Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInShare on TumblrPin on PinterestEmail this to someone

La editorial Planeta acaba de publicar el libro “Atlas de Camisetas” y gentilmente nos han hecho llegar hasta a la mesa del fondo del bar The Oldest , nuestra redacción, un ejemplar fresquito con olor a tinta. Reunidos allí, los que integramos UN CAÑO, dejamos de pergeñar negocios millonarios por un rato y nos abalanzamos sobre las multicolores páginas de la obra que firman Cune Molinero y Alejandro Turner.

atlas completo 350Según los propios autores, el libro es un intento audaz (tan fascinante como innecesario) de reunir en un solo lugar la mayor cantidad de camisetas que vistieron los jugadores de clubes argentinos, desde la de aquel combinado fugaz hasta esas con las que el fútbol nacional escaló las cumbres más altas.

El Atlas cumple con creces con su objetivo y nos lo devoramos. Como buenos futboleros, pocas cosas non entusiasman más que jactarnos de nuestros inútiles conocimientos sobre la materia y este libro consiguió exacerbar nuestro onanismo al compilar cerca de 1.400 camisetas utilizadas alguna vez por más de 450 equipos diferentes.

Las tradicionales, las alternativas, las raras. Las románticas, las feas, las muy feas. Las odiadas, las extrañadas, las entrañables. Las interinas, las eventuales, las eternas, encuentran su lugar en este vademécum, acompañadas por reveladoras referencias históricas y enmarcadas en un simple y ordenado diseño que facilita su visualización.

Hojear el  Atlas convirtió a nuestra rutinaria reunión de redacción en una especie de Festival de la Camiseta y el Recuerdo en el que durante un buen rato, los siete grandulones que integramos UN CAÑO hablamos a los gritos sin escucharnos -al mejor estilo de los programas con panelistas que tanto nos gustan- tratando de enredar a los demás en la evocación de nuestras improbables vivencias sobre el tema de los colores, las franjas y los cuellitos.

En realidad, los siete no.

Damián Didonato permaneció todo el tiempo en silencio, completamente ajeno a nuestra encendida charla. Se mostraba aburrido, contrariado. Le preguntamos si le pasaba algo.

Con la mirada perdida en la ventana del bar nos respondió con fastidio:

-Soy daltónico, boludos.