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En los setentas fue el correntino Pancho Sa, acompañado por su guitarra, quien acortó las horas a sus compañeros durante las largas concentraciones del Toto Lorenzo, entonando piezas folklóricas. En tiempos más cercanos el arquero Sandro Guzmán, rapero y DJ; Héctor Bracamonte que con su banda llegó a tocar una noche en la mismísima Bombonera y, por supuesto, Daniel Osvaldo, mantuvieron viva esa tradición boquense de contar con futbolistas con inquietudes musicales.

tap350El que inició la saga fue el arquero chaqueño Julio Elías Musimessi. Aunque un poco bajo para su puesto se destacó desde joven defendiendo los tres palos del otro Boca, Boca Unidos de Corrientes. Fue allí, mientras volaba de palo a palo, donde se enamoró de esa dulce música litoraleña de arpas y acordeones y aprendió a cantar sus chamamés.

Debutó en Primera en Newell’s Old Boys y en 1953 lo compró Boca Juniors. Ese mismo año fue convocado al seleccionado argentino y jugó un gran partido contra España. Santiago Bernabeu quedó encantado con su actuación y preguntó condiciones a los dirigentes de Boca para llevárselo a Real Madrid, pero Musimessi advirtió que no quería ser transferido, que era feliz acá, jugando en La Bombonera y cantando sus canciones.

El Guardavalla Cantor, tal como lo apodaban, era un arquero singularmente arrojado, casi temerario. Además, detalle muy extraño en su época, jugaba sin rodilleras, sin canilleras y con las medias caídas, lo que le terminaba de dar un aire descontracturado y romántico a su aspecto.

Su gran año fue 1954. Boca salió campeón y sumó su estrella 15 al escudo después de diez años de sequía. Musimessi fue uno de los puntales del equipo. Ese año, además, grabó la composición que le aseguraría un lugar destacado en el Olimpo Xeneize:  el chamamé Viva Boca de Américo Lalo Cipriano y Eduardo Antonio Pauloni.

“Yo soy nacido en Corrientes
la tierra del chamamé,
que lo cantan con cariño
y lo bailan con placer.
Ahora en Buenos Aires
me divierto con amor
cuando voy por los domingos
a ver jugar a un campeón.

El cuadro que yo les nombro
tiene camiseta azul
con una franja de oro
y estrellas de norte a sur.
En el arco de mi cuadro
el que ataja es un cantor
que canta porque le gusta
los Chamamé de mi flor.

Los que están en las tribunas
a coro cantan con él
cuando nuestra delantera
los goles suelen hacer.

Boca, Boca, viva Boca
cantan todos con primor,
dale Boca, viva Boca
el cuadrito de mi amor.”

Musimessi vendió un disparate de copias de ese tema. Hizo presentaciones. Llegó a tener su propia audición en LR2 Radio Argentina y era la estrella absoluta de La gran payada del fútbol, un programa de Radio Splendid al que concurrían los jugadores los domingos después de los partidos. Se empezaba comentando la fecha y se terminaba cantando.

La combinación Chamamé-Boca se convirtió en un verdadero furor popular durante los tiempos del Estado de Bienestar Peronista. La foto del arquero salía indistintamente en la tapa de El Gráfico, en El alma que canta o en De Frente la revista política dirigida por John William Cooke.

En esos años Musimessi registró en SADAIC una punta de curiosos temas de su autoría, entre ellos, A Boca lo queremos (con Cipriano y Pauloni); Glorias Boquenses (con Cipriano y Pauloni); Partido amistoso (con del Pino y Pauloni); Quince estrellas (con Luján y Martínez) y, el que seguramente significó un giro de su inspiración, Me gusta el cha-cha-cha (junto a Montes y Pauloni).

Cuando se fue de Boca pasó fugazmente por Green Cross de Chile y terminó jugando para Deportivo Morón. Allí -según nos contó el amigo Rolando Paolucci- una tarde le atajó un penal a Del Moro, de Quilmes, sin despegar los pies de la línea de cal y atrapando la pelota con las dos manos. Se nota que seguía afinado.

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