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El regreso de Daniel Osvaldo a Boca ya es un hecho. Las demoras no obedecen a desacuerdos de dinero, como suele suceder, sino a la cantidad de objeciones que presentó el club acerca de la conducta del futbolista.

En su fugaz paso anterior, Osvaldo fue un constante agitador de la prensa cazadora de chimentos. Nochero, mujeriego, rocker y fumador (sólo de tabaco, hasta donde se sabe), tuvo entreveros con botineras de distinto porte e incluso, dicen las malas leguas, diseminó embriones casuales en algunas de estas escalas. También se dejó ver en shows, boliches y otros rediles faranduleros.

La vida de Osvaldo es una fiesta. Pero los directivos de Boca la quieren estropear. Un goleador occidental y cristiano no puede trasnochar y debe darle tregua a la bragueta, dicen. Tampoco conviene, según esta mirada tutelar, que los medios lo conviertan en blanco de los escándalos, pues la mala imagen puede manchar a la institución.

En suma: para repetir el privilegio de vestir el manto azul y oro, tendrá que comportarse como un monje (los pederastas no, los buenos). Hoy por hoy, eso parece más importante para las autoridades de Boca que las razones futbolísticas.

El vulgo se podrá comer esta galletita, pero la verdad es muy otra y Un Caño llegó hasta su misma pulpa. Aquí va:

con angeDaniel Angelici es una fiera. Podrá hablar como un analfabeto con afasia, pero aún así su comunicación y su poder sobre las masas es incuestionable. Por caso, mantiene una legión multitudinaria de hinchas en el rango de socios adherentes, que pagan gustosos la cuota aunque no están habilitados para entrar a la Bombonera ni lo estarán en los próximos años. El Tano sostiene que a los adherentes les basta con ostentar una credencial de pertenencia a la familia boquense. No pretenden otro beneficio. Y a juzgar por los miles que permanecen en ese limbo, sin esperanzas cercanas de alcanzar el cielo de los socios activos, debe tener razón. Lo cual demuestra que inculcó en el público una noción de identidad de un modo mucho más intenso que sus predecesores. Si eso no es liderazgo, el liderazgo dónde está.

En línea con esta genial estrategia, el presidente de Boca, a quien la repatriación de Tevez le dio un decisivo empujón en las urnas, se dedicó a gestionar la vuelta de Osvaldo.

En consideración del perfil multitarget del delantero, se sentó a conversar con posibles interesados en su arribo. Desde empresarios de la música hasta productores de televisión. Al mismo tiempo, emprendió una campaña para remarcar el comportamiento ruidoso del jugador, supuestamente para imponer condiciones a su contratación. Sin embargo, el verdadero objetivo era enfatizar sus enormes posibilidades como producto de consumo popular en el vasto nicho del espectáculo y sus arrabales.

La magistral operación del cerebro xeneize dio frutos inmediatos. La productora Mol (la sílaba que aportaba Molina a la compañía Endemol, que se fracturó precisamente por el caso Osvaldo) acordó con Boca sufragar la onerosa llegada del nueve, pues contempla algunos proyectos en torno a su carisma.

En principio, el reality vespertino “Botineras al acecho”, que arrancará en marzo, encontraría en Osvaldo un furibundo animador, eje de disputas y escaramuzas entre las féminas, indispensable combustible para garantizar el envión inicial. Si bien poco se ha filtrado desde los despachos de Mol, donde rige el celoso secreto que rodea a los negocios de esta magnitud, Un Caño averiguó que introducirán a Osvaldo en la industria discográfica y ya hay un equipo de ghostmusicians trabajando en la placa de lanzamiento. Se trata de adaptaciones futboleras de canciones populares. En el recorte sobresale “Parte del aire”, hermoso clásico de Fito Páez, que en la versión que entonará Osvaldo se llama “Parte del área” y se ha transformado en un reggaetón “bien morrocotudo”, según susurran en los pasillos de la empresa.

Y esto recién empieza. Los expertos consultados por Un Caño vaticinan “un próspero cruce futuro entre los deportistas y mercados afines como el espectáculo, la política, las ciencias y las artes”. Angelici es, a todas luces, un adelantado. Otro orgullo boquense.