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Adrián Czornomaz sólo tiene una camiseta de cada equipo en que jugó. Ni una más, ni una menos. Las tiene guardadas en un cajón, y con ellas le alcanza para el recuerdo. El Pirata con apellido ucraniano jugó en veinte equipos, un promedio de un equipo por año, repartidos entre la Argentina, Perú, Chile, Austria y México. Una trayectoria para desafiar a coleccionistas.

vestuarioY si eso no fuera una marca, algo tan difícil de comprobar, Czornomaz tiene un récord seguro y verificable para aportar: con 160 goles, es el máximo anotador en la historia de la Primera B Nacional, el espacio de competencia federal en el que transitó la mayor parte de su carrera. La cantidad total de goles de Czornomaz, eso sí, no está clara: mientras en las páginas web registran que marcó 258 goles, el Pirata sostiene que llegó a los 280.

A los 44 años, a seis de su retiro, su historia continúa en otras canchas. El último gol que gritó, dice el Pirata, fue el domingo anterior a esta charla, en un partido de una liga de Quilmes, el barrio donde vive.

-¿Te hubiese gustado quedarte más tiempo en algún club?

-En Independiente. Porque apenas jugué un campeonato, salimos campeones y en aquel momento costaba mucho a un chico de las inferiores mantener el lugar. Independiente se reforzó para la Copa y apareció una posibilidad para irme a Cobreloa que me servía en lo económico. Cuando me fui, pensé que iba a volver, pero no se dio. El puesto es placentero pero también ingrato. Yo hice goles en todos los clubes, pero en algunos hice uno solo. Entonces te tenés que ir.

Cada vez que cambiabas de club renovabas la presión…

-Tal cual. Salía goleador del campeonato con 25 goles y al otro año me contrataba un nuevo equipo y tenía que hacer por lo menos otros 25. Por eso soy el goleador histórico de la Primera B Nacional. Porque hay pocos que habrán jugado la cantidad de años que jugué yo. No creo que nadie bata ese récord. Hoy un pibe que hace 20 o 25 goles seguramente se va a jugar al exterior o a un club de Primera. Habré jugado ocho campeonatos de Primera B Nacional. Y muchas veces me llamaban de clubes de Primera División, pero me pagaban menos y sabía que las situaciones iban a ser peores. Yo prefería pelear el campeonato en el Nacional B que ir a pelear el descenso a Primera.

-¿Hacías goles de chico?

-Yo nací en Sarandí, muy cerca de la cancha de Arsenal. Jugaba al baby en Defensores del Monte y, como era alto, el arquero sacaba, yo las peinaba y hacía un montón de goles. Así que me fui a probar a Racing y, aunque hice dos goles, no quedé. Entonces fui a Argentino de Quilmes, que estaba en Primera C, y me probé de 5. Ahí jugué de 5, de 6, de 8 y de 10. Hasta que un técnico me dijo de jugar de 9. Hice muchos goles y eso llamó la atención de Independiente.

-¿Fue cuando Pepa Santoro te atajó una pelota?

-(Risas) Cuando me fui a probar. En una jugada, me tiran una pelota y en mitad de cancha la paro de pecho, pica y pateo. Santoro venía caminando por atrás del arco y de pronto la agarró. Eso hizo que quedara en independiente.

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-Ahí estaba Bochini y vos sos hincha de Independiente. ¿Qué sentías al jugar con el ídolo?

-Al principio ya estaba emocionado por ponerme la camiseta del club. Estaba ilusionado y no pensaba en ser un jugador profesional. Cuando el Indio Solari dio la lista de concentrados y yo figuraba fue muy lindo ir a cenar con ellos. Me tocó debutar, hice un gol y nos abrazamos todos. El eco del primer gol en Primera es inolvidable.

-¿Cómo es?

-Es un “gol gol- gol- gol” que sentís. Me llamó la atención, yo estaba gritando el gol hacia la tribuna en la que estaba mi viejo, mi vieja y mis amigos, y eso me quedó resonando el eco… Gritaba el gol y no me escuchaba.

-De Cobreloa volviste a San Lorenzo, y de ahí te fuiste al Rapid de Viena. ¿Fue interesante vivir en esa ciudad?

-Fue difícil porque fui en invierno y hacía mucho frío. Había nieve en todos lados. Me costó adaptarme. Además, tuve un problema extra futbolístico porque, al parecer, compraron mi pase con dinero lavado. Los dirigentes que me llevaron, según dijeron, fueron presos, y yo tuve que declarar ante la CIA.

-¿En serio?

-Sí, me citaron de la embajada argentina en Austria para decirme cuál era el problema, que tenía que ir a declarar, que me iban a poner un intérprete. Yo un poco de inglés entendía, pero me hablaban en alemán. Y ya ahí la verdad es que me quería ir. Yo fui a jugar al fútbol pero salía en revistas de allá que eran como la Gente de acá. Sacaban mi foto porque los dirigentes eran famosos. Y yo no entendía por qué salía mi foto ahí, no entendía el alemán. Estaba la tapa de la revista y abajo mi foto.

-¿Y cómo fue la declaración ante los agentes de la CIA?

-Yo no entendía nada, así que no declaré nada. Tenía 22 años. Al parecer habían comprado el pase con dinero no declarado que no se sabía de dónde había salido. Los tipos terminaron investigados y a punto de ir a la cárcel. En Viena era más un espectáculo de teatro que de fútbol. Imaginate que la gente iba a la cancha con saco y corbata.

peru-¿En qué lugar de los que te tocó mudarte viviste a gusto?

-En Perú me hicieron sentir ídolo. No podía andar por la calle porque me pedían autógrafos, me invitaban a comer. En Tucumán, donde estuve en Atlético. Mi mujer me acompañó siempre, al menos hasta que los chicos empezaron la escuela primaria acá.

-¿Qué otras cosas recordás de esos días en Perú?

-A Universitario me llevó Eduardo Luján Manera, y llegué con el campeonato empezado. Llegué un sábado y el lunes arreglamos los papeles. El martes no me entrené, me ficharon y el miércoles a la mañana viajé con el presidente en un avión privado a jugar ese mismo día. Bajé del avión, fui titular y ganamos 2-1. Yo hice el segundo gol. Eso me sirvió para entrar bien en la gente. Salí goleador del campeonato y en ocho meses logré transformarme en un jugador muy conocido e importante. Después hubo un problema económico con el presidente. Me llamaron de Sporting Cristal que iba a jugar la Copa Libertadores y me fui. Eso dolió mucho.

 -¿Con qué llamado te das vuelta, con “Adrián” o con “Pirata”?

-Todo el mundo en el fútbol me conoce por Pirata, y en mi vida privada me dicen Pirata, salvo mi familia directa. Es un apodo que me pusieron dos amigos periodistas. Yo venía haciendo goles en inferiores y ellos trabajaban en la revista Sólo Fútbol. “Todos los goleadores tienen un apodo, nosotros te vamos a poner uno”, me dijeron. Y cuando hacían los partidos de Reserva escribían “el Pirata Czornormaz”. Después llegaba a los entrenamientos y me cargaban. “Hola, Pirata”, “Qué hacés, Pirata”. Al principio no me gustaba, no lo quería. Pero al poco tiempo debuté en Primera y los periodistas también me decían Pirata.

-No de esa forma. Porque no dependés exclusivamente de vos, sino también de quien te tiró el pase. Pero hay situaciones en que si estás en la línea de los defensores y te adelantás antes de que te tiren el pase es porque sos tonto. Yo digo que hay ciertos movimientos para evitar quedar en offside, yo se los enseño a los chicos para evitar esa situación. Hoy en Primera hay muchos jugadores que siempre caen en offside. Eso es increíble.

-¿En qué zona te sentías más cómodo para moverte?

-En el segundo palo, porque ves todo: el arco, cómo viene la jugada, si podés anticipar al defensor. Tenés más tiempo. Y la mejor jugada del delantero es el anticipo.

-¿Soñabas con el gol?

-Alguna veces sí. Cuando era más chico. Cuando te sentís más hecho o profesional, lo pensás pero no lo soñás. El 9 tiene cierta presión de sus compañeros y del técnico. Porque el 9, más el del estilo mío, grandote, es un jugador que toca poco la pelota, pero cuando tiene la posibilidad de gol la tiene que concretar. Muchos dicen que el gol es un orgasmo, y es verdad que cuando la pelota toca la red es una emoción única.

-¿El 9 es el más mimado del equipo?

-Cuando hacés goles te quieren todos. El utilero, el masajista, los dirigentes, los hinchas, las hinchas, tus compañeros… Saben que con tus goles el equipo gana. Tenés que saber llevarlo porque tampoco te podés poner arriba de todo. Si algo dejé en el futbol fueron las puertas abiertas para volver a un club y ser bien recibido. Te pudo haber ido mal o bien en lo futbolístico, pero que te vaya bien como persona es lo más lindo que te puede pasar.

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-En Quilmes atravesaste un tiempo en el que llegaron a finales y no pudieron ascender. ¿Fue difícil?

-Fue el gran fracaso de mi carrera. Yo soy de la ciudad, y la verdad es que habíamos hecho un campeonato bárbaro. Yo había hecho más de 25 goles, y el objetivo era llegar a las finales. Fue una gran frustración porque yo vivía en la ciudad y seguramente me iba a quedar en el club. Y habiendo hecho tantos goles no me quedé, renovaron todo el plantel.

-¿Cuál fue el compañero que mejores pases te dio?

-A mí me encantaría decir que fue Bochini (risas). Pero jugué pocos partidos con él. Marcelo Trobbiani me hizo hacer muchos goles en Cobreloa. Gilmar Villagrán en Los Andes, Adolfino Cañete, el zurdo Raúl Aredes en Atlético Tucumán… –

¿Y cuál fue el más lindo de los que hiciste?

49f397aaf0e04_300x400-Creo que es uno que hice en un clásico con Alianza Lima. Porque no soy de hacer goles espectaculares y ese fue un centro que agarré de volea en el aire. íbamos perdiendo y sirvió para empatar. Aunque el que más recuerdo fue uno que le hice a Goycochea. Él estaba en Racing, venía de ser un héroe en el Mundial de Italia y yo jugaba en San Lorenzo, que estaba peleando el campeonato. El gol me sirvió para salir en la tapa de El Gráfico. Y salir ahí era el sueño de los chicos. Tengo esa tapa en el quincho de mi casa, la veo todos los días.

-“Mis goles no eran espectaculares”, dijiste. ¿Cómo eran tus goles?

-Mis goles eran de cabeza, empujándola, pegándole con la rodilla, goles que sirven para ganar partido, para abrir el partido, por el significado, pero no trascendentes por cómo se hicieron. Hay jugadores que hacen golazos, pero el verdadero goleador es el que la empuja a la red. Así me defino yo.

-El Toti Iglesias nos dijo que sus goles eran feos.

-Yo no quise decir eso, pero hice pocos goles lindos. Hice dos o tres goles afuera del área. Y adentro del área no pueden ser muy lindos. Mi mayor virtud fue mi inteligencia para saber moverme y saber cuáles eran mis cualidades y cuáles mis defectos. No fui rápido, no era potente, no era habilidoso, pero tenía optimismo, ganas, confianza… Y no me lesioné nunca.

-¿Alguna hinchada te dedicó un cantito?

-Sí, la de All Boys. “Que se la den al Pirata, si quieren salir primeros”, cantaban. Y era emocionante estar en la cancha y escucharla.

 

-Entrevista publicada en UN CAÑO#54Diciembre 2012