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“Durante trece años usé en secreto un pijama de Everton para dormir”. En principio, la frase puede tomarse como el acto de demagogia de parte de un futbolista que llega a un nuevo club. Porque cada vez que un jugador cambia de colores, es común verlo regocijarse en un amor que dejó de ser platónico para transformarse en correspondido por la gracia de los millones de euros. Sin embargo, la historia de Wayne Rooney y Everton lejos está de esa hipocresía. Es un romance épico como los de antes.

Es sencillo no creer en amores verdaderos en el fútbol de hoy. Las cuentas bancarias obesas, los representantes cicateros, el egoísmo de las estrellas y el temor al fracaso son enemigos de los sentimientos auténticos. La modernidad juega en contra de la pasión por una camiseta. Y fueron los mismos futbolistas los que dejaron de ser íconos de un pueblo para convertirse en mercancías. Víctimas de su tiempo o victimarios que eligieron la fama por sobre el cariño, muy pocos deciden jugar en determinado club por amor. Rooney es uno de ellos.

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A comienzos de 1994, el pequeño Wayne se divertía en el parque Jeffrey Humble de Croxteth, su barrio de la ciudad de Liverpool. A los nueve años era el mejor de todos y ya tenía una obsesión: el gol. Su nombre no tardó nada en alcanzar los oídos de ojeadores y dirigentes de los dos clubes grandes de la ciudad. Liverpool fue el que primero llegó y le presentó una oferta formal. El niño era fanático de Everton, pero solo quería jugar al fútbol y al principio no declinó el ofrecimiento, aunque hizo algo muy parecido. Se presentó en el campo de entrenamiento de Melwood con la camiseta azul de los Toffees. Él esperaba que dicho acto de rebeldía se tomara como una falta de respeto y no le dejaran ni siquiera tomar la prueba, pero era demasiado bueno. Lo aceptaron de todos modos y le dieron una semana para decidir su fichaje.

Entonces, apareció el celestino de esta historia de amor. Bob Pendleton, ojeador de Everton, fue a ver los torneos colegiales para confirmar que todo lo que se decía del tal Rooney era cierto. “Él tenía 9 años y claramente se veía que se desvivía por anotar goles. En ese momento no creí que ese pequeño niño tímido iba a ser lo que fue después, pero al cabo de dos años estaba convencido de lo que iba a pasar”, afirmó en diálogo con BBC Sport.

“Metió un gol desde unos 20 metros y regateaba por diversión, hasta el punto en que frecuentemente terminaba solo en la línea del arco, después de gambetear a cada uno de los rivales. Podías ver la satisfacción que le producía ver el balón sacudir la red, lo que hacía una y otra vez”, agregó su descubridor. Fue tal la satisfacción de Pendleton aquel día que el entrenador del equipo de Wayne, Copplehouse Boys, comprendió enseguida que su estrella ya no volvería a jugar en esas canchas.

a75c69470c498062c659115f7b09e5aa--rooney-everton-everton-fcSegún la BBC, sólo bastó una conversación con los padres, Thomas y Jeanette, para comprender que el único deseo de la familia era que el pequeño crack jugara en Goodison Park, más allá del interés que había despertado su fútbol en el lado rojo de la ciudad.

Para evitar problemas, los dirigentes de Everton adelantaron la prueba 48 horas y tardaron un par de minutos en ficharlo para las divisiones inferiores. Se puso la camiseta de su vida por primera vez a los once años y marcó 114 goles en 29 partidos en la categoría alevín. A los 15 pasó a la juvenil y a los 16 debutó en primera, en un empate 2-2 frente a Tottenham Hotspur. Dos meses después se convirtió en el futbolista más joven en marcar un gol en la primera división inglesa. Lo hizo contra Arsenal, que ese día perdió un invicto de 30 partidos. El mundo entero ya hablaba del adolescente maravilla de Everton.

Mucho tiempo antes de aquel golazo impresionante, un niño que recién había aprendido a escribir, anotó en el marco de una ventana de su casa: “Wayne Rooney, Everton Football Club”. Su padre era un boxeador amateur fanático de Everton que le inculcó esas dos pasiones a su hijo mayor y a sus dos hermanos menores, Graham y John. Su relación con el club precede su existencia, por eso aún hoy afirma que el gol contra Arsenal es quizás el más importante de su vida.

El amor de los hinchas por él comenzó antes el debut en primera. En la final de la FA Cup juvenil, Rooney marcó un gol y mostró una camiseta con la leyenda “Once a blue, always a blue” (Una vez azul, siempre azul). Parece extraño que un pibe elija una frase como esa para celebrar uno de sus primeros goles importantes. Fue como una especie de declaración de amor para toda la vida. Un compromiso eterno.

accionDespués de dos años de romance desenfrenado, llegaron los tiempos de desengaños. Cuando todavía no había cumplido dos décadas, fue fichado por Manchester United. En su despedida, lamentó dejar el club que amaba pero al mismo tiempo expresó su satisfacción por sumarse al que ya era el máximo exponente del fútbol inglés. En su regreso a Goodison Park con la casaca roja, los evertonianos colgaron banderas en su contra y lo insultaron como se insulta al culpable de la más honda aflicción. Luego, el hijo pródigo se besó el escudo del United en un pecado de juventud del que se arrepintió para siempre.

En 2011, la relación comenzó a recomponerse. Wayne dio el primer paso, cuando en sus redes sociales publicó un mensaje romántico: “Everton til I die” (Everton hasta que me muera). Cuatro años después, se dio un hecho sin precedentes. Sir Alex Ferguson en persona llamó a los organizadores del partido homenaje de Duncan Ferguson (máximo ídolo moderno de Everton) y les dijo: “El chico quiere jugar”. Y entonces, el chico, que estaba a punto de convertirse en el máximo goleador de la historia de Manchester United, jugó en Goodison Park con la camiseta azul. El amor estaba intacto.

En octubre de 2015, Rooney falló un penal en la definición contra Middlesbrough y Manchester United quedó eliminado de la Copa de la Liga. Al día siguiente, falleció Howard Kendall, histórico entrenador de Everton. Bill Kenwright, el presidente del club, organizó la ceremonia en una Catedral anglicana de Liverpool repleta de evertonianos. Uno de ellos era Rooney. Cuando lo vio entre la gente, Kenwright le agradeció el hecho de haber viajado en un día tan duro para él. “Tenía que estar, este es mi club”, le respondió Wayne. Entonces, el dirigente entendió. No faltaba mucho para el regreso del ídolo.

Antes de uno de los últimos duelos entre el United de Rooney y Everton, le preguntaron al capitán Phil Jagielka cómo iba a marcar a la figura rival. Él respondió: “Es más difícil para Wayne. Èl habla conmigo y me pregunta por el equipo, está siempre pendiente. Incluso, creo que él nunca pudo jugar demasiado bien contra nosotros porque ama al club como un hincha más”.

Cuando era un niño que recién había aprendido a escribir, anotó en el marco de una ventana de su casa: “Wayne Rooney, Everton Football Club”

En la actualidad, a los 31 años de edad, todo futbolista de primer nivel todavía está en su máximo esplendor. De hecho, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo ya pasaron las tres décadas y nadie se animaría a decir que no son los dos mejores del mundo. Entonces, es falso que Rooney haya emprendido su retorno al club de su vida en la etapa final de su carrera. Aunque la temporada pasada Jose Mourinho lo utilizó menos de lo esperado, su estado físico es muy bueno y está en condiciones de rendir en cualquier equipo de Europa. Sin embargo, eligió Everton.

Rooney tenía contrato con el United hasta 2019 y había recibido ofertas millonarias de China y Estados Unidos. Pero su destino estaba escrito, por eso decidió cobrar la mitad de lo que podría cobrar en cualquier otro lado y regresar a casa. “Toda mi familia estaba esperando verme de nuevo vestido de azul. Mi papá es un gran evertoniano. Él me fue a ver todos los partidos a Manchester durante 13 años. Ahora solo va a tener que manejar quince minutos, por eso está muy feliz”, afirmó en su presentación y describió a la perfección la relación familiar que tiene con el club. Además, agregó: “No vengo a retirarme, sino a ganar trofeos”. En su primer partido en la Premier, fue la gran figura y marcó el gol de la victoria.

“Siempre se vuelve al primer amor”, dice el tango de Alfredo Le Pera y la modernidad se empeña en refutarlo. Pero las historias como la de Wayne Rooney y Everton nos sirven para seguir creyendo en la potencia de los sentimientos genuinos.

Premier League - Everton vs Stoke City