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Hace algunos días, Lionel Messi superó los 500 goles en su carrera profesional. Después de una insólita (para sus registros) sequía de un puñado de partidos, el Diez de Barcelona y la Selección Argentina alcanzó el medio millar de gritos a la tierna edad de 28 años. Sin discusiones, sin aditivos ni estadísticas fraudulentas. Esa cifra lo ubica como el 14to futbolista con mayor cantidad de tantos en la historia del fútbol. Sí, sólo por ahora.

Esa lista tiene nombres como Gerd Müller, Ferenc Puskas, Eusebio, Alfredo Di Stéfano y hasta Cristiano Ronaldo. Ni Pelé ni Romario, que se adjudican más de mil goles cada uno tras contar hasta los que hicieron en la colimba, están en el primer lugar. Aquí no hay espacio para avivadas. El número uno indiscutido desde hace más de cincuenta años es Josef Bican, un austríaco que jugó la mayor parte de su carrera en Checoslovaquia.

Bican convirtió la increíble suma de 805 goles, según los registros internacionales más serios que publica el centro RSSSF (Rec.Sport.Soccer Statistics Foundation). En tanto, la IFFHS (International Federation of Football History & Statistics) confirma que anotó 518 goles en 341 partidos de Primera División, con un inaudito promedio de tres anotaciones cada dos encuentros. Su nombre es desconocido por simples razones: nunca jugó en un grande de Europa ni formó parte de una Selección importante. Además del tiempo, que a veces agiganta las hazañas y otras veces las esconde.

Josef BicanNació en Viena el 25 de septiembre de 1913. Su padre jugó en Hertha Vienna y participó de la Primera Guerra Mundial, aunque lo que lo mató fue el fútbol, paradójicamente. Durante un partido, sufrió una lesión en los riñones de la que debía ser operado. Sin embargo, se negó a ir a quirófano y falleció a los treinta años de edad. Josef creció en la pobreza y tuvo que aprender a jugar descalzo, lo que le sirvió para mejorar la técnica, según sus propias palabras. A los 18 años debutó en Rapid Viena, que le pagó 150 chelines. Apenas vieron de lo que era capaz, ese monto se multiplicó por cuatro.

Tras anotar 53 goles en 49 juegos, pasó a Admira Wacker, también de Austria. Allí jugó hasta 1937, cuando fue contratado por Slavia Praga, el club de su vida. En el cuadro de la capital de Checoslovaquia convirtió 385 tantos en 204 partidos. La Segunda Guerra Mundial perjudicó su carrera, porque varias ligas europeas se detuvieron durante el conflicto armado. Después, tuvo cortos pasos por FC Vítkovice y FC Hradec Králové, hasta su retiro definitivo en Slavia, a los 41 años.

Su trayectoria internacional no fue tan buena como su actuación en clubes. Formó parte del Wunderteam austríaco y en 1938 rechazó jugar para el Seleccionado nazi y solicitó la nacionalidad checoslovaca. “Bican era bilingüe y se educó en dos culturas, no podía compartir los principios ideológicos del nazismo”, explicó a la agencia Efe Roman Horak, historiador del fútbol de la Universidad de Viena. En noviembre de 1939, enfrentó al combinado del Anschluss con la camiseta del Protectorado de Bohemia y Moravia. El resultado del partido usted se lo imagina. Bican marcó tres goles en el empate 4-4.

Representó a las Selecciones de Austria y Checoslovaquia en 33 encuentros internacionales, con 29 anotaciones. Disputó cuatro juegos mundialistas con sólo un gol, frente a Francia en la Copa de Italia 1934. De la misma manera en la que se había negado a representar al nacismo, rechazó las banderas del Partido Comunista, que tomó el control de Praga tras la Guerra. El régimen lo calificó de “ídolo burgués” y trató de restarle popularidad, aunque el amor de la hinchada ya era incondicional.

“En toda mi carrera marqué, efectivamente, cinco mil goles. Tengo entendido que Pelé, contándole los de los entrenamientos, mil quinientos. Eso me lleva a pensar que entre Pelé y yo no hay color. Y eso que la Segunda Guerra Mundial me robó siete años buenos, cuando estaba en mi mejor forma”. A lo Maradona, Bican entiende a la perfección la magnitud de su leyenda.