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La belleza del periodismo radica en destacar la figura de aquellos héroes silenciosos que, desde el anonimato más absoluto, hacen lo posible para hacer de este planeta un lugar un poco más humano. En definitiva, partiendo de una célebre cita que se le atribuye al añorado Eduardo Galeano, esta profesión única se basa, para algunos de nosotros, en arrojar luz sobre la gente pequeña que, desde lugares pequeños y haciendo cosas pequeñas, trata de cambiar el mundo.

Quizás puede parecer una exageración, pero siempre es bonito pecar de optimismo y pensar que el mundo puede mejorar por cualquier cosa, incluso por lo que suceda en un encuentro de la tercera división de la liga provincial benjamina de Salamanca entre el Ciudad Rodrigo y el Barrio El Zurguén B. Y es que el fútbol base, como la fuente inagotable de gestos y detalles maravillosos que es, continúa empeñándose en hacernos creer que sí, que todavía hay motivos para seguir amando este deporte que tanto ha cambiado en los últimos tiempos.

El caso que nos ocupa sucedió el sábado 4 de febrero por la tarde en la población de Ciudad Rodrigo, en el suroeste de la provincia de Salamanca. En una de las últimas jugadas del partido, con el marcador ya decidido -4-1 para el conjunto local-, el árbitro David Téllez señaló una falta a favor del Barrio El Zurguén. “Entonces, vi que el portero del Ciudad Rodrigo colocaba a dos compañeros en la barrera, pero que los colocaba mal… incluso fuera de la portería. En la primera parte ya había visto que el portero no sabía colocar la barrera, pero ver que los chicos no cubrían ni una parte de la portería me descolocó mucho. Miré al portero como diciendo ‘me espero a que la coloques bien’, pero él tan solo estaba esperando el balón. Me acerqué a él, le dije que no tenía bien colocada la barrera y que, si quería, le podía ayudar. Él se mostró encantado, así que le llevé junto al palo, me puse a su altura, le expliqué cómo tenía que hacerlo, llamamos al compañero de la barrera y le empezó a decir donde tenía que colocarse. El portero lo entendió y parecía que estaba contento de haber aprendido”, explica el propio Téllez, un joven de 20 años que compagina sus estudios en Ingeniería Informática con el arbitraje.

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Desde que la instantánea se hizo viral después de que David Rodríguez la colgara en Twitter acompañada de un texto en el que subrayaba que “llevo varios años viendo partidos de cantera, pero esta preciosidad es la primera vez que la veo”, David Téllez no ha parado de recibir llamadas de medios que quieren hablar con él. “Ya he perdido la cuenta de las entrevistas que he hecho. Ha sido una locura, algo increíble. Mientras sea para sumar y para que el colectivo tenga una buena imagen, bienvenido sea”, apunta sonriente.

También son muchas las felicitaciones que le han llegado desde todos los puntos de la geografía española. Incluso Sergio Ramos se hizo eco de la noticia y la compartió en sus redes sociales remarcando que “por imágenes como esta amamos este deporte. Esto es fútbol”, pero el mensaje que más ilusión le hizo a Téllez fue, sin duda, el de la madre del joven guardameta del Ciudad Rodrigo. “Me dijo que el niño estaba encantado y que le había dicho que por fin había aprendido a colocar una barrera”, admitió el colegiado en los micrófonos de la COPE. De hecho, a través de Twitter, la madre del portero aseguró que “me pareció un bonito gesto del árbitro” y que el niño “salió diciendo que era el mejor árbitro que había tenido”.

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Sin embargo, a pesar de la belleza del gesto y de que tanto los técnicos como los aficionados de ambos conjuntos aplaudieron y felicitaron al colegiado, en las redes sociales siempre hay alguien listo para desaprobar cualquier cosa. “El Twitter es un bar de borrachos”, suele responder Santiago Segurola cuando le preguntan porque no está presente en esta red social. En este caso, varias personas, obviando que se trata de una categoría de aprendizaje y no de la final de una Copa del Mundo, han lamentado que Téllez se saliera del guion establecido para ejercer labores más propias de un entrenador. “No es que comparta su postura, pero la comprendo. Es obvio que el trabajo del árbitro es hacer que se cumplan las normas del juego, pero mi gesto no tiene ninguna maldad ni busca desautorizar al entrenador”, reivindica Téllez, mientras recuerda que, en el fútbol formativo, es algo muy habitual que los colegiados ayuden a los chicos a atarse las botas o que sean muy pedagógicos a la hora de sancionar cesiones o de señalar faltas en los saques de banda. Y añade: “En estas categorías, los niños están en edad de aprender los valores del fútbol y de saber disfrutarlo, independientemente de los resultados. Que les des un balón y que corran, esto es alegría pura. Está claro que nosotros tenemos un papel más futbolístico, pero tanto los árbitros, como los entrenadores, como los padres deberíamos ser un ejemplo para los niños”.

En la misma línea, David Rodríguez también defiende la actuación del colegiado: “En el campo nadie se sintió molesto. Es un gesto que surgió de forma casual, igual que cuando unos minutos había consolado a un chavalín del otro equipo que se puso a llorar porque el Ciudad Rodrigo había marcado un penalti por una mano que él había hecho sin querer”. Efectivamente, antes de la jugada de la falta en la que ayudó al portero local a colocar la barrera, Téllez ya había sido protagonista. “Le dio el balón en la mano y tuve que pitar penalti porque iba a gol. Vi que el chico rompió a llorar y me acerqué a él para decirle que no se preocupase y le di un abrazo. Después de marcarlo, volvió a llorar y me volví a acercar a él para consolarle. Le dije que levantase la cabeza y que siguiese jugando porque quedaba mucho partido por delante”, apuntó el propio colegiado en Cuatro“El chico lo hizo sin maldad y se me quedó mirando con cara de ‘por favor, no lo pites’. Y nada, yo tan solo traté de consolarlo”, amplía ahora, una semana después de los hechos.

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Por último, y aunque carezca de toda relevancia, hay que mencionar que la jugada de la falta no acabó en gol. Sin duda, lo que verdaderamente importa de la acción es el precioso gesto de David Téllez. Un gesto que no cambiará el mundo, pero que puede ayudar a que, como asegura el periodista David Rodríguez, unos niños “vean a la figura del árbitro como una persona más humana, más integrada. Para que no lo vean como un enemigo, sino como alguien que está con ellos”. En definitiva, el gesto puede hacer que unos jóvenes crezcan sabiendo lo que tantos adultos parecen desconocer: que los colegiados, con todas sus virtudes y con todos sus defectos, están allí porque también son un elemento imprescindible para este juego.

Artículo publicado en la muy recomendable revista española PANENKA