundial pareció ser de un francés. ¿Hay un nuevo gran valor y PSG paga una millonada de euros? Sí, es Mbappé. ¿Y el Barcelona se lo pierde y compra a otra promesa por un fangote? Sí, a Dembelé.  ¿Arsenal necesita un delantero? Suma a Lacazette. ¿Hay un volante que la rompe en ele Leicester campeón? Sí, Kanté. ¿El City compra al lateral más caro de la historia? Mendy. ¿Y el Barsa ahora quiere a un 9? Sí, a Griezmann.

Solamente tirar los apellidos de los delanteros que tiene Francia en fila para la próxima copa del mundo nos lleva un ratito. Ahí va: Mbappé (PSG), Dembelé (Barcelona), Griezmann (Atlético Madrid), Lacazette (Arsenal), Martial (Manchester United), Giroud (Chelsea), Gameiro (Atlético Madrid),  Thauvin (Marsella), Fekir (Lyon) y Ben Yedder (Sevilla). Y el entrenador –Didier Deschamps, desde 2012- ni siquiera llama a Benzema (todo un nene, que tuvo un lío importante en el pasado con su compañero Valbuena, también desplazado) ni al retirado de la selección Ribéry.

Podríamos discutir si Payet (Marsella) es delantero, porque definitivamente es un jugador de ataque dentro del área, pero para nosotros califica como volante. Igual que Sissoko (Tottenham), Lemar (Monaco), Coman (Bayern Múnich), Matuidi (Juventus), Rabiot (PSG), Tolisso (Bayern Múnich), Pogba (Manchester United), N’Zonzi (Sevilla) y, obviamente, N’Golo Kanté.

Kanté es un jugador posicional enorme, que la gastó en Leicester cuando fue campeón de Premier y que hace un par de años viene siendo el equilibrio de Chelsea. Corredor con criterio, su virtud es la omnipresencia y la prolijidad. Un Makelele cualquiera, bah. De quien –además- hemos leído la mejor bandera en la historia de las hinchadas: “El 70 por ciento del mundo está cubierto de agua. El resto lo cubre Kanté”, le escribieron en la tribuna de Leicester.

pri_51186118De todos esos nombres, sólo hay que elegir seis. Tres y tres. O cuatro volantes y dos delanteros, según el grado de amarretería que toque. Normalmente la lógica indica un Pogba, Kanté, Rabiot/Lemar/Payet (el puesto que más gira según el rival, a veces también aparecen Coman o Tolisso) y Mbappé, Griezmann, Giroud. Insólitamente titular, el ex Arsenal es el peor de todos los delanteros que tiene el equipo, pero el que más le gusta al DT. Y, nobleza obliga, viene haciendo muchos goles.

Francia juega con línea de cuatro y los defensores también son de primer nivel. Sin Koscielny, que se rompió el tendón de Aquiles, la zaga titular será Varane-Umtiti. Real Madrid-Barcelona. No está mal. Todavía tiene espalda si le pasa algo a un central. Está Laporte (Manchester City), Mangala (Manchester City), Adil Rami (Marsella), Kimpembe (PSG),  Sakho (Crystal Palace) y Zouma (ex Chelsea, hoy en Stoke City).

Los laterales también son muchos: Mendy (City, ex Monaco), lateral izquierdo que recién se recupera de una larga lesión, es uno de los mejores que tiene. Por ahí andan Kurzawa (PSG), Digné (Barcelona) y el devaluado Clichy (ex Arsenal y City, hoy en Turquía). Ni siquiera contamos a Evra, un ex selección. Por derecha no hay tanto: tiene a Sidibé (Monaco) y Corchia (Sevilla). Sagna (ex City y Arsenal, hoy en Italia), más atrás.

Arqueros, están a los de siempre: Lloris, esta vez con un buen presente en Tottenham como para asegurarle un lugar de titular, seguido por Mandanda, Areola y un tal Costil, del Bordeaux. Quizá sea el punto individual más flaco de un plantel que asombra por sus figuras.

imagesFíjense que solo enumeramos grandes nombres. Ilusiona por apellidos: potencial y por capacidad individual. En la Euro mostró algo de lo que puede hacer pero jugó una final tan horrible como Portugal (con el agregado de que, además, perdió). Hoy tiene el salpimentado de Mbappé, descarado y desequilibrante, y la sorpresa que pueda acercar Dembelé, si se despierta un poquito (en el Dortmund lo hizo mucho mejor que en lo que lleva de Barcelona). Y además, Francia viene jugando bien, encontrando su ritmo. Pero sobre todo: es un equipo joven, con un promedio de edad cercano a los 25 años, y muchos jugadores de 23 o menos. Tiene espacio para evolucionar, y lo está haciendo.

De sus últimos diez partidos, empató dos (¡con ALEMANIA y con LUXEMBURGO! Inexplicables extremos) y perdió uno con Colombia que debió haber ganado. Se impuso en los otros siete, incluida la goleada 4-0 a Holanda y un sólido 3-2 a Inglaterra.

No es claro qué va a pasar con este equipo. Como argentinos sabemos que la suma de individualidades no hace realmente al rendimiento colectivo. Pero me dan un poco de ganas de ser Francia. Si fuera francés estaría ilusionado. Con mis futbolistas, con mi potencial. Con un proceso largo que respeta al entrenador que trabaja con la misma idea y con la misma directriz desde hace seis años sin ganar un título. Pese a que quizá falta el salto para ganarle a las potencias. Pese a que ellos nos deben envidiar a Messi y a nuestra última final del mundo.

Si fuera Francia estaría más tranquilo. Estaría feliz con lo que tengo. Y creería, genuinamente  (aunque a quién le importa), que mi equipo va a ser el próximo campeón del mundo.