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El resultado es tirano. Cuando una final termina 4-1, es difícil mirar más allá de ese marcador. La prepotencia de la chapa tapa todo lo demás, lo deja en segundo plano. Más aún cuando hay una diferencia tan marcada como la que hubo en el segundo tiempo del encuentro que Real Madrid le ganó a Juventus. Entonces, se pueden perder circunstancias del juego que tienen valor en sí misma. Como por ejemplo, la obra de arte del único gol del cuadro italiano.

Ya pasaron algunas horas y ya se habló todo lo que se tenía que hablar acerca del campeón. Las bondades de Real Madrid son conocidas por todos. Es un equipo que gana por demolición, que destroza a sus rivales desde su descomunal capacidad de fusionar sus individualidades y potenciarlas. El segundo tiempo del encuentro en Cardiff fue una muestra de que hoy no hay rival capaz de contener a los Merengues. Eso está claro, por eso en esta ocasión se hablará de la mejor jugada del partido y de uno de los goles más impresionantes de la historia de las finales europeas.

Seis minutos antes, Cristiano Ronaldo había abierto el marcador en su primera ocasión clara. Juve, lejos de acusar el golpe, se mantuvo en campo rival y no cambió su actitud. Tras algunos toques en mitad de cancha, Leonardo Bonucci le tiró un pelotazo largo a Alex Sandro, que de primera y de aire se la dio a Gonzalo Higuaín. El argentino la dominó con el pecho y luego se la cedió, también de aire, a Mario Mandzukic, quien recibió y en el mismo movimiento quedó de espaldas al arco y con marca. La jugada parecía perdida. Pero el croata también la paró de pecho y con el pie zurdo bien afirmado en el piso, le pegó de derecha por arriba de Keylor Navas. El arquero estaba bien parado, pero la trayectoria fue tan perfecta que su mano ni siquiera le pasó cerca.

El fútbol es un deporte hermoso. El más hermoso de todos. Pero lejos está de ser justo. Por eso, cuando se hable de esta final de Cardiff, todos hablarán de los goles de Cristiano, del festejo de Sergio Ramos, del remate de Casemiro. Solo algunos recordarán que hubo un momento, cuando Juventus fue feliz, en el que se hizo uno de los goles más lindo de la historia de las finales.